La llamada del deber (La princesa enmascarada 1) CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

E l sonido del cristal al chocar resonaba con fuerza entre las paredes de piedra del comedor.

El agotamiento comenzaba a pasarle factura a Kiran, pero no quería irse.

Sus compañeros de viaje lo habían acogido y él quería corresponderles quedándose en la celebración.

La calidez que lo envolvía no tenía nada que ver con el fuego de la chimenea.

Alice no hacía más que provocar a su hermano, alentada por las carcajadas de Hugo, que destacaban por encima de las demás.

Owen estaba disfrutando de lo lindo con el espectáculo, aunque se le iba la mirada de vez en cuando hacia la entrada.

No podía controlar su impaciencia por saber si finalmente la princesa aceptaría su invitación.

Ni ella ni Ana habían bajado aún.

Como si pudieran leer sus pensamientos, la puerta se abrió lentamente, regalándole la imagen de Ana vestida de manera informal.

Su camisa blanca tenía desabrochados los dos primeros botones y sus mangas estaban recogidas hasta los codos.

La llevaba metida en su pantalón negro solo por una punta, dejándola caer en libertad.

Su cabello rizado, suelto en todo su esplendor, brillaba incluso más que el de la princesa Carla.

Aún estaba húmedo por el baño y algunos mechones se le pegaban a la frente y las mejillas.

—Alteza —dijeron todos a la vez, poniéndose de pie al verlas llegar.

—Buff —resopló ella con fuerza—. ¡Bien! Solo voy a decir esto una vez.

Así que, ¡usad lo que os quede de cerebro para escuchar!

No quiero nada de protocolos durante esta noche.

Olvidad mi título, olvidad quién soy. Esta noche soy solo una más.

Si en algún momento el ambiente se vuelve a tensar de este modo, me retiraré a mis aposentos. ¿He sido lo suficientemente clara?

—¡Ja, ja, ja! —rio Owen, contagiando a los demás—. ¡Por supuesto! De verdad, que te había subestimado. ¡Eres aún más dura de lo que me imaginaba!

—¡¿A ella no quieres ponerle un apodo, gran Hugo ?! —lo incitó Alan, con una sonrisa jocosa—. ¡Venga, valiente!

—¡Cierra la boca! —se quejó él, poniendo una cara indescriptible, avergonzado por no saber qué hacer.

—¡Ja, ja, ja! —rio Alice, acompañando las burlas de su hermano—. ¡Está bien! Voy a ponerlo fácil. Por aquí tenemos al gran Hugo , a Al , a Owi , a Ton Ton y a mí, Ali . ¡Les presento a Car y a Any !

—Mucho más sencillo, ¿verdad? —aplaudió Alan la idea de su hermana—. Esta noche, ¡solo habrá bebida y juegos!

Alice se levantó y sirvió dos jarras mientras su hermano las empujaba hasta la mesa. Sentó a la capitán a su lado, justo en frente de Kiran, y Owen retiró la silla junto a la suya, ofreciéndosela a la princesa. Alice les puso las cervezas delante de ellas.

—Ahora, si estamos todos de acuerdo, brindaremos para calentar. ¡Por los apodos! —Alzó su bebida esperando a que los demás la imitaran.

—¡Por los apodos! —respondieron todos levantando su copa y bebiendo.

—¡Voy! —se animó Hugo—. ¡Por el reino de Frisia!

—¡No, no! —lo cortó Alan reprendiéndolo—. ¡Nada de rangos! ¡Nada de protocolos! ¡Nada de reinos! ¡Nada! ¡Solo personas!

—¡Vaaaaa! ¡No me sacrifiques, Al ! —respondió Hugo abochornado—. ¡Porque el recuerdo de esta noche quede grabado en nuestros corazones!

—¡Oh! ¡Qué tierno! —interrumpió Alice, haciendo como que se abrazaba a sí misma—. Te comería entero si no fueras tan grande.

