Capítulo 81 — LA CONVOCATORIA
LA CONVOCATORIA
Domicilio de Irene Salgado, Madrid
Irene llamó a Hugo esa misma tarde, pidiéndole que viniera a casa esa noche, sin explicar completamente el motivo por teléfono, sabiendo que la conversación que tenían pendiente merecía el espacio y la seriedad de un encuentro en persona, no la inmediatez fragmentada de una llamada telefónica.
Hugo llegó poco después de las siete, visiblemente nervioso, habiendo intuido por el tono de su madre que algo significativo se avecinaba.
—Mamá, ¿qué pasa?
—Siéntate, Hugo. Necesitamos hablar de algo importante, y necesito que me escuches completamente antes de reaccionar.
Le contó, con un detalle que no había compartido nunca antes con él de manera tan completa, exactamente cómo se estaba desarrollando la investigación de Andrade: el testimonio voluntario de Rubén, la confirmación de Lucía Ferrer sobre lo que realmente había pasado aquella noche, la ampliación de los cargos que la fiscalía estaba preparando, el plazo inminente para que todo esto se presentara formalmente ante un juez de instrucción.
Hugo escuchó todo en silencio, con una palidez creciente que reflejaba la magnitud completa de lo que estaba a punto de caer sobre su familia.
—¿Qué va a pasar contigo?
—Probablemente cargos formales por prevaricación, falsedad documental, obstrucción a la justicia. Mi abogado dice que, dada la solidez de las pruebas, es muy probable que termine en una condena, aunque todavía no sabemos con qué duración exacta.
—¿Y conmigo? ¿Voy a tener que...?
—No lo sé con certeza, Hugo. El delito original que tú cometiste, en términos legales estrictos, ya prescribió hace muchos años, dado que ni siquiera fue un delito grave, según lo que ahora sabemos que pasó realmente.
Pero tu nombre, inevitablemente, va a aparecer en todo esto.
La gente va a saber lo que pasó aquella noche, y va a saber que yo destruí una vida entera para proteger algo que ni siquiera necesitaba protección tan desesperada.
Hugo se quedó en silencio, procesando la magnitud de lo que estaba a punto de exponerse públicamente, y por primera vez en toda esta historia, Irene vio en su expresión algo que no había visto nunca antes: no pánico egoísta, sino una vergüenza genuina, profunda, que parecía estar reconociendo finalmente la magnitud completa de lo que su propio silencio, sostenido durante veinticuatro años, había costado a otra persona.
—Mamá, le debo a ese hombre una disculpa que llevo veinticuatro años sin ofrecerle.
Irene se quedó mirando a su hijo, sintiendo una mezcla compleja de emociones que no esperaba experimentar con tanta intensidad en este momento concreto: alivio por verlo finalmente reconocer su propia responsabilidad, tristeza por comprender que ese reconocimiento llegaba demasiado tarde para evitar el daño ya causado, y una especie de respeto renovado hacia un hijo que, a pesar de todos sus errores acumulados, todavía conservaba la capacidad de avergonzarse genuinamente cuando finalmente confrontaba la verdad completa de sus propios actos.
—¿Qué crees que deberíamos hacer ahora? —preguntó Irene, genuinamente interesada en escuchar la perspectiva de su hijo, en lugar de simplemente dictar, como había hecho durante toda su vida, cuál era el siguiente paso correcto.
—No lo sé con certeza. Pero sé que necesito contarle la verdad completa a Patricia, sin omitir nada. Y sé que necesito encontrar alguna manera de disculparme con Rubén Sotelo, aunque no tenga ningún derecho a esperar que acepte esa disculpa después de todo lo que ha sufrido.
—Eso requiere mucho valor, Hugo. Más valor del que yo misma he sido capaz de demostrar durante la mayor parte de los últimos veinticuatro años.
—Quizás es hora de que alguno de los dos empiece a demostrarlo, mamá. Antes de que sea demasiado tarde para que signifique algo real.
Se quedaron sentados en silencio un momento más, cada uno procesando a su manera el peso de la conversación que acababan de tener, sin que ninguno de los dos sintiera todavía la necesidad de moverse del jardín ni de dar por terminada una charla que apenas empezaba a tocar lo más difícil.