Capítulo cuarenta
Aquella noche me arreglé para la ceremonia.
Al mirarme al espejo, sonreí: el vestido me quedaba muy bien y realzaba cada curva de mi cuerpo.
Sabía perfectamente el efecto que causaría.
Si a la futura luna le daba un ataque al verme con él, me daba igual.
Ya me había menospreciado cada vez que había tenido ocasión, y todavía ni siquiera era la luna del alfa Thomas.
Con esa idea en la cabeza, me dirigí a la ceremonia. En cuanto entré, todas las miradas se volvieron hacia mí. Oí varios gruñidos y tuve la impresión de que no todos provenían del alfa Thomas.
Teddy acudió enseguida a mi lado y me besó la mano, pero esta vez su gesto no tuvo el mismo efecto en mí.
Debió de notar que algo iba mal, porque me miró con preocupación.
Yo sonreí como si no pasara nada. Era evidente que no podía quitarme los ojos de encima, y no pude evitar sentir que me había apuntado una pequeña victoria.
El alfa Thomas parecía un hombre atormentado.
La forma en que me miraba hizo que sintiera un poco de lástima por él.
Solo un poco. No había olvidado cómo me había tratado ni lo que pretendía hacer conmigo.
Verlo sufrir cada vez que el príncipe heredero me tocaba me parecía justo. En cierto modo, se lo había buscado.
Casi de inmediato me di cuenta de que Kaylo no estaba allí. Por alguna razón, su ausencia me inquietó. Normalmente, donde estaba Teddy también estaba él, pero aquella noche no había acudido a la ceremonia. ¿Dónde estaba? ¿Ya se había marchado?
Teddy no dejaba de sonreírme. Me obligué a devolverle la sonrisa porque no quería que sospechara que sabía algo. Estaba claro que le gustaba lo que veía. Había algo en su mirada que me hizo pensar que esperaba que ocurriera algo más. Si supiera que ya había descubierto su juego…
La futura luna parecía no tener ninguna prisa por aparecer. Quizá le había pasado algo; incluso el alfa Thomas empezaba a impacientarse. La gente cuchicheaba sobre algo que no alcanzaba a entender. Tampoco me importaba. Lo único que quería era sobrevivir a aquella noche.
Me excusé y fui a ajustarme el vestido. Por algún motivo, uno de mis pechos amenazaba con quedar al descubierto, y Teddy me miraba con los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir de las órbitas.
No quería que se hiciera una idea equivocada, aunque una parte de mí disfrutara haciéndolo sufrir un poco.
Camino del baño de invitados descubrí que una parte del vestido se había rasgado y amenazaba con mostrar mucho más que mi pierna. Intenté subir deprisa a mi habitación, pero acabé en el ala equivocada del palacio.
Antes de que me invadiera el pánico, estuve a punto de chocar con Kaylo. Tenía la ropa un poco descolocada y, durante un breve instante, pareció verdaderamente alterado. Luego recuperó su habitual expresión despreocupada.
—¿Adónde vas? —oí preguntar a la futura luna del alfa Thomas desde algún lugar detrás de él.
Me llevé una mano a la boca. Así que por eso se estaba retrasando: había estado ocupada con Kaylo.
Él había estado con la futura luna del alfa Thomas.
No podía creerlo. No sabía por qué, pero aquello me produjo tristeza y repugnancia.
¿Cómo había podido hacerlo? Quiero decir, ella era hermosa, pero olía fatal.
Antes de que pudiera reaccionar, Kaylo me empujó al interior de una habitación y cerró la puerta tras nosotros. Quise gritar y apartarlo, pero me tapó la boca enseguida para impedírmelo. ¿Se estaba escondiendo de ella? ¿Por qué?
Resultó ser un pequeño armario. Comprendí demasiado tarde que la puerta solo podía abrirse desde fuera: Kaylo ya la había cerrado a toda prisa. Era evidente que no quería que ella lo encontrara, aunque yo no entendía el motivo. ¿Estaba huyendo de sus responsabilidades?
Otro sinvergüenza, por supuesto, pensé.
El espacio era tan reducido que apenas podía respirar. Kaylo estaba demasiado cerca y percibí en él el olor de aquella mujer. No era intenso, pero bastó para revolverme el estómago.
Intenté decir algo, pero volvió a taparme la boca.
Antes de que pudiera reaccionar, ella se detuvo justo al otro lado de la puerta.
Pensé que nos había olido, que abriría y nos encontraría en una posición bastante indecente.
Kaylo me sujetaba muy cerca de él, con el cuerpo casi pegado al mío.
¿He mencionado que mi vestido estaba tan rasgado que cualquiera habría pensado que entre nosotros había ocurrido algo inapropiado?
Ella permaneció allí un momento. Por fin, oí que sus pasos se alejaban.
Respiré aliviada.