La maldición del dragón 3
4%

3

U na sucesión de obscenidades horribles sale de la boca de Saipha más rápido que un Caballero de la Piedad disparando una ballesta.

Una gran sombra cruza la abertura y tapa el sol. Incluso el aire parece estar más frío, hasta el punto de que me pregunto si será un dragón azul. Entonces, con un rugido como único aviso, el dragón se posa en el muro justo por encima de nosotras.

Pierdo el equilibrio y giro rápido los brazos.

—¡Isola! —grita Saipha, y se lanza hacia mí justo cuando el muro que nos rodea se raja y cruje, amenazando con ceder bajo el peso de la bestia. Me rodea la mano con la suya.

Me inclino en un ángulo antinatural, con medio cuerpo fuera del muro, y el mundo se para por un segundo cuando vislumbro una cola esmeralda inmensa meciéndose sobre nosotras.

Una niebla verde sigue sus movimientos y emite un aroma leve y empalagoso que es completamente diferente del que noté en la parte posterior de la lengua antes, con el del azote que traía la brisa.

Por un segundo, no es un dragón lo que veo por encima, sino una horca completa. El estómago se me revuelve y un grito me llena los pulmones. Pero parpadeo y se ha ido. La niebla del dragón verde provoca las peores alucinaciones.

Con una fuerza que solo podría imaginarme en mi mejor día, Saipha hace contrapeso para tirar de mí hacia dentro.

Aterrizamos con fuerza, pero ninguna de las dos se mueve.

No hacemos más ruido que el de nuestros cuerpos al caer.

Ambas aguantamos la respiración, a la espera, preguntándonos si este será nuestro final.

Si un muro hundido por el peso del culo de un dragón será lo que nos mate.

Nunca lo habría pensado, pero puede que sea preferible morir a manos de uno de mis compatriotas por tener la maldición del dragón.

¿Quién iba a pensar que encontraría una forma peor de morir que esa?

Pero así es la vida en Vinguard… Todos los días se aprende una nueva forma de sobrevivir. Con suerte.

—¡Fuego! —chilla un Caballero de la Piedad a lo lejos.

Me estremezco cuando la Luz de Éter enciende mis sentidos al dispararse a la vez docenas de ballestas mejoradas con magia.

El dragón ruge y se escucha un zumbido justo antes de que el muro que tenemos alrededor retumbe, gima y amenace con derrumbarse. Una ráfaga pútrida de aire nos llega desde arriba. Otro rugido, esta vez más lejano que el anterior. Debe de haber alzado el vuelo.

Saipha y yo nos miramos a los ojos, las dos nos hemos dado cuenta a la vez.

—Vámonos de aquí antes de convertirnos en parte del muro para siempre. —Se pone de pie y me pasa el farol.

Lo enciendo rápidamente y se lo devuelvo.

—Vamos.

Corremos escalera abajo a una velocidad imposible. Es más bien caer de forma controlada que correr, y parece increíble que lleguemos al fondo sin rompernos ningún hueso o caernos de cara.

Una ligera llovizna me golpea las mejillas cuando salimos al pequeño hueco que hay entre los edificios y el muro.

Pues claro que está lloviendo. No me extraña que el dragón haya atacado.

Los Cuidadores de la Tierra no lo habían pronosticado.

Cada día que pasa se vuelven menos de fiar mientras que el mundo sigue pudriéndose.

Tan pronto como ponemos un pie fuera, se escucha el eco del rugido del dragón sobre Vinguard. El agudo tañido de una enorme balista en lo alto del muro es seguido por el silbido del proyectil cruzando el aire.

Saipha y yo aguantamos la respiración.

Ella lo hace anticipándose a lo que pueda pasar después.

Yo lo hago porque la Luz de Éter que libera la balista me golpea como una onda expansiva. De repente, tengo la piel demasiado caliente, demasiado tirante. Me apoyo con la mano en la pared para sostenerme.

El dragón ruge triunfal. Han fallado.

—Maldita sea, matad ya al monstruo —dice Saipha con un gruñido. Casi esconde el leve temblor del labio que traiciona a su miedo.

Como si fuese en respuesta, se escucha una salpicadura densa y húmeda seguida de inmediato por un coro de gritos que supera a las campanas. Los dragones verdes no escupen fuego. Escupen un ácido que puede derretir las tejas de arcilla de los techos como un terrón de sal en una tormenta.

Los pobres no tenían posibilidad alguna. Siento frío por todo el cuerpo, y no es solo por la débil lluvia que ya ha empezado a calar a través de la ropa. Hay tanta muerte.

Es tu culpa, so impostora , susurra una voz cruel en mi interior. Si de verdad fueras Valor Reencarnado, ya habrías matado al Dragón Anciano y los habrías salvado.

—Vamos a acercarnos para verlo mejor. —Saipha me agarra de la mano y tira de mí hacia el pasaje que hay entre los dos edificios.

—¿Ver mejor el qué?

—Al dragón, por supuesto. —La Sombra de Éter es casi lo único que Saipha teme, y sospecho que ni siquiera eso la detendrá tras haber pasado por el Tribunal y saber que no está maldita.

—Saipha, no deberíamos interferir con los Caballeros de la Piedad.

—No vamos a interferir. Quiero ver lo que están haciendo. Puede servirnos de ayuda en el Tribunal.

—No nos van a hacer luchar con dragones en el Tribunal —murmuro, pero no me escucha; ella ya está pasando de un edificio al otro.

Echo un vistazo hacia atrás, en dirección al hueco que lleva a esa torre perdida en la piedra y el mortero del muro. Deberíamos haber pasado el ataque ahí dentro. ¿En qué estaba pensando al salir?

Y, sin embargo, por más que quiera retirarme y esperar, sigo a Saipha. No encontraría las palabras para explicárselo si no lo hiciera. Ni podría soportar su decepción si lo intentase.

Salimos al callejón justo cuando un estruendo anuncia que el dragón ha vuelto a aterrizar en un tejado no tan lejano.

Sobre el nivel del suelo, Vinguard es un poco como un bol, el centro es su punto más bajo, por lo que desde arriba del muro podemos ver la mayor parte de la Ciudad Alta.

El corazón se me para y me baja hasta el estómago, donde el ácido lo disuelve rápidamente.

—Isola, ¿no es ahí donde tu…? —empieza a preguntar.

—Mamá —concluyo, con los ojos tan abiertos que me pican por el humo de dragón que se esparce por la ciudad.

El dragón se ha posado al lado del apartamento de mi madre. Puedo ver el tejado desde aquí…, empapado de un ácido verde enfermizo.