La lista DÍA 10JUEVES, 15 DE JUNIO #2
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DÍA 10JUEVES, 15 DE JUNIO #2

A Brent le fascinaba contemplar a la otra parte en acción. No era muy distinto de lo que Hank y él solían hacer: tramar, planificar, intentar adivinar cuál sería el paso siguiente de la empresa...

–¿Quién le proporciona asesoramiento legal a Hank ahora? –preguntó Bozin.

–Un abogado local llamado Lou Greene se encarga de todos sus escritos jurídicos –aclaró el director de personal–. Hank habla muy bien de él. Más o menos como solía hablar de ti, Brent.

Agradeció el comentario con un asentimiento de cabeza.

–¿Aún le permitimos a Hank entrar y salir a su antojo? –preguntó Bozin.

–Es la mejor manera de tenerlo controlado.

Todo el grupo rio.

–Debemos dar por supuesto que Reed tendrá todos sus cabos bien atados –dijo el director ejecutivo–. Siempre lo hace. Deberíamos prepararnos para luchar.

–Estoy de acuerdo –convino Bozin con un gesto de asentimiento–. Lo que mejor se le da a Reed son las negociaciones. No lo subestimemos.

La reunión duró otra media hora, hasta dar por ultimada la posición negociadora de la empresa.

Antes de levantar la sesión, Bozin dijo que tenía que hacer un viaje rápido a Atlanta al día siguiente, pero que estaría de regreso el domingo y acudiría en persona a la apertura de las negociaciones el lunes por la mañana.

Mientras los asistentes se disponían a abandonar la sala de reuniones, Bozin lo llamó:

–Brent, quédate, me gustaría hablar contigo un momento. A solas.

Permanecieron en la sala de reuniones a puerta cerrada.

Bozin tomó la voz cantante:

–Tengo curiosidad, ¿cómo tuviste noticia de la vacante en la oficina del asesor jurídico?

–Vi un anuncio en el Georgia Law Journal. Pura casualidad, debo decir.

Bozin asintió con la cabeza.

–Es una lástima lo que le sucedió a tu predecesor. Una muerte repentina e inesperada. Era un buen hombre. Somos afortunados de haber encontrado a alguien de tu calibre.

–¿Quiere decir con eso «alguien que solía estar conectado con Hank Reed»?

–Mentiría si te dijera que no fue un factor que tuviéramos en cuenta a la hora de decidirnos. Pero también te contratamos porque eres un buen abogado. El fiscal del distrito del condado de Fulton nos dio muy buenas referencias de ti.

Sentaba bien saberlo.

–Sin embargo, afrontemos la realidad. En el pasado, Reed y tú nos causasteis muchos quebraderos de cabeza –dijo Bozin.

Brent sonrió.

–Solo hacía mi trabajo.

–Los buenos abogados abundan –continuó Bozin–.

Lo que cuesta encontrar son buenos abogados que entiendan de política.

Y es más difícil aún dar con un buen abogado que entienda de política y a Hank Reed.

De hecho, es posible que tú seas el único que puebla este planeta.

Aunque nunca se lo confesaría, Concord nunca ha estado mejor gobernado que cuando Hank era alcalde.

Supo cómo conseguir que lo eligieran, mantenerse en el cargo y gobernar.

Bozin le sonrió.

Brent le devolvió la sonrisa y dijo:

–Le guardaré el secreto.

–Cuando supe que habías solicitado el puesto en nuestro departamento jurídico, fui el único que hizo campaña personal por contratarte.

Eso sí que era una novedad.

–¿Por qué?

–Si te soy sincero, pensé que nos vendría bien tener a alguien en nómina que pudiera hacer entrar en razón a Reed... en caso necesario.

Primero Hank había ido a pedirle ayuda con la empresa. Y ahora la empresa quería que les ayudara con Hank.

–No estoy seguro de lo que puedo hacer.

–Podrías ayudarnos a llegar a un acuerdo con él.

–Haré lo que pueda. Pero, por lo general, Hank hace lo que quiere, no lo que yo le digo.

Bozin sonrió.

–Estoy seguro de que Hank te escucha más de lo que quieres hacerme creer. Y me decepcionaría si todavía no sintieras cierta lealtad y conexión con él.

Más de las que ese hombre creía, pensó para sus adentros. Pero se limitó a decir:

–Le debo mucho.

–Y, si pensaras que le estamos engañando, se lo dirías, ¿no es cierto?

Bozin hablaba con un tono más profundo.

¿Lo estaba sometiendo a alguna prueba?

–Lo que yo esperaría es que la empresa fuera sincera en sus tratos con todos sus empleados.

El viejo sonrió.

–Veo que, además, tienes buenos reflejos mentales.

Brent no dijo nada.

Finalmente, Bozin rompió el silencio:

–He solicitado que asistieras a las negociaciones.

Quiero que entiendas el proceso desde el bando de la empresa.

¿Quién sabe? Tal vez algún día acabes siendo nuestro director jurídico.

Tienes que familiarizarte con nuestra manera de hacer las cosas.

Estas negociaciones solo se producen una vez cada pocos años, de manera que debemos aprovechar la oportunidad.

