CAPÍTULO 31 #2
Ella se miraba las manos.
—Les presento a mi hermana —dijo al darse cuenta de que los demás tenían una expresión extraña.
—Lo siento. Parece que interrumpo algo. —Se levantó Marcia para presentarse—. Soy Marian, la hermana mayor de Anthony. Lamento haberme colado en su celebración. Supe que mi hermano había vuelto y no podía esperar para verle.
—¡Marian, querida! —La abrazó Owen—. Vienes en el mejor momento. ¡Quédate con nosotros a celebrar! No os importa, ¿verdad?
—¡Claro que no! —dijo Alan sonriendo—. La hermana de Anthony, ¡es nuestra hermana!
—¡Por supuesto! —aceptó Alice, sirviéndole una cerveza.
—Marian, te presento a Alan y a Alice —los señaló—. Ella es Ana y ella es Carla. A Hugo y a Owen ya los conoces.
—¡Encantada! —dijo Marcia haciendo una pequeña reverencia—. Pero no me has dicho sus rangos o títulos, hermano. ¿Has perdido tu educación durante el viaje?
—Permíteme, querida Marian. Esta noche no hay títulos, ni rangos, ni protocolos. ¡Está terminantemente prohibido en este comedor! —explicó Alan con la risa de Alice de fondo—. ¡Únete a nosotros en rebeldía!
—¡Ja, ja, ja! —rio ella, mirando a Kiran con ternura—. No hay mayor forma de desobediencia que colarse en la zona entre muros sin permiso. Así que… ¡Por la rebeldía! —brindó Marcia.
—¡Por la rebeldía! —gritaron los demás imitándola.
—Marian, querida —la llamó Owen—. Toma mi silla. Yo me sentaré al otro lado.
La cogió de la mano a la vez que echaba la vista hacia la princesa para ver su reacción. Ella lo ignoraba con descaro.
—No quiero quitarte tu sitio.
—No me quitas nada, Mar —dijo Owen, con una exagerada reverencia—. En realidad, me brindas la oportunidad de quedar atrapado entre mis queridas Car y Any . Y tú has venido a ver a tu hermano.
—¡Ja, ja, ja! —rieron las tres mujeres juntas.
—¡Vaya! Creo que esta noche acaba de mejorar —sentenció satisfecho, metiendo una silla entre las primas.
—¡Baja de la nube, Owi ! —dijeron ambas a la vez.
Las carcajadas y las bromas volvieron a inundar la habitación, haciéndola retumbar.
—Como iba diciendo… ¡Me toca elegir juego! —repitió la princesa—. Jugaremos a « Yo nunca ».
—¿Estás segura? —le dijo Owen, agarrando su mano con demasiada confianza—. Mira que ese juego es un arma de doble filo.
—Sé manejar los cuchillos. —Soltó su mano, dedicándole una mirada atrevida—.
¡Bien! Las reglas. El que toma la palabra debe decir una acción que no haya realizado nunca.
Si alguno de los presentes lo ha hecho alguna vez, debe beber un buen trago de su jarra, al menos llenar la boca.
Pongo un ejemplo fácil. Yo nunca he luchado en una batalla.
Ahora todos los que lo hayan hecho deben beber.
Todos los de la mesa bebieron, salvo ella y Marcia.
—Ahora le toca al de mi derecha. —La princesa levantó su bebida hacia Marcia.
—¡Lo conozco! —respondió ella, feliz—. Mmmmm, a ver… ¡Ah, sí! Yo nunca he hecho un viaje de más de un mes. ¡Ja, ja, ja!
Todos los de la mesa se vieron obligados a beber.
—¡Qué rastrera, Mar ! —soltó Hugo desde el otro lado de la mesa riéndose a carcajadas—. Parece que no es tu primera vez…
—¡Calla, Huguito ! —Le miró, amenazándolo—. Sabes bien lo que pasará si sacas a pasear esa lengua.
—¡Ptfff! —Owen casi escupe la cerveza al ver la cara que se le había quedado a Kiran—. Esto es tan divertido. ¡Ha merecido la pena hasta el último día en ese maldito carruaje!
—Lo es —apuntilló Alice, mirando a Marcia de una manera extraña.
Una ligera sonrisa de complicidad se le esbozó en los labios al encontrarse con los ojos de Hugo cuando se giró hacia él.
«¿Qué me he perdido, amigo mío?», le reprochó Kiran en silencio.
—¡Te toca, Ton Ton ! —soltó Alan, atrayendo su atención.
Marcia casi se atraganta al escucharlo.
—¡Cof! ¡Cof! —tosió entre risas—. ¿De dónde ha salido eso? ¿Ha sido cosa tuya, Huguito ?
—¡¿Quién si no?! —aceptó su culpabilidad con orgullo.
—Vale —los interrumpió Kiran con la mano en la barbilla, pensando qué decir—. Yo nunca me he bañado desnudo en el río siendo adulto.