—¡Ja, ja, ja! —estallaron en risas antes de tomar un buen trago.

—¡Uf! —suspiró Alice, acalorada, desabrochándose un botón más de su camisa—. ¡Esto sí que es calentar!

—¡Me da que tú te calentaste con el gran Hugo ! —la picó su hermano, provocando las risas de todos los demás, incluso la de la princesa.

Comenzaron a hablar entre ellos por separado.

Alice le contaba a Kiran muchas de sus batallas mientras le toqueteaba el pelo con demasiada confianza.

Alan y Hugo se burlaban de esa escena sin reparos mientras vaciaban una jarra tras otra rápidamente.

Ana estaba bastante callada, pero los observaba riendo.

Parecía feliz, aunque era evidente que algo le rondaba la cabeza.

Owen y la princesa entablaron una conversación banal, pero con una continua provocación por parte de los dos.

Kiran rezaba para que no se propasara.

—No creía que bebieras cerveza, Car —le soltó Owen con descaro—. Pensábamos en traerte algún buen vino hasta que llegaste, poniéndonos en nuestro lugar a todos.

—¡Ja, ja, ja! ¿Eso es lo que piensas de mí, Owi ? —preguntó ella, haciendo hincapié en su mote—. No creerías que soy una más, ¿verdad?

—Me has dejado claro que no —le respondió él con una sonrisa socarrona.

—Ahora, ¡cuéntame de dónde ha salido ese apodo! —le ordenó ella riendo.

Owen se inclinó sobre ella y le susurró durante unos minutos al oído mientras la princesa se reía sin poder contenerse. Kiran se anotó mentalmente preguntarle por esa historia en cuanto tuviera ocasión.

—¡Vamos! Aquí hemos venido a beber, ¿no? —interrumpió Alan todas las charlas—. ¿Cuál es la mejor manera, mi querida hermana?

—¡Vaciar el barril! —respondió Alice sirviendo otra ronda.

—Es un comienzo… pero ¡no! —la corrigió él, sin dejar de reír—. ¿ Any ? ¡Tú sí que lo sabes!

—Ya sé por dónde quieres ir. No sé si es la mejor… —quiso decir, pero su amigo le tapó la boca con su mano libre.

—¡Añado otra norma! ¡Nada de quejas ni sermones! Entonces, Any , ¿cuál es la mejor manera de beber?

No quitaba la mano de su boca, provocando las risas de todos los de la mesa.

—¡¿No dices nada, querida?! —la miró Alan fingiendo que no sabía qué ocurría—. ¡Mierda! ¡Claro! —dijo riéndose al tiempo que la liberaba.

—Los juegos de beber… —respondió Ana casi en contra de su voluntad.

—¡Correcto! —la premió Alan—. ¡Buena chica! Da un buen trago como recompensa.

Ella lo obedeció de buen grado, bebiendo como si fuera agua en vez de cerveza, mientras los demás la jaleaban con aplausos.

—¡Comenzaremos con las palabras encadenadas!

—se impuso Alan rellenando los vasos—. Las normas son jodidamente sencillas.

Uno dice una palabra cualquiera y el siguiente la encadena con una que comience con la última sílaba.

Por ejemplo: si digo «casa», el siguiente tiene que decir una palabra que comience por «sa».

Son válidas todas las palabras, ¡sin inventarlas!

No vamos a pedir un diccionario a estas horas, así que, si hay dudas sobre su existencia, lo votaremos entre todos.

El que falle o haga trampa, tiene que beber.

¿De acuerdo? Comenzaré yo y Any seguirá porque está a mi derecha.

—¡Burro! —dijo Alan.

—¡Rosa! —lo siguió Ana

—¡Salmón! —continuó la princesa.

—¡Error! —interrumpió Alan, provocando la risa de los demás con su forma desagradable de decirlo—. ¡Tiene que empezar por la sílaba! Any dijo «rosa». Tu palabra debía empezar solo por «sa». Salmón empieza por «sal».

