DÍA 18VIERNES, 23 DE JUNIO
11:50 h
Brent se pasó toda la mañana yendo de un lado para otro, de las sesiones de negociaciones de la AIM a las de la HITSE, ayudando a los representantes de la empresa con los detalles para cerrar un pacto definitivo.
A media mañana, la AIM alcanzó de manera súbita un principio de acuerdo, su comisión negociadora estaba ya cansada de discutir y expresó su satisfacción con los aumentos salariales y los extras de la oferta final de la empresa.
Los cinco años se antojaban un trago amargo, pero los maquinistas eran lo bastante inteligentes para reconocer que tenían poco margen de negociación, más allá de esos dos años adicionales.
–¿Cómo fue anoche en la reunión sindical? –le preguntó a Hank durante la pausa.
–No creo que mi comisión ponga más pegas.
–¿Has conseguido encauzar la situación?
–Totalmente. Malditos idiotas. No tienen ni dos dedos de frente.
Se creen que basta con chasquear los dedos y la compañía saltará como un conejo.
Acabé diciéndoles que convocaran una huelga.
Que eso es lo que tenían que hacer. Dejar de trabajar hasta que la empresa dé su brazo a torcer a los tres años. Luchar.
–Estoy seguro de que eso les hizo reaccionar.
–Descubrimos que son todos unos blandengues. A partir de ahora, harán lo que yo diga.
–La aceptación del acuerdo por parte de la AIM me ha parecido repentina.
–Anoche, después de la reunión de la HITSE, me dejé los cuernos con su comisión negociadora.
–Pues parece que volvéis a ser los últimos sentados a la mesa.
Hank sonrió.
–Es una tradición que me gusta mantener.
–El lunes vamos a tener que ocuparnos de esa lista de números –dijo Brent–. Tenemos que averiguar qué son.
–Ya lo sé. Y agradezco que estés colaborando conmigo y esperando a que los pactos estén sellados. No puedo poner esto en peligro.
–Lo entiendo –respondió–. Pero el lunes sin falta nos ponemos. Me pregunto dónde andará el señor Bozin esta mañana...
–No podemos formalizar el acuerdo con la AIM hasta que aparezca –dijo Hank–. Me gustaría ponerle el broche a ese asunto antes de que los maquinistas cambien de opinión.
Brent comprobó la hora en el reloj.
–Pues parece que tendrá que esperar a después de la comida. Me voy a casa.
Hank sonrió.
–¿Qué pasa? ¿Ya te has hartado de tanta barbacoa grasienta y pollo frito del bufé?
–La sopa de verduras que mi madre preparó anoche le sentará mucho mejor a mi estómago y a mi cintura. ¿Te apetece venir a comer?
Hank negó con la cabeza.
–Tengo que quedarme por aquí. Con estos memos, uno nunca sabe lo que puede pasar.
Brent conducía satisfecho de camino a casa.
Solo sus preocupaciones por esa lista de números empañaban su buen humor.
La víspera, después de que Bozin se marchara, su madre y él habían estado hablando casi dos horas.
Por una vez, todo el mundo parecía estar de acuerdo y le congratulaba que las dos mujeres de su vida, aparentemente, fueran a llevarse bien.
Su madre se disculpó por haber ido a ver a Ashley sin decirle nada, pero en realidad Brent le agradecía que lo hubiera hecho.
Aun así, le preocupaba Lori Anne. Ashley le aseguró que hablaría con ella y se lo explicaría todo.
Para empezar de cero habían decidido hacer algo juntos el fin de semana, algo divertido de lo que los tres pudieran disfrutar.
Al llegar a casa, encontró a su madre en la cocina preparando unos bocadillos de jamón para los nietos de la vecina. Grace Tanner había ido a comprar y su madre se había quedado al cargo de ellos.
–¿No van a tomar sopa? –preguntó Brent.
–Han pedido bocadillos y Doritos.
–¿Dónde están?
–La última vez que los he visto iban por la calle con una pandilla de críos de la otra manzana. Les he dicho que volvieran antes de las doce y media.
Cogió una rebanada de pan de trigo.
–Ya solo falta uno. La AIM ha llegado a un acuerdo esta mañana.
–¿Hank quiere su final triunfal?
–Como siempre. Parece que estas cosas le dan vida.
Sonó el teléfono fijo. Se dirigió hasta él y contestó.
Era Hank.
–Chris Bozin está muerto.
–¿Muerto? Pero si anoche estuvo aquí en mi casa...
Para entregarle un sobre.
–Pues ahora está muerto. Cáncer de próstata.
Se obligó a mantener la voz serena.
–Nadie lo habría dicho. Qué bien disimulaba.
–Al parecer lo mantuvo en secreto. No se lo dijo a nadie.
–Vaya, qué pena. Parecía un buen hombre. ¿Qué hay de las negociaciones?
–Esta tarde se han suspendido por consideración. Brent, ¿para qué fue a tu casa Bozin anoche?
–Buena pregunta. Cuando lo averigüe, te lo haré saber.
Colgó y le contó a su madre lo ocurrido.
–Pobre hombre –dijo.
–Me salto la comida. Tengo que volver a la fábrica.
No obstante, antes de hacerlo, salió de la cocina y subió a la planta de arriba, con las palabras de Bozin resonándole en los oídos.
«Para mí es importante saber que alguien en la empresa tiene esta información. Me gustaría que lo guardaras en un lugar seguro. Si por algún motivo quedo incapacitado, o muero, por favor, haz exactamente lo que indica dentro».
