Capítulo treinta y uno
Los días siguientes fueron tranquilos. El alfa Thomas vino a verme, pero mantuvo las distancias. Cada vez que yo me alejaba, veía tristeza en sus ojos. Nunca lo había visto así. Me dolía saber que le estaba haciendo daño y no tenía ni idea de qué hacer.
Gilda cuidó de mí y me recuperé bien. La magia había cerrado la herida, pero no había curado mi corazón. Ojalá existiera una poción capaz de hacer que todo doliera un poco menos.
No me sentía capaz de ver a Ash. No quería que volviera a salir herido por mi culpa. No lo merecía, y tampoco quería hacer daño a su familia.
Aylla vino a visitarme, aunque apenas hablamos. Me abrazó y se marchó casi enseguida. Pensé que quizá también debía mantenerme lejos de ella. No quería que sufriera, pero ya se la veía afectada. Todo lo ocurrido la había dejado marcada. No la habría culpado si ya no hubiera querido ser mi amiga.
Un día, el alfa Thomas se ausentó y por fin me sentí lo bastante segura para salir de mi habitación. Gilda me dejó pasear sola. Estaba sentada en un sofá de una de las salas de estar, observando una mariposa al otro lado de la ventana, cuando oí un ruido a mi espalda.
Me volví. Era el alfa Thomas.
Se me paró el corazón y me aparté de él por instinto.
Me dolió la forma en que me miró. Parecía triste; podía oler la pena que lo envolvía. Se acercó y se sentó a mi lado. Tuve que contener las ganas de salir corriendo.
—No sé qué te he hecho para que me mires así —dijo con ternura.
Alargó la mano y me tocó la cara. Me encogí, aunque su caricia era suave.
—Jamás te haría daño —añadió con voz suplicante.
Eso me dolió todavía más. Las lágrimas me resbalaron por las mejillas. En aquella vida no me había hecho daño, pero yo no podía olvidar lo que había visto en mi visión.
—Han conseguido engañarte —susurró—. Lo que viste durante ese maldito ritual se lo inventaron.
¿Qué quería decir? Sabía lo del ritual. ¿Cómo? Claro, él había permitido que se celebrara. Se me olvidaba que nada ocurría en la manada sin que el alfa Thomas se enterara.
—Temía que utilizaran el ritual para alejarte de mí —dijo con tristeza.
Aquello me confundió aún más. ¿La visión era falsa? ¿Alguien había usado magia para jugar con mi mente? Pero ¿por qué? ¿Qué ganaría con eso?
—Mi dulce niña —murmuró, acariciándome el rostro.
Parecía un hombre destrozado y verlo así me asustó. Nunca habría imaginado aquella expresión en su cara. Cuando me atrajo hacia sí, dejé que me abrazara. No me aparté, aunque una parte de mí quería gritar. Me rodeó con los brazos como había hecho tantas veces antes. Su abrazo era cálido.
—No creí que fueran a usarte contra mí —susurró sobre mi cabello.
Me separé para mirarlo. Ya no entendía nada. ¿Quiénes eran ellos? ¿Qué pretendían conseguir?
—No lo entiendo —dije con la voz temblorosa. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
Me acarició la cara con delicadeza. Podía oler su tristeza mezclada con ira. No parecía el hombre poderoso y seguro de sí mismo que yo conocía, el alfa que siempre había sido.
—Alguien planea ocupar mi lugar, pero no sé quién —dijo en voz baja.
Me sorprendió. Nunca había pensado que alguien se atrevería a desafiarlo.
—Sé que reaccioné mal cuando te vi casándote con el hijo del beta. Creí que conspiraban contra mí —continuó.
Percibí que su ira empezaba a crecer de nuevo.
Por fin entendía por qué había estado tan furioso y por qué había perdido el control. Tal vez yo lo había malinterpretado. ¿Era posible que todo lo que había visto fuera falso? ¿Le había tenido miedo sin motivo? Ya no sabía qué creer.
—Permitiré que te cases con ese muchacho si eso es lo que deseas. Solo te pido que esperes hasta que esté seguro de que no están implicados —dijo con suavidad.
Asentí.
Volvió a abrazarme y me acarició el pelo. Dejé que me sostuviera un rato. Sentía cómo su corazón latía deprisa contra mí.
Casi no podía creer que fuera a permitirme casarme con Ash. Lo que pedía parecía razonable. Yo estaba segura de que ni Ash ni su padre tenían nada que ver con ningún complot. El beta Alden no era así. Siempre había sido leal.
Esperaba que, la próxima vez, la noche terminara de otra manera. Que por fin pudiera casarme con Ash. Estaba deseando contárselo a Aylla.