La luna que él no quería Capítulo veintiocho
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Capítulo veintiocho

Vestida con un hermoso traje blanco adornado con flores plateadas, avancé hacia el altar donde Ash me esperaba.

Había flores de luna por todas partes. La luna ascendía y bañaba el lugar con una luz cálida.

Para ser una boda organizada con tanta prisa, era más de lo que habría podido desear.

Nunca había imaginado cómo sería mi boda, pero, de haberlo hecho, se habría parecido exactamente a aquello.

Una emoción desconocida me llenó el pecho. Sentía una cálida expectación y temblaba un poco. De verdad iba a casarme. Alguien me había elegido. Alguien deseaba compartir su vida conmigo. Jamás habría pensado que ese alguien sería el hermano de mi mejor amiga.

Tal vez sí había encontrado a mi compañero en el Festival de Primavera. ¿Quién iba a decirme que lo había tenido tan cerca todo ese tiempo? Era el niño con quien trepaba a los árboles y corría por los terrenos del palacio.

Ash y su hermana habían estado a mi lado desde que llegué a la manada del alfa Thomas.

Recordé el día en que los conocí. Aylla me encontró en el jardín del palacio, con aspecto de estar fuera de lugar.

Nos hicimos amigas enseguida y me presentó a su hermano gemelo.

El pequeño Ash pareció cohibirse al verme.

Me dijo que tenía un aspecto extraño, que no me parecía a los demás lobos. Me hizo reír.

Y ahora estaba a punto de casarme con él. Nunca había imaginado aquel momento. Sinceramente, después de mi visión había llegado a pensar que jamás me casaría. Me alegraba haber elegido a Ash. Gilda tenía razón: era un buen hombre.

Su padre se había encargado de acompañarme al altar, pues yo no tenía padre y el alfa Thomas estaba ausente.

Me alegraba que no estuviera allí, aunque el beta Alden había tenido que comunicarle que iba a casarme con su hijo.

Lo hizo mediante el vínculo mental que compartían alfas y betas, una conexión especial que les permitía comunicarse durante las batallas y en otras ocasiones.

Mantener aquel vínculo no era sencillo. Después de hablar con el alfa Thomas, el beta Alden parecía cansado y, para ser sincera, un poco asustado.

No sabía cómo había reaccionado el alfa Thomas, pero dudaba que hubiera recibido bien la noticia.

No me gustaba que el beta Alden hubiera tenido que decírselo, aunque sabía que era necesario.

Impedir que se lo contara solo habría despertado sospechas.

Mientras caminaba del brazo del beta Alden, vi a Ash esperándome, nervioso, y se me ablandó el corazón.

Era la persona más dulce que conocía, salvo por su hermana, claro.

Llevaba las ropas ceremoniales y estaba aún más guapo de lo que recordaba.

Sus ojos azules brillaban de un modo nuevo.

No dejaba de alisarse los pliegues de la túnica, pero tampoco podía dejar de sonreír. Su sonrisa me hizo sonreír.

La chamana y una sacerdotisa del Templo de la Diosa de la Luna estaban allí para bendecir nuestra unión. El beta Alden había pensado en todo. Era perfecto.

Había pocos invitados: solo la familia de Ash y Gilda. Deseé que mi madre pudiera estar allí. Creo que se habría alegrado por mí. La madre de Ash parecía a punto de llorar y todos estábamos un poco emocionados.

Al llegar al altar, el beta Alden puso mi mano en la de su hijo. Ash me besó los dedos con suavidad. Vi calidez en sus ojos y pude oler lo que sentía. Era un aroma dulce, delicado, que también me llenó de calidez. Supe qué era: amor. Se me llenaron los ojos de lágrimas, esta vez de alegría.

Aquella mañana, Aylla me había confesado que yo siempre le había gustado a su hermano.

Sospechaba incluso que me amaba desde que éramos niños, porque conmigo siempre había sido más tierno.

Yo había creído que trataba así a todo el mundo.

Nunca había sabido cuánto significaba para él.

De pronto comprendí la suerte que tenía.

La ceremonia comenzó y por fin me relajé. Estaba a salvo junto a Ash, con el alfa Thomas lo más lejos posible. Así quería que siguiera durante el resto de mi vida.

Las palabras de la sacerdotisa me envolvieron. Nunca había comprendido lo hermosas que podían ser las ceremonias de unión. La escuché con una sonrisa. En el fondo sabía que había tomado la decisión correcta: había elegido a alguien que me amaba de verdad.

Al final solo faltaba intercambiar los votos y sellar el vínculo con sangre.

Esa última parte no me gustaba, pero era necesaria para completar la unión.

Ash me miró con expectación y yo le devolví la sonrisa.

Los dos sabíamos que pronto estaríamos unidos de por vida.

Era exactamente lo que yo quería. Estaba segura de mi elección.

Miré a Aylla y luego al beta Alden. Ambos parecían felices. Gilda también me sonreía. Todos compartían mi alegría, aunque yo estaba un poco nerviosa por los votos. No había preparado nada.

Antes de que Ash pudiera empezar a pronunciarlos, un gruñido rasgó el silencio de la noche.

El alfa Thomas estaba allí.

¿Por qué había venido? Y, más importante aún, ¿cómo había llegado tan deprisa? Se suponía que estaba lejos. Sin embargo, había aparecido mucho antes de lo que esperaba.

No debía estar allí. Algo iba terriblemente mal y no conseguía librarme de aquella sensación.