—¡No hablaste de sílabas! —se quejó la princesa, frustrada por perder—. ¡No vale…!

—Sí que lo dije. ¡Bebe, Car ! —la interrumpió Alan, provocándola—. No querrás parecer una mala perdedora, ¿verdad?

—¡Tch! —chasqueó ella la lengua antes de beber.

—¡No, no! —la reprendió Alan, con una media sonrisa de lo más perversa—. ¡Toda la bebida que te quede en la jarra, querida!

La princesa lo miró con la misma sorpresa que odio en sus ojos, pero se llevó la jarra a la boca sin apartar la mirada de Alan.

—Muy bien, Al . Que comience el juego… ¡El siguiente lo elijo yo! —amenazó antes de empezar a beber.

—¡Toda, toda, toda! —comenzaron a gritar Alan, Alice y Ana a la vez, seguidos de los demás, animándola hasta que terminó la última gota—. ¡Bravo! —la aplaudieron cuando golpeó la mesa al acabar.

—¡Wow! —exclamó Owen sorprendido—. ¡Menudo aguante!

—No sabes nada, pequeño —le respondió ella, secándose la boca con el dorso de la mano y levantándose para servirse otra—. Seguimos. ¡A los cinco fallos cambiamos!

Kiran estaba alucinando con su cambio de actitud.

Era otra.

—¡Hecho! —respondió Alan—. Te toca empezar.

—¿Se aceptan palabras importadas? —preguntó ella, con un deje de malicia.

—Puedes intentarlo. Si la conocen cuatro de los que estamos en la mesa, entonces será válida —respondió Alan, viendo por dónde iba—. ¿Quieres arriesgarte?

—¡Je! —rio, como si le ofendiera que lo dudara—. ¡Weiqi!

El silencio se hizo en un primer momento. Kiran rompió a reír, seguido por Ana y Alan.

—¡Serás…! —se quejó Owen, que era el siguiente en el círculo—. ¡No hay ninguna palabra en nuestro idioma que empiece por «qi»! ¡Quiero impugnación!

—Estás en tu derecho —aceptó Alan, como autonombrado rey de ceremonias—. ¿Cuántos conocen la palabra weiqi?

Kiran, Ana y Hugo levantaron la mano.

—¿Conoces la palabra, Owi ? —le preguntó Alan con la solemnidad de un juicio—. Ten en cuenta que tu voto será el decisivo. Si no, Car tendrá que beber…

—¡Mierda! —protestó Owen, bebiendo de su jarra sin decir nada más.

—¡Ja, ja, ja! —rio Kiran a su lado—. ¡Toda, toda, toda!

Continuaron jugando hasta que fallaron tres veces más.

La primera fue Alice, pero estaba claro que lo hizo adrede para seguir bebiendo, espoleada por los demás.

El siguiente fue Hugo, que debido a su dislexia confundió las sílabas sin remedio dos rondas seguidas, con lo que el juego terminó demasiado pronto.

—¡Pobre gran Hugo ! —lo consoló Alice, dando golpecitos en la silla vacía a su derecha—. ¡Ven aquí conmigo!

Hugo no perdió la oportunidad y se sentó a su lado, dejando que lo abrazara como consuelo mientras el resto reía.

—¡Bien! ¡Me toca elegir juego! —interrumpió la princesa, con las mejillas sonrojadas por la bebida.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe.

Marcia, vestida de sirviente del palacio, entró lanzándose sobre los brazos de su hermano.

—¡Te he echado mucho de menos! —gritó, feliz de verlo.

—¡¿Qué haces aquí?! —preguntó Kiran, sin poder creérselo—. ¡Sabes que no está permitido!

—Tengo mis medios. —Se separó de su abrazo, dándole un sonoro beso en la mejilla—. ¡Me tenías muy preocupada!

Kiran levantó la vista en busca de Ana.