La lista DÍA 7LUNES, 12 DE JUNIO
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DÍA 7LUNES, 12 DE JUNIO

8:05 h

Chris atravesó la planta veintinueve de la Torre Azul para dirigirse, en el lado opuesto del rincón de dirección, al conjunto de oficinas que ocupaban el Departamento de Ventas y el jefe de seguridad de la empresa.

El despacho de Jon de Florio no era tan prestigioso como el suyo, el de Lee o el de Hughes, pero era muy digno y, además, su cargo procedía con dos subordinados y un auxiliar administrativo. Más que suficiente para ocuparse de las escasas responsabilidades que el puesto comportaba en realidad.

Vio que la mesa del auxiliar estaba vacía. De Florio y él solían ser los primeros en llegar cada mañana. Se detuvo ante la puerta abierta del despacho privado.

–Has llegado muy lejos –dijo en voz baja.

De Florio, enmarcado por una mañana nublada que parecía aún más gris filtrada a través de los vidrios tintados, alzó la vista de su lectura.

–¿Cuánto ha pasado ya? ¿Quince años? Has hecho mucho aquí.

–El Programa Prioridad es un flujo constante –dijo De Florio con su habitual voz baja.

–No como al principio, ¿verdad? La manera de establecer las Prioridades era caprichosa.

Nunca pensamos en un patrón, en variantes ni en verificación.

Los pequeños detalles que marcan la diferencia.

Pero tú lo solucionaste, Jon. El reglamento que estableciste ha demostrado ser sólido.

El éxito del programa es directamente atribuible a tu trabajo.

–Le agradezco sus palabras, señor Bozin. He intentado hacer un buen trabajo.

Chris entró.

–¿Te gusta tu puesto, Jon?

–Este despacho, mi título, sí, son medidas de respetabilidad de las que mi verdadera profesión no suele gozar.

Le gustaba que entre ellos no hubiera fingimiento. Ni secretos.

–Me he dado cuenta de que últimamente pasas más tiempo aquí del que solías.

De Florio asintió con la cabeza.

–He decidido prestar más atención a mi cargo público. Mis colaboradores son competentes y gestionan las órdenes del Programa Prioridad con eficiencia. No necesitan que los controle. Por ese motivo solicité un tercer colaborador a principios de este año.

–Según tengo entendido, vuelves a tener solo dos.

–Por desgracia, tuve que finiquitar el empleo de uno.

–¿Su pérdida será un problema?

–Ya estoy buscando a un sustituto. Deberíamos haber incorporado a alguien antes de agosto.

Por suerte, los expedientes de las tres nuevas Prioridades aprobadas hace unos días se generaron en abril.

Lo que más tiempo lleva es el trabajo previo.

La vigilancia in situ. La revisión de los informes.

Mis colaboradores dedican aproximadamente el ochenta por ciento de su tiempo a generar los expedientes y el veinte a procesarlos.

–Pero ese ochenta por ciento es tiempo bien empleado.

De Florio asintió.

–Existe una correlación demostrada entre un procesamiento con éxito y un expediente exhaustivo.

A Chris le impresionó la frialdad con la que el hombre que tenía sentado enfrente hablaba de asesinar.

–Además –continuó De Florio–, supongo que ahora que se avecinan las negociaciones con los sindicatos habrá otro paréntesis de uno o dos meses en la aprobación de nuevas Prioridades, como en el pasado.

–Es de suponer. La negociaciones tienden a consumir la atención de todo el mundo, al menos durante un tiempo. Siendo realistas, hasta julio no creo que se añadan nuevos nombres a la lista. –Señaló el montón de correo y expedientes apilados en un rincón–. Pareces tener trabajo que hacer.

–Hace días que no lo reviso. He estado ocupado con los procesamientos de la lista de mayo y supervisando la formación del nuevo colaborador.

Le sonrió.

–Te dejo que vuelvas al trabajo. No pretendía interrumpir.

Salió del despacho y se encaminó hacia el rincón de dirección, satisfecho con lo que acababa de averiguar. De Florio y solo dos colaboradores.

Hasta agosto.

Perfecto.

8:20 h

Jon centró su atención en el montón de papeles que tenía sobre el escritorio, pensando que quizá aquella fuera la conversación más larga que había tenido con Christopher Bozin en toda su vida.

No le entusiasmaba el papeleo administrativo que comportaba su nuevo empleo y solía delegarlo en gran medida en su ayudante. Pero algunas cosas no podía transferírselas, aunque solo fuera por guardar las apariencias, y empezó a hojear los diversos memorándums que requerían su firma.

La mayoría eran informes de sus dos subordinados.

Echó un vistazo a unos cuantos. Uno tenía que ver con la resolución de una situación de robo problemática en la fábrica de bolsas de Concord que le había costado a la empresa miles de dólares.

Media docena guardaban relación con cambios de personal que exigían su aprobación.

También tenía allí para supervisar el presupuesto preliminar del Departamento de Seguridad, preparado por su auxiliar administrativo, ya que el año fiscal concluía el 30 de junio.

Sin embargo, hubo una nota interna al final del montón que captó toda su atención.

PARA: J. De Florio

DE: Sistemas Informáticos, Papelera de Concord

FECHA: 9 de junio

ASUNTO: Subida de tensión / ¿Fallo de seguridad?