Quiero que me des tu opinión sobre Hank, sin violar la confidencialidad.

Brent asintió con la cabeza.

–Me parece justo.

Bozin empujó su silla hacia atrás, señalando que la conversación había concluido. Brent también se puso en pie. Bozin le tendió la mano.

–Me ha gustado hablar contigo. Quiero que sepas que me alegro de que seas el nuevo ayudante de nuestro director jurídico.

Chris esperó a que Brent Walker abandonara la sala de reuniones, y después salió. El joven abogado fue en una dirección, mientras él avanzaba en la contraria por el pasillo enmoquetado. Antes de doblar la esquina, se detuvo y volvió la vista atrás.

Le había dicho a Brent una verdad a medias.

En efecto, estaba contento con su elección.

Pero también había incorporado al joven en las reuniones de personal porque quería que conociera de primera mano la posición negociadora de la empresa.

Poco importaba si le explicaba o no los detalles a Hank Reed. Cinco años. Tres años.

¿Qué más daba?

La muerte del ayudante del director jurídico de la empresa, su suicidio, había sido tan desafortunada como azarosa.

No hubo decisiones de Prioridades implicadas.

Fue uno de esos eventos fortuitos que podían convertirse en una ventaja.

La verdadera cuestión ahora era si Brent Walker estaría a la altura de lo que Chris tenía en mente.

Acababa de hacer la evaluación clave para su plan con sus socios.

Lo que antes le generaba dudas... ya estaba resuelto.

18:43 h

Jon entró en el vestíbulo del Belvedere por las puertas giratorias con marco de latón.

El hotel ocupaba un imponente edificio de piedra, terracota y mármol.

Era uno de los más grandes del centro urbano de Atlanta, un nexo tanto para viajeros como para lugareños que acudían allí seducidos por sus múltiples restaurantes y los salones que salpicaban su interior abierto.

Sobre el vestíbulo se elevaba un patio interior panorámico de treinta y cinco plantas de altura.

Balcones con barandillas cubiertos de enredaderas floridas recorrían los distintos niveles desde el suelo hasta el techo acristalado.

El paseo central se elevaba tres pisos, con tiendas chic y bares opulentos en cada nivel.

Había plantas de interior y palmeras de plumas en abundancia, y una cascada formada por agua que fluía de fuentes, todo ello con música en directo interpretada en algún lugar en la distancia.

Empezaba a formarse una multitud con la gente que acudía a cenar, en gran medida caballeros trajeados y damas con vestido de noche.

Jon encajaba en el ambiente, adecuadamente ataviado con el traje de color azul marino de Hart Schaffner Marx que había llevado al trabajo.

Hamilton Lee le había telefoneado hacía una hora y lo había pillado justo antes de que saliera de la Torre Azul.

Lee le había pedido que hiciera un alto en el Café Carmón, donde su mujer y él tenían una cena a las seis.

Era importante que hablaran sin tardanza.

Se dirigió con paso decidido hasta el jefe de sala y vio a su jefe socializando en una de las mesas cubiertas con mantel.

Era evidente que Lee había estado atento a su llegada y se excusó inmediatamente.

–Te agradezco que hayas venido –le dijo Lee–. ¿Me acompañas?

Su jefe abrió camino mientras se dirigían tranquilamente hacia el lado opuesto del atrio y se apropiaban de un pequeño rincón junto a una de las fuentes.

–Quería darle al señor Bozin tiempo de llegar a Concord a la par que me lo daba a mí para reflexionar pausadamente antes de hablar contigo –anunció Lee–.

La junta está de acuerdo con las indicaciones que ya te he dado.

Averigua si Reed tiene la lista. En caso afirmativo, recupérala, pero necesitamos descubrir si la ha descifrado.

O si ha intentado hacerlo. Tenemos que contener esta situación y no actuar durante un tiempo.

Jon asintió con la cabeza para indicar que le entendía.

–Además, el señor Bozin estará en Concord para las negociaciones. Ha pedido que le informes directamente a él. Hazlo. Pero, Jon, yo también quiero que me mantengas informado, por separado y aparte... y antes que a nadie.

Volvió a asentir.

–El señor Hughes y yo queremos que vigiles al señor Bozin. Sin entrar en más detalle, baste decir que nos preocupa.

Hacía tiempo que notaba tensiones entre los dueños.

Era comprensible, a tenor de sus diferencias.

Bozin tenía una filosofía muy distinta de los otros dos.

Era más cauteloso. Procuraba seguir los procedimientos.

No se arriesgaba y no le gustaba que los otros lo hicieran tampoco.

A decir verdad, Jon prefería esa metodología.

–¿En qué grado debo implicarme en la vigilancia del señor Bozin? No me gusta que me metan en medio. Trabajo para los tres, sin favoritismos.

–No te encargaría esto si no pensara que es esencial. Basta con que compruebes qué hace y con quién habla. Tenemos una posible brecha en el sistema de Prioridades. Y grave. Huelga decir que no quiero asumir más riesgos.

–¿Debo reportarle la información sobre el señor Bozin directamente a usted?

Lee hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

–En cuanto a Reed, solo estoy autorizado a observar e informar, ¿no es así?

–Correcto –contestó Lee–. Por ahora.