La madre Capítulo 50 — EL CASO SE REABRE
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Capítulo 50 — EL CASO SE REABRE

EL CASO SE REAbrE

Apartamento de Sara Bermúdez, Madrid

Sara entró en el apartamento con el teléfono todavía en la mano, la expresión de alguien que acaba de descubrir algo importante a través de sus propios contactos periodísticos, contactos que después de casi dos décadas cubriendo temas judiciales todavía respondían sus llamadas con una rapidez que la sorprendía gratamente.

—La policía ha reabierto el caso. Formalmente.

Rubén levantó la vista del libro que estaba leyendo, sin ninguna sorpresa visible en su expresión, como si hubiera estado esperando esa noticia desde hacía tiempo sin saber exactamente cuándo llegaría.

—¿Quién está al cargo?

—Un inspector llamado Pablo Andrade. Dirige una unidad de revisión de casos archivados. Según mi contacto, encontró algo en la documentación original que le llamó la atención, algo relacionado con una firma que no coincidía del todo.

Rubén se quedó pensativo un momento, calculando las implicaciones de esta nueva variable con la misma precisión metódica que aplicaba a cada otra pieza del rompecabezas.

—Esto cambia el ritmo de todo.

—¿En qué sentido?

—Si la policía llega a sus propias conclusiones antes de que yo decida qué hacer con lo que tengo, pierdo el control sobre cómo se presenta toda la historia.

Pierdo la oportunidad de que Irene escuche, de mi propia voz, exactamente lo que necesito que escuche antes de que todo se convierta en un proceso judicial formal, gestionado por abogados y procedimientos que diluyen cualquier responsabilidad personal en tecnicismos legales.

—¿Vas a acelerar el plan?

—Voy a tener que hacerlo. —Rubén cerró el libro, dejándolo a un lado, y se quedó mirando a Sara con una expresión que mezclaba determinación y algo parecido a la urgencia, una emoción que no había mostrado con tanta claridad en ninguno de los pasos anteriores—.

Necesito hablar con ella directamente, cara a cara, antes de que el inspector Andrade llegue por su cuenta hasta la misma conclusión.

Necesito que escuche de mi boca lo que significa todo esto, antes de que se convierta en un expediente más que cualquier funcionario pueda gestionar sin entender realmente el peso humano de lo que contiene.

—¿Cómo piensas organizar ese encuentro? No puedes simplemente llamar a su despacho y pedir una cita.

—A través de ti. Necesito que seas el intermediario, que le hagas llegar la propuesta de una manera que ella pueda aceptar sin sentir que está cayendo en una trampa.

Sara se quedó pensativa, calculando los riesgos de involucrarse todavía más directamente en una negociación que hasta ahora había observado principalmente desde fuera, ofreciendo consejo y apoyo logístico sin convertirse en una pieza activa del propio mecanismo de presión.

—¿Y si se niega?

—No creo que se niegue. Lleva tiempo recibiendo pruebas de que esto es real, de que yo soy real.

En algún momento, la curiosidad y la necesidad de entender exactamente a qué se enfrenta van a pesar más que cualquier instinto de evitación.

Las personas como ella, acostumbradas a controlar cada variable de su entorno, no soportan bien la incertidumbre prolongada.

—Hablas de ella como si fuera un caso que estás estudiando, no una persona.

—Quizá es así como necesito pensarla, por ahora. Si empiezo a pensarla solo como persona, como alguien con miedos y vulnerabilidades reales, no sé si voy a conseguir mantener la claridad necesaria para terminar lo que empecé.

Sara asintió, sintiendo que el plan que llevaba semanas observando desarrollarse con una paciencia casi inquietante estaba a punto de entrar en una fase completamente distinta, una fase donde la precisión calculada de Rubén iba a tener que enfrentarse, por primera vez, a la presión de un reloj que ya no controlaba del todo.

—No voy a ser yo quien dé el primer paso —dijo finalmente, dejando el teléfono sobre la mesa sin llegar a usarlo—.

Si Irene quiere hablar contigo, va a tener que decidir ella misma cómo llegar hasta ti.

Pero quiero que sepas que, cuando eso pase, voy a estar pendiente de cada detalle.

No voy a dejarte solo en esto, Rubén, aunque cada día entienda menos hacia dónde nos está llevando exactamente.

Se quedaron los dos en la cocina un rato más, sin decirlo del todo, esperando a que llegara el momento en que Irene Salgado, sin ninguna otra opción disponible, decidiera finalmente intentar contactarlos por su cuenta.