La madre Capítulo 20 — QUINCE DÍAS
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Capítulo 20 — QUINCE DÍAS

QUINCE DÍAS

Apartamento de Sara Bermúdez, Madrid

—Tenemos quince días —dijo Rubén, extendiendo sobre la mesa de la cocina una hoja donde había anotado, con su letra precisa, las fechas que Marina le había dejado ver sin saberlo.

Sara se sirvió un café y se sentó frente a él, estudiando la hoja con la misma atención meticulosa con la que durante años había estudiado cada documento del caso original.

—¿Quince días para qué exactamente?

—Para que se confirme su nombramiento en el Tribunal Supremo. Después de eso, va a ser mucho más difícil que nadie cuestione nada de lo que hizo hace veinticuatro años. El cargo la va a blindar de una manera que ahora mismo no tiene.

—¿Y eso cambia lo que estás planeando?

Rubén se quedó callado un momento, mirando la fecha marcada en el calendario improvisado que había dibujado a mano, contando mentalmente, otra vez, los días que le quedaban antes de que la ventana de oportunidad se cerrara de la manera más definitiva posible.

—Cambia el ritmo. No cambia el plan en sí, pero significa que no puedo permitirme esperar más de lo necesario para confirmar cada pieza antes de moverla.

—Rubén. —Sara dejó la taza sobre la mesa, con un gesto que pretendía llamar su atención más de lo que las palabras solas habrían conseguido—.

Cuanto más rápido te muevas, menos margen tienes para comprobar que cada pieza es la correcta.

Y esto no es un caso cualquiera. Es tu vida entera, otra vez, sobre la mesa.

—Lo sé.

—¿Lo sabes de verdad, o solo lo dices porque sabes que es lo que yo necesito oír?

Rubén la miró directamente, y por primera vez desde que había salido de prisión, algo en su expresión pareció ceder un poco, mostrando una grieta diminuta en la determinación fría que había mantenido durante todas las semanas anteriores.

—Lo sé de verdad. Y por eso te necesito a mi lado en cada paso, no solo para que me ayudes a moverme más rápido, sino para que me digas cuándo me estoy moviendo demasiado rápido para hacerlo bien.

Eres la única persona que tiene permiso para decirme que pare, Sara.

No lo olvides, da igual lo que pase en los próximos días.

Sara asintió, sin estar del todo convencida de que aquella promesa fuera a sobrevivir el contacto con la presión real de los próximos quince días, pero decidiendo, por ahora, confiar en la versión de Rubén que todavía parecía dispuesta a escucharla.

—Entonces empecemos por confirmar una cosa —dijo ella, sacando su propio teléfono—.

Antes de que muevas ninguna pieza más, necesito enseñarte algo que encontré anoche, revisando los comentarios de mis artículos antiguos sobre el caso.

Alguien más está empezando a tirar del mismo hilo, y creo que deberías ver exactamente quién.

Le pasó el teléfono, con la pantalla abierta en una captura de un foro de discusión sobre casos judiciales archivados, donde un usuario anónimo había escrito, hacía apenas tres días, una pregunta que ningún otro participante había sabido responder: ¿Alguien sabe si el hijo de la fiscal del caso Lago llegó a testificar alguna vez en algo relacionado?

Algo no me cuadra en cómo se cerró todo tan rápido.

Rubén leyó la pregunta dos veces, y después miró a Sara con una expresión que mezclaba alarma y algo parecido a un alivio inesperado.

—Esto no lo hemos escrito nosotros.

—No. Alguien más, sin que sepamos quién, está empezando a hacerse las mismas preguntas que tú llevas veinticuatro años haciéndote. Y eso, Rubén, lo cambia todo otra vez.

Rubén dejó el teléfono sobre la mesa y se quedó mirando la captura de pantalla un rato más, intentando entender qué significaba exactamente aquella pregunta anónima en términos del plan que había estado construyendo, pieza a pieza, durante las últimas semanas.

Si alguien más estaba empezando a tirar del mismo hilo, sin saber todavía quién era esa persona ni qué intenciones tenía, eso significaba que el tiempo que él calculaba que tenía —quince días hasta el nombramiento de Irene— podía no ser, en realidad, el plazo más urgente de todos.

Podía haber alguien moviéndose más rápido, o más despacio, pero moviéndose, y eso era exactamente el tipo de variable que su plan, hasta ese momento, no había contemplado.