Un examen rutinario del núcleo principal de ordenadores ha revelado daños eléctricos en los circuitos de acceso seguro.

Se produjeron cortes eléctricos durante las tormentas eléctricas de esta semana.

No se ha detectado ningún daño específico, pero sí se ha hallado una placa de circuitos quemada.

Es posible que la causa fuera el impacto de un rayo.

Los protectores ante subidas de tensión se activaron y se cree que aislaron el sistema.

No obstante, podría haber habido alguna filtración en el sistema de acceso seguro que hubiera permitido la consulta de los archivos protegidos durante un breve espacio de tiempo (aproximadamente 1 o 2 minutos).

La hora del día a la que se produjo el corte de suministro hace improbable cualquier acceso real.

Las tormentas alcanzaron su apogeo después de las 21:00 horas, cuando la inmensa mayoría de los terminales con acceso potencial estaban en desuso.

Simplemente quería mantenerlo al corriente de la posibilidad.

¿Qué día de la semana había ocurrido aquello?

La nota tenía fecha del viernes pasado y no especificaba nada más allá de «esta semana».

Descolgó el teléfono, marcó el número de Concord y se puso en contacto con el remitente, manteniendo un tono de voz sosegado y cordial.

–He recibido tu nota sobre un posible acceso a los archivos seguros. Mencionas cortes de suministro durante las tormentas de la semana pasada. ¿Exactamente qué día de la semana ocurrieron?

–Cuesta saberlo con certeza, pero la peor tormenta tuvo lugar el martes pasado, el día 6, y probablemente fuera la que causó el daño. Aun así, volvió a haber tormentas el miércoles y el jueves.

–¿Hay alguna prueba de que se haya accedido a los archivos protegidos?

–Por nuestra parte, no. Pero tampoco las habría. Utilizamos el sistema de acceso seguro como protección. Eso sí, cada uno de los terminales conserva un registro en sus directorios de acceso a los archivos.

–¿Sabemos qué terminales estaban operativos durante las tormentas?

–Pues no hemos llegado tan lejos. No tenía previsto hacerlo.

Ningún departamento ha hecho peticiones de mantenimiento.

Ni siquiera sabemos si se produjo alguna vulneración del sistema.

Y aunque la hubiera, solo habría durado un minuto, dos a lo sumo.

Las posibilidades de acceso en ese momento del día son mínimas.

–Estoy seguro de que tienes razón –dijo, solo para complacer a su interlocutor– y aprecio tu meticulosidad. Pero ¿por qué se ha tardado una semana en detectar esto?

–No se produjo ninguna avería y, por algún motivo, el sistema de respaldo no activó ninguna alerta en los paneles de control.

Y eso, por cierto, también podría ser indicativo de que el sistema no llegó a fallar.

Por eso en mi nota decía que «podría haber habido» y puse signos de interrogación en la línea del asunto.

Detectamos el desperfecto al examinar físicamente el sistema el viernes, mientras hacíamos trabajos de rutina.

En cuanto lo pusieron en mi conocimiento, creí que debía informar de ello.

Mi gente me dice que es muy probable que no se produjera ningún acceso al sistema seguro.

Jon le dio las gracias y colgó.

Pero no estaba convencido del todo.

9:25 h

Hamilton Lee se estaba cambiando de ropa en el cuarto de baño de mármol contiguo a su despacho, reemplazando su traje Armani por un polo de punto y unos pantalones de golf Ralph Lauren.

–¿Qué problema hay? –gritó, al ver que De Florio entraba en su despacho y cerraba la puerta.

Salió del cuarto de baño.

–El Departamento de Informática me ha informado de un posible fallo del código de acceso seguro que protege los archivos personales de la junta, incluidos los del Programa Prioridad.

El fallo pudo producirse el pasado martes, durante la tormenta eléctrica en Concord.

Ese mismo día, Marlene Rhoden trabajó hasta tarde y robó las notas internas que habíamos dejado para ella.

–¿Y crees que pudo tener acceso a los archivos protegidos?

–Se me ha pasado por la cabeza.

–¿Alguna prueba?

–En nuestro sistema, no. Pero su terminal podría ayudarnos a corroborarlo.

–¿Qué te hace pensar que quisiera tener acceso a los archivos del Programa Prioridad?

–Años de ser paranoico.

Sonrió. No le preocupaba tanto como parecía preocuparle a De Florio, pero tampoco era ningún insensato.

–Verifícalo.

–Eso pensaba hacer. ¿Prefiere que suspendamos el procesamiento del resto de la lista de mayo mientras tanto?

–¿Cómo van los progresos en ese sentido?

–Los Números 6 y 8 están completados. El procesamiento del 7 se ejecutará en breve.

Sopesó la petición, pero tenía partido de golf a las 11:30 horas y tenía que haber acabado antes de las 16:00.

Su mujer se lo había dejado muy claro. Empezaba la temporada de verano en sociedad y no quería llegar tarde al primer evento, esa tarde.

Y él no quería perder los dólares que se ahorrarían con la última Prioridad.

Hasta el último penique contaba.

–Seguid adelante.

12:55 h

Chris llevaba puesta una bata de lunares, abierta por detrás, idéntica a la que había llevado gran parte del fin de semana.