La lista DÍA 18VIERNES, 23 DE JUNIO #3
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DÍA 18VIERNES, 23 DE JUNIO #3

La muerte de Horne, combinada con la facilidad con la que se había eliminado el problema de Robbie Shuman, me estimuló el pensamiento.

Con el tiempo, fui yo quien concibió toda la estrategia.

Siete años después de adquirir la empresa, cancelamos el seguro de salud y la cobertura de indemnizaciones laborales con nuestros proveedores externos respectivos y pedimos prestado dinero suficiente para autoasegurarnos.

Creamos un fondo para financiar la cobertura médica y una reserva para proporcionar las prestaciones de jubilación y pensiones (que se internalizaron de manera simultánea).

Las aportaciones de los empleados multiplicaron ese fondo y nos permitieron efectuar lucrativas inversiones en bolsa, que acabaron comportando generosos dividendos.

En general, nuestro fondo autoasegurado tiene actualmente una solvencia de centenares de millones.

Pero, para asegurar una vitalidad continua, sabíamos que había que controlar los costes por detrás.

Así que creamos el Programa Prioridad.

Al primer asesino a sueldo (a quien por entonces nos referíamos como «empleado» y ahora como «colaborador») lo encontramos a través de las mismas personas que me pusieron en contacto con el asesino de Robbie Shuman.

En un principio, nos concentramos exclusivamente en jubilados, en eliminar a personas con prestaciones costosas ya devengadas.

Casi de manera inmediata contamos con grandes sumas que podían reciclarse para financiar las ampliaciones de las prestaciones sanitarias que nos exigían los sindicatos.

A medida que fuimos perfeccionando nuestra estrategia, ampliamos el programa no solo a personas con prestaciones por jubilación, sino también a aquellas con riesgos de salud excesivos,

lo que considerábamos demandas de indemnización laboral poco razonables y algunos litigios interpuestos por terceras partes contra la empresa que habrían tenido consecuencias desastrosas.

Mediante una serie de sesiones de negociación colectiva (y con la ayuda involuntaria de Hank Reed, que cerró repetidamente los pactos), conseguimos afinar nuestra cobertura.

Al final, el Programa Prioridad no solo se autofinanció, sino que nos sirvió para pagar el préstamo original que nos permitió autoasegurarnos y generó un enorme excedente de capital.

Parte de ese capital se reinvirtió en el fondo, mientras que el resto se utilizó para ampliar las instalaciones de las fábricas y para sufragar gastos operativos generales.

¿Cómo funciona el programa? Al principio, lo hacía de manera informal.

Revisábamos los expedientes del personal e identificábamos a candidatos potenciales.

Se elaboraba una lista ordenada en un orden preciso, de ahí el término «Prioridad».

Luego, una a una, eliminábamos a nuestras Prioridades.

Más adelante, cuando los registros se informatizaron, la lista se digitalizó.

Fue entonces cuando el flujo constante de información que nos proporcionaban nuestros negocios secundarios cobró especial relevancia.

Al ser una empresa autoasegurada, teníamos acceso directo al historial médico de todos nuestros empleados (tanto del pasado como del presente).

El Centro Médico Regional del Condado de Woods se construyó (en parte financiado por nosotros) con el pretexto público de proporcionar una asistencia médica conveniente y de calidad.

Y lo que es más importante, esa instalación nos proporcionaba acceso directo a información médica vital (y a los propios pacientes), lo cual fue de enorme ayuda para la implementación subsiguiente del Programa Prioridad.

Y lo mismo con respecto al sanatorio local.

Con el tiempo, la digitalización facilitó la priorización, sobre todo una vez que creamos un programa capaz de escanear rápidamente a todos nuestros empleados en nómina e identificar a candidatos teniendo en cuenta factores como la edad, la salud, el historial médico,

el historial de reclamaciones (tanto indemnizaciones médicas como laborales), el número de personas dependientes, el expediente médico de esas personas dependientes, etc.

Todas las Prioridades se procesan aplicando un reglamento preciso diseñado para reducir la posibilidad de ser descubiertos. Se exige a los colaboradores que sigan el reglamento estrictamente. No se toleran los errores.

¿Cómo podíamos hacerlo? Mentiría si dijera que es una pregunta que no me he formulado muchas veces en los últimos años.

La primera vez fue fácil. Robbie Shuman era un fanfarrón detestable que solo nos daba problemas a nosotros y a nuestros empleados.

No siento remordimientos por haber ordenado su ejecución, porque la empresa funcionó un cien por cien mejor tras su muerte.

Quizá la ausencia de remordimientos con respecto a Shuman hizo posible el resto.

Desde luego, no me dolió. Recientemente, Larry Hughes hizo un cálculo aproximado y estimó que, de media, cada Prioridad le ahorraba a la empresa 260 000 dólares.

Aplicando una media de 1700 muertes (una cifra conservadora), eso representa que se han generado más de 440 000 000 de dólares.

Es muy probable que la cifra real sea incluso superior.

El Programa Prioridad nos dio ventaja competitiva.

