La madre Capítulo 80 — LOS CARGOS SE AMPLÍAN
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Capítulo 80 — LOS CARGOS SE AMPLÍAN

LOS CARGOS SE AMPLÍAN

Unidad de Casos Archivados, Comisaría General de Madrid

El testimonio de Rubén, grabado y transcrito con el rigor procesal habitual, añadía una dimensión completamente nueva al caso que Andrade ya había construido sobre la base sólida del informe pericial y la confirmación posterior de Lucía Ferrer.

—Con esto —dijo Andrade, repasando la documentación completa junto con Cabrales y el fiscal asignado al caso— ya no hablamos únicamente de falsedad documental y prevaricación judicial.

El testimonio directo de Sotelo, combinado con el de la testigo Ferrer, nos permite añadir cargos por obstrucción continuada a la justicia, dado que la manipulación no se limitó al momento original, sino que se ha extendido, según los indicios que tenemos, hasta las últimas semanas, con intentos adicionales de influir en el desarrollo de esta misma investigación.

El fiscal asignado, una mujer de mediana edad con una reputación de extrema meticulosidad procesal, revisó cada documento con la misma atención exhaustiva que Andrade había aplicado durante semanas.

—Esto es un caso sólido. Excepcionalmente sólido, considerando quién es la acusada y los recursos legales que indudablemente va a movilizar en su defensa.

Pero con el testimonio directo de la víctima original, combinado con la testigo presencial y el análisis pericial confirmado, no veo ninguna manera realista de que esto no termine en cargos formales.

—¿Cuándo podemos presentar formalmente ante el juez de instrucción?

—Mañana mismo, si toda la documentación está lista. No quiero darle a la defensa ningún tiempo adicional para preparar estrategias dilatorias antes de que el caso quede formalmente registrado.

Andrade asintió, sintiendo la satisfacción profesional de un caso que, después de semanas de trabajo meticuloso, finalmente alcanzaba el punto de solidez necesario para proceder sin ningún riesgo significativo de que se desmoronara por tecnicismos procesales.

Pero también sintió, una vez más, el peso humano de lo que estaba a punto de poner en marcha: la destrucción formal y pública de la carrera de una mujer que, independientemente de lo que hubiera hecho hace veinticuatro años, también tenía una familia, una vida actual, personas que iban a sufrir las consecuencias colaterales de una decisión tomada hace tanto tiempo.

—¿Cómo fue el testimonio de Sotelo? —preguntó el fiscal, revisando la transcripción completa con atención meticulosa.

—Sereno. Extrañamente sereno, considerando la magnitud de lo que estaba relatando.

No noté ningún intento de exagerar ni de presentar los hechos de manera más favorable a sí mismo de lo que la evidencia objetiva permitiría.

Si tuviera que describir su actitud con una sola palabra, diría que fue de una honestidad casi dolorosa.

Cabrales, que había estado presente durante la toma de declaración, añadió su propia observación.

—Lo más llamativo fue que, en ningún momento, pidió nada a cambio. Ni compensación económica, ni garantías sobre el resultado del proceso, ni siquiera protección mediática adicional. Solo quería que constara, formalmente, exactamente lo que había pasado, dejando que el sistema decidiera el resto.

El fiscal cerró la carpeta con el testimonio completo, asintiendo con la satisfacción profesional de alguien que reconoce, después de años de experiencia, cuándo un caso tiene la solidez moral además de la solidez puramente procesal necesaria para sostenerse sin fisuras ante cualquier escrutinio público o judicial.

—Vamos a presentarlo mañana. Y vamos a asegurarnos de que cada pieza de esta documentación esté perfectamente organizada, porque dado el perfil de la acusada, este caso probablemente va a atraer mucha más atención mediática de la que estamos acostumbrados a manejar en esta unidad.

Andrade se quedó trabajando hasta tarde esa noche, repasando una última vez cada documento, cada testimonio, cada pieza del rompecabezas que había tardado semanas en ensamblar con tanto cuidado.

Pensó en lo extraño que resultaba que, después de once años revisando casos archivados sin demasiada atención pública, este expediente concreto fuera probablemente el que más iba a poner a prueba la solidez de todo el trabajo realizado por su unidad a lo largo de los años, precisamente por la combinación poco habitual de relevancia mediática y solidez procesal que rara vez coincidían con tanta claridad en un mismo caso.

Apagó finalmente la luz de su despacho pasada la medianoche, llevándose a casa, mentalmente, el peso de un caso que sabía iba a recordar durante mucho tiempo después de que se resolviera formalmente.