CAPÍTULO 32 — Todo lo que la Llave Abría
BLOQUE 1
Las semanas siguientes a la firma del acuerdo hispano-alemán transcurrieron con una tranquilidad que a Gabriel todavía le costaba asimilar del todo, después de cuatro investigaciones consecutivas marcadas por amenazas constantes y decisiones tomadas bajo presión: la publicación académica conjunta,
liderada por Sotelo, Adrien y Greta, avanzó por los canales de revisión por pares habituales, sin ninguna interferencia institucional, sin ninguna amenaza velada, sin ningún intento de sabotaje.
---Es extraño, ¿no les parece? ---comentó Daniel, durante una de las últimas reuniones de coordinación del equipo, ya con buena parte del trabajo formal completado---.
Después de tanto tiempo esperando que algo saliera mal en cualquier momento, casi no sabemos qué hacer con un proceso que simplemente avanza sin obstáculos.
Lucía, sonriendo ante aquella observación compartida, ofreció su propia perspectiva sobre aquel cambio de ritmo.
---Creo que nos merecíamos, después de todo, un tomo que terminara así ---dijo---. No todos los enemigos tienen que ser criminales o fanáticos. A veces, el verdadero desafío es simplemente hacer bien el trabajo paciente, sin dejar que la propia urgencia nos empuje a atajos peligrosos.
BLOQUE 2
La doctora Rúas, completando el informe final de conservación de todos los materiales recuperados bajo el Obradoiro, confirmó que tanto los restos de Teodomiro como el propio testimonio final quedarían custodiados de manera permanente en un espacio especialmente acondicionado dentro del propio
Museo Catedralicio, accesible para investigadores acreditados bajo condiciones controladas, y con una pequeña exposición pública prevista para el año siguiente,
cuidadosamente diseñada en colaboración con el propio comité de supervisión para presentar el hallazgo con el equilibrio necesario entre rigor histórico y sensibilidad devocional.
Sotelo, ya plenamente reincorporada a su propia carrera académica con un reconocimiento que compensaba, al menos parcialmente, los quince años perdidos, aceptó una posición de investigadora asociada permanente dentro del propio proyecto de la Hermandad,
formalizando una colaboración que ninguno de los dos lados habría imaginado posible apenas unos meses atrás.
---Todavía tengo mis propias notas de campo sobre otras zonas de la catedral que nunca llegué a investigar del todo ---comentó, durante una conversación con Gabriel poco antes de que este regresara a su rutina universitaria habitual---.
Quién sabe qué más podríamos encontrar, ahora que finalmente tenemos el respaldo institucional que siempre debí haber tenido.
BLOQUE 3
Gabriel, reflexionando sobre el conjunto completo de aquella investigación mientras preparaba sus propias clases para el semestre siguiente, sintió que el propio Tomo 5, distinto en tono y en desenlace de cualquiera de los cuatro anteriores,
le había enseñado algo que ninguna de las investigaciones previas, marcadas por la urgencia constante, había logrado transmitirle con la misma claridad.
---La llave no abría solo una cámara física ---le dijo a Lucía, durante una de sus últimas conversaciones antes de que cada uno retomara sus propias responsabilidades habituales---.
Abría, también, la posibilidad de que esta historia se contara, finalmente, sin necesidad de que nadie muriera por ello, sin necesidad de que ninguna institución tuviera que ser desmantelada a la fuerza.
Lucía, considerando aquella reflexión con la misma satisfacción compartida que había definido buena parte de aquel tomo, ofreció su propia conclusión.
---Quizás eso sea, en el fondo, lo que Teodomiro esperaba desde el principio ---dijo---. No solo que alguien encontrara la verdad, sino que la encontrara de la manera correcta, con la paciencia y el respeto que él mismo demostró al elegir esconderla con tanto cuidado.
Gabriel, mirando hacia el propio mapa completo que llevaban meses reconstruyendo, con sus doce puntos periféricos y su centro compostelano ahora considerablemente mejor comprendido gracias a todo lo aprendido en aquel último tomo, sintió que la investigación, lejos de haber terminado,
simplemente había demostrado, por primera vez con total claridad, que el propio Camino podía recorrerse también sin necesidad de que cada paso estuviera marcado por el peligro.