CAPÍTULO 29 #2
—¡Je! —La princesa no pudo contener la expectación que se dibujó en sus labios—. Podría bajar un rato.
—¿De verdad? —exclamó Owen como un niño pequeño cuando recibe un regalo.
—Solo si me promete que me acompañará mientras esté abajo —exigió ella—. Y si veo que el ambiente se pone tenso por mi presencia, me retiraré.
—Cuente con ello. Prometo acompañarla de vuelta cuando decida que ya no quiere continuar.
Kiran estuvo a punto de golpear al doctor al ver cómo babeaba porque lo complaciera, pero se contuvo.
—Tenemos acuerdo —respondió la princesa, más sonriente de lo que la había visto en todo el viaje.
Se dio la vuelta con elegancia y se metió en las estancias, dedicándole una última mirada de desprecio a Kiran.
—Nos vemos esta noche. —dijo él, ignorando a la princesa, sin poder apartar los ojos de Ana mientras cerraba la puerta.
Continuaron con su camino hasta la siguiente planta. Sus alojamientos eran contiguos el uno al otro.
—¿A qué juegas esta vez, Owen? —preguntó, entrando con él en su habitación.
—¿Jugar? No sé de qué me hablas —le respondió, sentándose en el tresillo para quitarse las botas—. ¡Necesito un baño!
—Sabes que la princesa Carla y yo vamos a firmar el compromiso, ¿cierto?
—Síííí, soy muy consciente de ello, Kiran. Ya puedo llamarte Kiran, ¿verdad?
—¡Dime qué planeas! ¿Por qué coqueteas con ella como un primerizo? Sabes que no puede corresponderte.
—¡Sé muchas cosas, mi querido amigo! —Un brillo de malicia le iluminó los ojos—. Mi mayor habilidad es llegar a la verdad, ¡ya lo sabes!
—¡Pues parece que te está fallando, si no has llegado a la conclusión de que es imposible que puedas tener cualquier tipo de relación con la princesa Carla! —le espetó Kiran, frustrado por la actitud de su amigo.
—¡Totalmente imposible! Está descartado por completo que pueda intimar con la princesa Carla. Ella está vetada para mí. Es tu futura prometida. ¡Jamás traicionaría nuestra amistad de ese modo! —Se le formó una sonrisa enigmática que estuvo a punto de sacar de quicio a Kiran.
—¿Dónde está el muerto, Owen?
Era una frase que le decía Benjamin cuando niños, cada vez que hacía una trastada y trataba de ocultarla.
—No hay muerto esta vez, hermano. —Se levantó del tresillo, apoyándole ambas manos en los hombros—. ¿Confías en mí?
Se quedó en silencio, buscando algo que lo delatara en su mirada, pero no lo encontró.
—Claro que sí —respondió, terminando la frase con un suspiro.
—No tengo intención de perjudicarte. No haré nada que ponga en peligro tu compromiso. Pronto entenderás toda esta conversación y te reirás junto a mí al recordarla —lo tranquilizó—. ¡Ahora me voy a dar un baño! ¡Huelo a camino!
Se dirigió a la entrada, con un aire de satisfacción que apestaba más que su ropa.
—¡Ah! Se me olvidaba. —Se detuvo de golpe—. Quiero estar presente cuando te reúnas con la princesa para el compromiso. ¡No quiero perderme ese gran momento en el que descubra que eres el príncipe Kiran!
Su amigo salió de la habitación dejándolo desconcertado, pero no tenía motivos para dudar de su palabra. No le pondría una mano encima a la princesa. De eso estaba seguro.
Tras bañarse y cambiarse de ropa, Kiran y Owen bajaron al comedor. En el interior, los sirvientes de la torre habían dispuesto una mesa con comida y un gran barril de cerveza. Hugo aún seguía dirigiendo los preparativos.
—Ve a cambiarte —le ordenó Kiran a su amigo—. Ya has hecho demasiado.
—¡Venga, gran Hugo! —dijo Owen a su lado—. Hoy eres un invitado de honor. ¡Muévete! ¡Quiero empezar a beber!
—Espero no tener que arrastrarte de nuevo por esas escaleras, Owen —le respondió riendo, mientras salía por la puerta.
—¡Ja, ja, ja! Esta noche no —respondió con sorna—. Debo acompañar a una dama.
—Buff —resopló Kiran—. Se me va a hacer eterna la velada.
—¡Eso espero! —respondió Owen metiendo el dedo en la herida.
Kiran no pudo contener una mirada de advertencia.
—¡Ja, ja, ja! Relájate un poco, hermano. —Le dio un afectuoso empujoncito con el hombro—. Tú y yo vamos a tomar la primera en lo que esperamos a los demás.
Se sentaron a la mesa con una jarra de cerveza en la mano. El cansancio hacía mella en el cuerpo de Kiran, pero quería celebrar con ellos.
Sería la última vez que los vería a todos.
—Tengo que reconocer que lo he disfrutado. —Dio voz a sus pensamientos.
—Este viaje ha sido la mejor decisión que has tomado en tu vida. —Alzó Owen su jarra—. ¡Brindo por tu valentía al salir de estos muros!
—¡Porque Marcia me echase del palacio! —respondió Kiran chocando la bebida con la de su amigo, antes de dar un largo trago.
—Oye, ¿tenemos apropiado para la princesita? —le preguntó Owen mirando la espuma que caía por el cristal.
—Supongo que podemos mandar a alguien a por vino, pero mejor esperemos a ver si baja. Le preguntaremos… si es que no se ha arrepentido.
