La Madura en la Habitación de Invitados Capítulo 5 Quiero Volverte a Ver
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Capítulo 5 Quiero Volverte a Ver

El momento de la despedida llegó con la puntualidad implacable del mediodía.

Dani se ofreció a llevarnos a la estación de autobuses, pero decidí tomar un taxi, no quería que en un momento de debilidad decidiera quedarme otras dos semanas más en el pueblo.

El auto ya esperaba al final de la entrada de la casa, con el motor encendido en punto muerto.

Estábamos los tres en el porche delantero. El sol pegaba de lleno, quemando la piedra del suelo. Laura me abrazó con fuerza, estrujándome la espalda con el cariño sincero de siempre.

—Ay, Ana, no sabes lo bien que me ha hecho tenerte aquí estos días —dijo, separándose un poco para mirarme a la cara—. Prométeme que no van a pasar otros cinco años para que vuelvas. La casa es enorme y ya ves que Dani y yo encantados de tenerte.

—Prometido, Laura. Ha sido un viaje increíble, de verdad. Me voy renovada —respondí, intentando que la voz no me temblara mientras sentía la mirada de Dani clavada en mi perfil.

Laura se giró hacia su hijo, dándole un golpecito cariñoso en el brazo.

—Venga, Dani, despídete de nuestra invitada. No seas maleducado.

Dani dio un paso al frente. Llevaba una camisa blanca de manga corta, los vaqueros ajustados y esa postura impecable que me hacía recordar todos los lugares donde me había follado. Me miró a los ojos con una serenidad perfecta, actuando como el joven educado que Laura esperaba ver.

Se acercó y me envolvió en un abrazo cordial.

Un abrazo de compromiso ante los ojos de Laura.

Pero en cuanto sus brazos cruzaron mi espalda, me pegó a su pecho con una firmeza secreta, imperceptible para cualquiera que no estuviese pegado a nosotros.

Sentí el calor de su cuerpo una última vez y su boca se pegó a mi oreja apenas un milisegundo.

—Buen viaje, señora García —murmuró con una voz tan baja que rozó el susurro, dejando ir un aliento cálido que me erizó la piel del cuello.

—Gracias por todo, Dani. Cuida a mi buena amiga —alcancé a decir, separándome con elegancia y clavándole una mirada cargada de complicidad.

Subí al taxi, dejé la maleta a un lado en el asiento trasero y saludé por la ventanilla mientras el coche daba la vuelta sobre la grava.

Laura agitaba la mano con una sonrisa radiante.

A su lado, Dani mantenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón, viéndome marchar con esa sonrisa socarrona que me había acompañado toda la semana.

El taxi tomó la carretera principal y la casa de mi mejor amiga desapareció tras la curva de los árboles.

Me recosté contra el asiento de cuero sintético, soltando un suspiro largo que llevaba retenido desde que me levanté de la cama.

Sentía el cuerpo totalmente molido, tal como pensé, mi piel sensible tenía marcas y una sensación de vértigo en el estómago me acompañaba.

Estaba volviendo a mi vida normal, a mi rutina, a mi tranquilidad...

pero sabía perfectamente que algo dentro de mí había cambiado para siempre.

Saqué el teléfono móvil del bolso para ponerlo en modo avión durante el trayecto. Apenas iluminé la pantalla, vi una notificación de un número no guardado.

Un mensaje recibido hacía exactamente un minuto.

Lo abrí con el corazón latiéndome en la garganta.

"El mes que viene tengo finales en la capital y mi madre no viaja conmigo. Ve buscando un hotel lindo, Ana. Esta vez no vamos a tener que escondernos de nadie."

Me quedé mirando la pantalla durante un par de minutos largos, sintiendo cómo se me escapaba una sonrisa lenta, inevitable y llena de culpa. Apagué la pantalla, guardé el teléfono en el bolsillo de la chaqueta y me acomodé en el asiento, mirando el paisaje pasar por la ventana.

Maldito chaval.

Después de todo nuestra historia no había terminado. Solo estábamos tomando un descanso.