Había respetado su petición y no le había hablado a nadie del sobre, ni siquiera a su madre.
Todo aquello era muy extraño, aunque ahora que sabía lo de la enfermedad secreta de Bozin y su muerte repentina parecía un poco más claro.
Sacó el sobre de la parte superior de su armario, rompió el precinto y esparció el contenido sobre la cama.
Cuatro objetos.
Dos hojas de papel dobladas en tres partes y pegadas con cinta adhesiva. Una memoria USB. Y una micrograbadora con una cinta insertada. En una de las hojas, por fuera, había escrito:
LEE ESTO PRIMERO
En la otra:
LEE ESTO AL FINAL
Siguiendo las instrucciones de Bozin, rompió la cinta adhesiva que mantenía cerrada la hoja. Dentro había una nota manuscrita.
Te agradezco que hayas seguido mis indicaciones.
Es importante hacerlo. He preparado un relato en la memoria USB adjunta.
Por favor, léelo en privado y luego abre la última hoja, la que has de leer al final.
Una vez que hayas visto lo que hay en la memoria y hayas escuchado la grabación, te quedará todo claro.
Gracias por tu servicio y por tu paciencia.
Christopher Bozin
Lo primero que pensó fue en saltarse las indicaciones y leer la otra nota de inmediato.
Pero el abogado que llevaba dentro le asesoró en sentido contrario.
Bozin le había confiado algo importante y era evidente que había dedicado tiempo a organizarlo todo.
Lo mínimo que podía hacer era seguir sus deseos estrictamente.
Y no allí.
Ir al despacho. Aquello eran negocios.
De manera que volvió a meterlo todo en el sobre, bajó corriendo las escaleras y se despidió de su madre. Fuera, se subió al jeep y se marchó. Cuando había recorrido unos cuatrocientos metros se cruzó con James y Grant, que iban pedaleando en sus bicicletas, camino a casa de los padres de Brent.
Los saludó con el claxon. Ellos le devolvieron el saludo con la mano.
Al dejar atrás a los niños, miró por el retrovisor para verlos, pero lo que vio fue un Buick azul oscuro que acababa de doblar la esquina tras él.
13:00 h
Lee esperó pacientemente toda la mañana.
Recibió la primera llamada en la Torre Azul en torno al mediodía.
Un tercio de la Southern Republic Pulp and Paper Company estaba muerto.
La planta veintinueve se vistió de luto.
Nancy Fringe se desmayó de la conmoción y hubo que llevarla a urgencias.
Él y Hughes mostraron su consternación por la prematura desaparición de su socio retirándose a sus despachos privados con el pretexto de querer estar solos. Ninguno de los dos estaba dolido.
Lo que hicieron fue aguardar a la siguiente llamada.
–Me estaba esperando –dijo De Florio–. Fue muy colaborador.
Han encontrado su cuerpo sin vida esta mañana en torno a las diez.
Han acudido un médico y el forense. Se ha verificado la muerte, coherente con el procesamiento.
El cadáver se ha trasladado inmediatamente a Savannah y en estos momentos está siendo incinerado.
–¿Dijo algo?
–Me deseó suerte.
–¿Para qué?
–No me lo dijo.
–¿Mencionó algo más?
–Nada de interés.
–De acuerdo. Ese problema ya es historia. ¿Qué hay de Reed y de Walker?
–Antes de regresar a casa ayer por la tarde, Bozin visitó la residencia de los Walker. Entró con un sobre marrón y estuvo allí unos treinta minutos. Salió sin nada en las manos.
No sonaba bien.
–¿Y qué hay de Walker?
–Ha asistido a las negociaciones durante toda la mañana y luego se ha ido a casa a comer. Al cabo de unos minutos, ha vuelto a la fábrica. Y llevaba un sobre marrón.
No sonaba nada bien.
–¿Y Reed?
–Ha estado presente en las negociaciones toda la mañana. Cuando se ha anunciado la muerte de Bozin, ha salido de la sala inmediatamente para hacer una llamada. La última vez que me han informado Reed seguía en el Comfort Inn.
–Tenemos preparada una nota de prensa. Creo que es el momento de hacerla pública.
–¿Qué quiere que haga?
–No sabemos exactamente qué ha hecho Bozin, así que no podemos actuar hasta que todo esté algo más claro.
Ese sobre marrón desde luego es preocupante.
Pero, ahora mismo, nada indica que ni Reed ni Walker puedan o quieran hacernos daño.
Bozin podría haber ido de farol con la esperanza de que cometiéramos un error y nosotros mismos nos delatáramos.
Era un tipo listo y saltar a ciegas podría originarnos más problemas.
Por ahora, mantened vigilados a esos dos. Con discreción.
13:25 h
Cuando Brent regresó al Edificio B supo que habían convocado a su jefe en Hickory Row.
La información que empezaba a filtrarse con cuentagotas era que a Bozin lo habían hallado a media mañana, cuando el personal doméstico había empezado a preocuparse.
Lo encontraron acurrucado bajo la manta, aparentemente dormido.
Había muerto en algún momento de la noche.
Mandaron llamar al forense, pero, como no era médico, sino un mero supervisor de la cadena de montaje de la fábrica elegido para ocupar aquel puesto, también se hizo venir a un médico.
La causa oficial de la muerte fue fallo cardíaco provocado por el estrés causado por un cáncer de próstata.
En la casa se halló un frasco de medicamentos recetados a Bozin por un doctor de Atlanta, quien verificó el cáncer y su gravedad.
Era un momento triste y una sensación de solemnidad dominaba el edificio.