—¡No vuelvo a contarte nada, patán! —le recriminó Owen, con el cristal ya casi tocando sus labios.
Para su sorpresa, todos los de Frisia bebieron también.
La cara de Ana se tornó roja y no por la cerveza.
—¡Creo que te ha salido mal la jugada, Ton Ton ! —soltó Hugo casi sin aire—. ¡Has hecho muchos enemigos sin querer!
—¡Bien, me toca! —se elevó Alice sobre las risas—. Uf, es más difícil de lo que creía…
—¡Ja, ja, ja! —rio Alan al escucharla—. ¿Demasiadas vergüenzas que ocultar, hermana?
—¡¿Es así como quieres jugar, hermano?! —le respondió Alice con una mirada perversa—. Yo nunca… me he caído en el interior de una letrina.
—¡Joder, qué mal bicho! —la maldijo Alan, levantando la copa antes de beber—. Has abierto una puerta peligrosa…
Todos los demás acompañaron la risa de Alice al darse cuenta de que Hugo estaba bebiendo en silencio. Intentaba que no se le viera con la distracción de la pelea entre hermanos.
—¡¿Tú también?! —le preguntó Alan con una amplia sonrisa que partía en dos su cara—. ¿Cómo puede un hombretón como tú caer en una letrina?
—Las del campamento militar son muy grandes —le respondió Owen, llorando de la risa al recordar aquella escena que vivió de primera mano.
—Sigamos adelante, ¡por favor! —rogó Hugo, muerto de la vergüenza—. Las reglas del juego solo dicen que debemos beber. ¡No contar la historia!
—¡Cierto, cierto! —aceptó Alan—. Pero, me lo contarás a mí, ¿verdad? Yo he pasado por lo mismo…
—¡Ja, ja, ja! ¡Está bien! ¡Solo a ti! —cedió Hugo.
—¡Bien, hermana! Es mi turno. —La amenaza de Alan estaba implícita en sus ojos—. Yo nunca he acabado cuasi desnudo o desnuda bajo la misma manta de un hombre que esté sentado a esta mesa.
—¡Serás cabrón! —lo regañó bebiendo de su jarra y cogiendo aire—.
¡Lo siento, Hugo! Yo no… ¡Que quede claro que fue un accidente!
Me caí al río la otra noche y Hugo se metió para sacarme.
Estaba muy borracha y me daba vergüenza volver así a la caseta.
Me dejó quedarme con él como un caballero. ¡Pero no pasó nada!
Por alguna razón, posaba disimuladamente los ojos en Marcia una y otra vez.
El silencio se había apoderado de la mesa.
Alice se detuvo al darse cuenta de que no le prestaban atención a ella. Miraban a Ana, que bebía de su jarra un trago muy largo. Tan largo que la vació por completo.
—¡ Any ! —gritó Alice sorprendida—. Cuéntame eso, ¡ahora mismo!
—¡Qué calladito lo tenías, amiga mía! —la provocó Alan.
—¿Nos vas a dejar con la intriga, querida? —le preguntó Owen posando su codo en la mesa con una expresión acusadora—. ¡Cuenta, cuenta!
—No tengo nada que añadir —se negó con firmeza—. Me toca. Yo nunca he viajado en barco —los distrajo con rapidez.
Todos bebieron de sus copas riendo, pero no insistieron.
Kiran no podía apartar la mirada de ella. Era demasiado honesta y valiente. Cualquiera en su situación no habría bebido ni una gota, pero ella no podía faltar a su palabra ni en un simple juego de beber.
Ana levantó la vista, encontrándose con él.
Ahí estaba de nuevo esa sensación.
Caía al vacío. La piel se le erizaba tan solo con recordar el momento en el que sus espaldas se unieron en aquel refugio. No pudo contener la sonrisa de satisfacción.
Ana se la devolvió, sonrojándose ante la situación.
—Creo que ya he tenido suficiente —rompió la princesa aquel instante, golpeando la mesa con su jarra—. He bebido de más y estoy cansada.
—Te acompaño —dijo Ana levantándose de la silla.
—No, quédate —le ordenó—. El doctor prometió acompañarme, ¿verdad?
—Por supuesto, Alteza —respondió Owen, provocando que Marcia se revolviera en la silla.
—Quiero hacer un último brindis —alzó su cerveza, mirando a Kiran directamente—. ¡Porque cumplamos nuestras promesas!
No hubo coro esta vez. Levantaron las jarras, mirándola sin entender su brindis, y bebieron.
Ambos se quedaron mirando con la cerveza en alto. Kiran le sonrió y elevó un poco más su jarra, acabándola de un trago sin apartar la vista.
—¡Bien! —aceptó su respuesta silenciosa, bebiendo un último sorbo antes de tomar del brazo a Owen y salir del comedor.
Marcia lo buscó con una expresión incómoda.
Ya se lo explicaría cuando estuvieran a solas.