La suficiente para permitir, en caso necesario, reducir un cinco por ciento el precio de nuestro papel (lo que en ocasiones bastaba para cerrar una venta),

para garantizar un aumento porcentual en las negociaciones o para financiar las prestaciones adicionales que ayudaban a tener a nuestra mano de obra satisfecha y productiva.

Fue una herramienta que, combinada con una gestión meticulosa, incluso ayudó a que los tres propietarios nos hiciéramos multimillonarios.

Pero no solo nosotros nos beneficiamos. Se generaron puestos de trabajo.

Se pagaron miles de millones en nóminas.

El condado de Woods prosperó. La vida cambió a mejor.

Tú mismo me lo dijiste. Concord no vivió los despidos masivos ni los cierres habituales en el sector del papel en los últimos veinte años.

De hecho, mientras otras empresas cerraban o reducían su actividad, nosotros nos expandíamos.

¿Sigue el programa en curso? Desde luego.

Jon de Florio es quien lo supervisa. Hay dos colaboradores que trabajan a sus órdenes, si bien nadie salvo él sabe nada de ellos.

Tampoco nadie en la empresa, excepto los tres dueños, De Florio y sus dos colaboradores, tiene conocimiento de la existencia de este programa.

Para todos los empleados, esto es una fábrica de papel que se dirige como cualquier otra.

Brent, hay que poner fin a los asesinatos.

Por eso, he decidido proporcionarte la información y los recursos necesarios para hacerlo.

Da a conocer el programa. Acaba con esta demencia.

La cobardía me ha privado de hacerlo yo mismo.

Me he pasado años forjándome una reputación, intentando hacerme respetar.

Aunque quizá sea un insensato, prefiero irme a la tumba pensando que mi vida ha sido un éxito.

Pero, si te sirve de consuelo, quiero que sepas que el creador fue víctima de su propio mal.

Mi muerte no la ha causado el cáncer terminal.

Me habrán marcado como Prioridad y me habrán procesado.

Supongo que el propio De Florio se habrá encargado de hacerlo.

Tal vez con tu ayuda yo pueda ser la última Prioridad.

Necesitarás corroborar lo que te estoy diciendo.

Lo que tal vez sepas, o tal vez no, es que Hank Reed tiene una de nuestras listas de Prioridades.

La obtuvo de manera accidental al hacer que una de nuestras empleadas husmeara en nuestros archivos electrónicos.

Estaba previsto que lo hiciera. De hecho, Hamilton Lee dejó intencionadamente una nota interna con información falsa concebida para que Hank encauzara mal las negociaciones.

Pero, por un golpe de suerte, Reed obtuvo la lista de Prioridades que la junta aprobó para procesar en sus reuniones de mayo y junio.

Ten en cuenta que Lee y Hughes están al corriente de mis contactos contigo y con Hank.

Y también saben que intento detenerlos. Incluso han leído una versión anterior de esta confesión.

No me cabe duda de que enviarán a De Florio a por vosotros.

Es difícil determinar el momento exacto, pero aparecerá.

De Florio tiene capacidad para mantener una vigilancia física y electrónica constante de vuestras actividades (teléfonos, despachos y hogares).

Probablemente ya lo esté haciendo. Es muy bueno en su trabajo, pero tenéis una ventaja con la que nunca antes ha tenido que enfrentarse.

Sabéis que irá a por vosotros.

Recientemente ejecuté un codicilo a mi testamento que lega todo lo que tengo a un fideicomiso.

Te he otorgado el control absoluto de dicho fideicomiso.

Mi patrimonio asciende a entre 240 y 300 millones de dólares e incluye dinero en efectivo, acciones bursátiles, bonos, empresas y propiedades inmobiliarias.

Lo que no incluye es mi parte en la Southern Republic.

Según nuestro acuerdo como accionistas, en el momento de la muerte, esta se transfiere inmediatamente a Lee y a Hughes.

Mis instrucciones (detalladas en el testamento) son liquidar todo lo que tengo y distribuir el dinero entre tantas familias de Prioridades pasadas como sea posible localizar.

Para hacerlo necesitarás conocer sus identidades.

Por descontado, no todos los empleados que en el pasado interpusieron una demanda contra la empresa, llegaron a la edad de jubilarse o incurrieron en gastos médicos fueron asesinados.

De hecho, solo un pequeño porcentaje de las decenas de miles de personas que trabajaron para la empresa se designaron Prioridades.

¿Quiénes son esas personas? Es imposible saberlo.

No se guardaba un registro. En los últimos años empecé a llevar un recuento informal, pero incluso eso está incompleto.

El Anexo D contiene una lista parcial de nombres que puede servir como un buen punto de partida.

Una última cosa. Si logras que juzguen a Lee y a Hughes, no permitas que el Gobierno se haga con la empresa o la cierre.

Seguramente intentará hacerlo. Lucha por retener el control.

Lucha por que pase a ser propiedad de los empleados y por dar una parte de las acciones a las familias de las Prioridades.

Mantén la empresa operativa para que Concord pueda sobrevivir.

Tal vez entonces pueda salir algo bueno de esta monstruosidad.