La llamada del deber (La princesa enmascarada 1) CAPÍTULO 33 #2
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CAPÍTULO 33 #2

—¡Nada, nada! —Agitó la mano delante de su nariz imitando a su hermano—. Ahora, ¡vístete! Estoy impaciente. ¡Quiero grabar la cara de la princesa al verte!

—¡Mira que eres perverso! La verdad es que me preocupa su reacción.

—¡Ja! —rio él emocionado—. ¡No puedo esperar más! Escúchame. —Lo cogió de nuevo por los hombros—. En el día de hoy la vida te brindará una pequeña compensación. ¡Que no se te ocurra desperdiciarla!

—¿Qué es lo que sabes, Owen? —Entrecerró los ojos con desconfianza.

—¡Ja, ja, ja! —Sus carcajadas resonaron entre las paredes del dormitorio—. ¡No pienso contártelo! Poder conocer el próximo movimiento antes que tú, amigo mío… ¡No me privaré de ese placer! ¡Vamos, mueve el culo y cámbiate!

Kiran solicitó que el encuentro fuera en la biblioteca.

Era el único lugar del palacio en el que se encontraba cómodo.

Entre sus libros se sentía… protegido. Rogó a su hermano que le permitiera verla solo por primera vez.

Puso la excusa de que sería algo incómodo para la princesa encontrarse con él de frente y reconocerlo.

Llegaron al acuerdo de que su hermana lo acompañaría y el chambelán realizaría la presentación formal.

Luego los dejarían a solas durante un tiempo para poder hablar con ella. Owen se había autoinvitado a la reunión, así que también lo acompañaría.

Dieron un rodeo hasta el dormitorio de Marcia para acompañarla.

—¿Cómo estás, Kiran? —le preguntó al verle la cara.

—¿Tan pálido me ves, hermana? —respondió, forzando una media sonrisa.

—¡Je! —rio ella entre dientes—. Apenas un poco, nada de qué preocuparse.

—¡Oh, querida! Me encanta saber que aún no has aprendido a mentir después de tanto tiempo en la corte —se burló Owen para picarla.

—¡Calla, idiota! —Le golpeó ella el hombro sin demasiada fuerza—. Vamos, hermano. ¡Estoy deseando verle la cara a la princesa cuando te vea!

—¿Tú también, Marcia? —resopló Kiran—. ¿No te planteas tomar a Owen como esposo? Creo que haríais una pareja perfecta juntos. ¡La más perversa de toda la corte de Issel!

—Parece que te has animado, querido amigo. —Le dio una sonora palmada en la espalda—. ¡Pero no me casaría con tu hermana ni por todo el oro del reino!

—Como si tuvieras alguna oportunidad… —Aumentó ella el ritmo sin esperarles.

Solo se escuchaba el repiqueteo de sus zapatos en los pasillos.

Con cada paso, las rodillas de Kiran parecían querer sucumbir y derrumbarlo. El cuerpo entero le pesaba, como si estuviera en contra de su decisión.

Tuvo que detenerse un momento antes de llegar a la puerta.

—Estará todo bien —le prometió Owen—. Tú solo respira hondo y avanza.

Su hermana entrelazó el brazo con el suyo, dedicándole una tímida sonrisa que le devolvió el calor que había perdido.

La confianza que le transmitían consiguió que las piernas volvieran a responderle. Inspiró, haciendo crecer el pecho hasta llenarlo por completo, y soltó todo el aire muy despacio mientras caminaba hasta la puerta donde les esperaba impaciente el chambelán.

—Su alteza la princesa Carla ya está esperando —los reprendió con su única ceja fruncida y su papada vibrando por la tensión.

—¿No me digas? —soltó Marcia, con un tono burlón—. Y yo pensaba que veníamos a ver al herrero. ¿Nos habremos equivocado de habitación, Owen?

—No, querida —le siguió él el juego—. No quiero estar en ningún otro lugar.

—Sé que queréis ayudarme, pero ya es suficiente —los interrumpió Kiran, suspirando—. Disculpe el retraso, ¿podemos entrar?

—No tengo por qué aguantar este comportamiento tan inapropiado —insistió él, airado—. ¡Su arrogancia es…!

—Señor chambelán —lo llamó al orden—. Aunque se haya ganado el favor de la familia real, no debería olvidar su lugar. No creo que tenga que recordarle que mi hermana es la princesa del reino, ¿cierto?

—No, Alteza —le tembló el labio al ver la fría mirada que le mostraba—. Ruego me disculpe.

—No la hagamos esperar más. —Dio por terminada la conversación.

Los guardias a ambos lados de la puerta abrieron sus hojas, dejándolos pasar.

En el interior, había otros dos soldados flanqueándola. Alan y Alice se encontraban uno a cada lado de la sala.

Podía reconocerlos, aunque llevaran la capucha y la máscara.

La desconfianza los mantenía en guardia.

En el fondo de la biblioteca, junto al gran ventanal, la princesa Carla miraba el paisaje sin percatarse de que habían llegado. Junto a ella, había otro capitán.

Ana .

No se había girado, pero era de la misma altura y complexión que la princesa; solo podía ser ella.

Kiran sintió un vuelco en el estómago. Por momentos pensó en solicitar que la capitán De Luca no asistiera al encuentro.

Quería decírselo él mismo. Se merecía al menos eso.

—Su alteza el príncipe Kiran Grayson De Jenner, del reino de Salm —declamó el chambelán.

La princesa se giró de golpe al escucharlo.

Sin levantar su rostro, hizo una acelerada reverencia ante ellos. Los demás se inclinaron siguiendo el protocolo militar.

—Le presento a su alteza, la princesa Carla De Meredith Pratt, del reino de Frisia —continuó con la ceremonia.

—Bienvenida, princesa Carla.

Estaba listo para devolverle la reverencia cuando ella se levantó.

Quedó paralizado al ver el rostro de Ana en el lugar donde debía estar el de la princesa.

—¿Qué co…? —casi soltó ella al reconocerle.

Se contuvo como pudo y se quedó en donde estaba.

Parecía igual de confusa que él.

Kiran no entendía lo que estaba pasando.

Una escolta no se presentaría en el lugar de la princesa para conocer a su futuro esposo.

No le encontraba sentido, a no ser…

Miró a su alrededor y todos tenían la misma cara de turbación. La princesa miraba a Owen fijamente y Kiran la imitó. Su amigo no parecía confuso en absoluto. Su cara de satisfacción le reveló el movimiento oculto del que le había hablado durante el almuerzo.

Sabía perfectamente lo que estaba sucediendo.

Se lo había dicho en varias ocasiones: que todo se revelaría.

Por eso insistió tanto en estar ahí.

Pero no podía ser cierto… Ana y la princesa eran personas muy diferentes.

—Un placer volver a verla, Alteza. —Se inclinó Owen ante Ana con una sonrisa traviesa, tan pagado de sí mismo que Kiran le hubiera roto los dientes de un puñetazo.

Era la primera vez que lo hacía.

Ni una sola vez, durante todo el viaje, se había postrado ante la que creían que era la princesa. Había creído que era por provocarla, pero… todo le encajó de golpe en la cabeza.

—Por favor —dijo Kiran, respirando hondo antes de hablar—. Necesito hablar a solas con la princesa Carla.