CAPÍTULO 33 — El Umbral Final
BLOQUE 1
Gabriel volvió a la propia plaza del Obradoiro una tarde tranquila de finales de primavera, meses después de la firma del acuerdo hispano-alemán, encontrando el cerramiento temporal ya completamente retirado, la plaza devuelta a su bullicio habitual de turistas,
peregrinos y vecinos que cruzaban de un lado a otro sin sospechar, la mayoría de ellos, lo que descansaba, cuidadosamente documentado y preservado, varios metros bajo sus propios pies.
Se sentó en uno de los bancos cercanos, observando la propia fachada barroca de la catedral recortada contra un cielo despejado, con Lucía uniéndose poco después, cargando dos cafés que había comprado en la cafetería de la esquina, la misma donde meses atrás habían discutido, por primera vez,
la propia estrategia para abordar a Diana Sotelo.
---¿Extrañás la adrenalina? ---preguntó Lucía, entregándole uno de los cafés con una sonrisa que reflejaba el mismo tipo de paz que ambos habían aprendido a valorar durante aquellos últimos meses.
---Para nada ---respondió Gabriel, con una honestidad genuina---. Después de cuatro tomos enteros de persecuciones, amenazas y pérdidas dolorosas, creo que me merecía, sinceramente, un capítulo entero sin tener que preocuparme por quién podría estar vigilándonos desde las sombras.
BLOQUE 2
Adrien y Daniel se unieron poco después, completando el pequeño grupo que se había reunido, sin ninguna urgencia particular, simplemente para disfrutar de una tarde tranquila juntos antes de que cada uno retomara sus propias responsabilidades habituales, dispersos ahora entre Santiago,
Roncesvalles y las distintas colaboraciones académicas que la propia investigación había generado a lo largo de los últimos cinco tomos.
---El comité aprobó formalmente el presupuesto para investigar los siete puntos italianos y franceses todavía pendientes ---informó Adrien, revisando su propio teléfono---.
Bobbio, Bolonia, Roma. Vamos a necesitar planificar el próximo viaje con calma, ahora que finalmente tenemos el tiempo y los recursos para hacerlo bien.
Daniel, escuchando aquella actualización con el mismo entusiasmo tranquilo que había definido buena parte de aquel tomo, asintió con satisfacción.
---Después de este último capítulo, casi me da pena que el próximo probablemente no sea tan sereno ---comentó, con una media sonrisa.
BLOQUE 3
El teléfono de Gabriel vibró en aquel momento, con una llamada entrante que reconoció de inmediato: el sargento Otero, todavía en contacto ocasional desde la propia investigación de O Cebreiro,
con quien mantenía una relación cordial aunque considerablemente menos frecuente que durante los meses más intensos de aquella saga.
---Doctor Llorente ---dijo Otero, apenas Gabriel atendió, con un tono que revelaba cierta urgencia contenida---.
Lamento molestarlo en su tiempo libre, pero pensé que querría saberlo de inmediato.
Hubo un incendio esta madrugada, en un pequeño monasterio abandonado cerca de León, en una zona que según nuestros registros forma parte de una de las antiguas rutas secundarias del Camino Francés.
Gabriel sintió que la calma acumulada durante aquellos últimos meses se tensaba de golpe, la vieja costumbre de reconocer patrones inquietantes reactivándose casi automáticamente.
---¿Fue accidental? ---preguntó, aunque ya intuía, con una certeza incómoda, cuál sería la respuesta.
---Los peritos todavía lo están determinando ---respondió Otero---. Pero encontramos algo extraño entre los restos calcinados: una marca tallada en una de las pocas piedras que sobrevivió al fuego, que ninguno de nosotros supo identificar. Pensé que quizás usted sí podría reconocerla.
Gabriel, mirando hacia Lucía, Adrien y Daniel, cuyas expresiones ya reflejaban la misma tensión renovada que él mismo sentía, comprendió que aquella tarde tranquila junto a la catedral, por más merecida que hubiera sido, estaba a punto de convertirse, una vez más,
en el último respiro antes de que el Camino, con su paciencia inagotable, volviera a exigirles que siguieran caminando.
---Envíeme la fotografía ---dijo, finalmente---. Vamos para allá.