—Sí, puede que sea lo mejor.
La puerta se abrió de golpe, dejando paso a los hermanos De Visser que llegaban riendo a carcajadas.
—Tch. —Chasqueó Alice la lengua—. Míralos, hermano. Bebiendo sin esperar por nosotros —escupió entre dientes.
—Los veo, hermana. Ellos aquí disfrutando mientras los demás nos partimos el espinazo ocupándonos de todo…
—¡Qué desconsiderados! —dijo Alice con una ligera sonrisa en sus labios.
—Mea culpa, Ali —asumió Owen—. Lo he obligado.
—¿Ali? —preguntó Kiran sorprendido—. ¿Desde cuándo tienes esas confianzas con ella?
—¡Ja, ja, ja! —rio Alan—. No te pongas celoso, hermano.
—Creo que ya es hora de que tú también me llames Ali. Creía que éramos amigos…
—¡Está bien! —aceptó Kiran al ver que se sentía algo ofendida—. No me pongas esa cara, por favor.
—Te perdono si me sirves una —le pidió en tono socarrón, señalándole la mano.
—Aquí estamos todos en igualdad. ¡Así que mueve tu hermoso culo hasta el barril! —intervino Owen con su mejor sonrisa.
—¡Ja, ja, ja! —rio Alan, sirviendo dos cervezas—. ¡Ya era hora de que alguien te pusiera en tu sitio, hermana!
—Si me lo pide así… puede que me deje —respondió Alice, cogiendo la bebida que le traía su hermano.
Kiran se atragantó con la cerveza al oír su respuesta.
—¡Cof! ¡Cof! —tosió—. ¡Ali! ¿No habrás estado bebiendo antes de llegar?
—¡Ja, ja, ja! —rio Alan sentándose frente a ellos—. ¡Nunca bebe estando de servicio! Ese es su estado natural, solo que no lo muestra a quien no se lo gana.
—Lo de regalar el afecto a cualquier cachorro que se nos cruce te lo dejo a ti, hermano.
—¡Ja, ja, ja! —rieron todos juntos, descargando el peso que aquel viaje había puesto sobre sus hombros.
La puerta volvió a abrirse. Hugo jadeaba bajo su dintel.
—¡ Gran Hugo! —gritaron Alan y Alice a la vez, dándole la bienvenida—. ¡Llegas tarde!
—No hacía falta que vinieras corriendo, amigo mío —dijo Kiran, recibiéndolo con una sonrisa—. ¡No vamos a acabarnos el barril sin ti!
Rompieron en carcajadas de nuevo.
Kiran nunca creyó en poder tener aquella camaradería con nadie. Con sus soldados siempre estaba la barrera de su rango, pero esa noche era uno más.
—¿Eso ha sido una broma, mi señor? ¡Jamás lo hubiera esperado de usted!
—¡Vamos! —le reprendió Owen—. Aunque sea solo por un día, ¡deja ya lo de « mi señor »!
—¡Pero, yo…! —quiso negarse él.
—Por favor —le rogó Kiran—, solo por hoy.
—¡Está bien! —accedió mostrándole sus perfectos y alineados dientes—. Pero, solo si me prometes que te emborracharás conmigo…
—Trato hecho. —Kiran se levantó, sirviéndole a su compañero para sellar su acuerdo—. ¡Por esta noche!
—¡Por esta noche! —brindaron todos con regocijo.
—¡Bien! Entonces, ¿cómo debo llamarte? —preguntó Hugo, provocándolo—. A ver, tenemos a Ali, a Al , a Owi … Todos tienen un apodo. ¿Cuál debería ser el tuyo?
—¿ Owi ? —preguntó Kiran, riendo a carcajadas—. ¿Cuándo sucedió eso?
—No preguntes… —respondió el doctor, tapándose la cara con la mano, provocando la risa de todos los demás—. ¿Qué te parece Tony ?
—¡Sí! —se unió Alice—. ¡Me gusta Tony !
—¡No, joder! Es muy obvio —se quejó Alan—. Además, ¡es hasta formal!
—Tienes razón —respondió Hugo, con la mano en la barbilla, imitando a Kiran cuando algo le rondaba—. ¡Ah! ¡Ya sé! ¡ Ton Ton ! Sí, ¡me gusta!
—¡Ja, ja, ja! —rio Alan dando golpes en la mesa—. ¡Me encanta! ¡Sí! ¡Yo voto por Ton Ton !
Todos se rieron de la ocurrencia de Hugo.
—Te lo voy a perdonar, solo por esta noche… —respondió Kiran, sonriendo de manera malévola—. Pero puede que me cobre mi venganza en algún momento.
—¡Oh! Si he de pagar por ello, ¡lo haré con gusto, Ton Ton ! —se burló satisfecho.
El ambiente era cada vez más relajado.
Se metían los unos con los otros sin que nadie se ofendiera.
Alice demostró la teoría de Kiran de que con el alcohol adquiría una personalidad nueva. Al contrario de lo que era habitualmente, ahora se permitía ser libre, sin filtro alguno. Dejaba caer todo lo que pensaba. Era posible que fuera su método para desquitarse.
Alan seguía siendo el mismo de siempre, pero, sin tener ningún deber a la vista, había bajado la guardia.
A Kiran comenzaba a dolerle el abdomen de tanto reírse.
Habían conseguido que olvidara todo lo que lo había estado torturando, aunque solo fuera por aquella noche.