DÍA 2MIÉRCOLES, 7 DE JUNIO #9
–Di por sentado que la dosis era más que suficiente para conseguir el resultado deseado.
–¿Había alguien cerca? ¿Algún riesgo de ser detectado?
Richey negó con la cabeza.
–La Prioridad iba a pasar la noche sola. Su mujer había salido. Yo me colé e hice el cambio antes. Se tomaba la medicina a las siete de la tarde cada día. A las nueve ya debería haber muerto.
–¿Por qué no te tomaste el tiempo de asegurarte?
–Fue un error por mi parte.
–Lo fue. Por consideración a Victor, por ser nuevo, yo concluiré el informe. Anoche hice que Frank volviera a visitar a la Prioridad Número 3 de la lista de mayo. La muerte se indujo mediante envenenamiento con un gas tóxico, que concluyó el procesamiento.
Se puso en pie y se dirigió al bar.
–Milo, creía que entendías las reglas por las que nos regimos.
–Y lo hago –se defendió Richey–. Es mi primer error en dos años.
De Florio se sirvió un vaso de agua mineral y le añadió un par de cubitos del frigorífico que había bajo la barra.
–Frank, por el bien de Victor, ¿podrías por favor explicar el procedimiento correcto?
Barnard se volvió hacia Jacks.
–El expediente indica el criterio de procesamiento.
Si no se han establecido criterios, decidimos la muerte a nuestra discreción.
Por supuesto, debe ser indetectable y no levantar sospechas.
Por eso, examinamos previamente a la Prioridad para conocer su estilo de vida y sus hábitos.
Mucha de la información que necesitamos puede encontrarse en los informes de la empresa o de otras empresas controladas por la Southern Republic.
Tenemos acceso a una amplia variedad de informes bancarios, médicos y de seguros.
En la mayoría de las ocasiones, ese estudio previo revela el método más apropiado para el procesamiento.
Normalmente, optamos por una inducción química.
Disponemos de muchos agentes que provocan una muerte instantánea y no dejan residuos.
La mayor parte provoca fallos biológicos.
El compuesto que más solemos administrar es un derivado de la acetomorfina.
Induce un fallo cardíaco sin dejar rastro.
El anhídrido de berilio tiene el mismo efecto en los riñones.
Y el clorhidrato, en los pulmones. El metabolismo se encarga de expulsarlos mientras trabajamos.
Las muertes accidentales son arriesgadas.
Pero se utilizan cuando es necesario para ser coherentes con los criterios de procesamiento.
El señor De Florio prefiere usar variantes.
No queremos llamar la atención estableciendo un patrón.
Para garantizar la diversificación, todas las decisiones de procesamiento, incluidos los medios reales de muerte, tienen que recibir aprobación antes de implementarse.
Una vez procesada, la muerte debe verificarse y debe informarse de ella enseguida.
–Por favor, repite la última parte –dijo De Florio.
–La muerte debe verificarse y luego informarse de ella.
–¿Y eso por qué? –preguntó Jacks.
–Porque el riesgo de detección aumenta por encima de los límites aceptables si se requiere más de un intento de procesamiento.
Apuró el agua mineral de un trago y dejó el vaso con fuerza sobre la encimera de mármol.
–Como en este caso. El riesgo de detección en el segundo encuentro de anoche era alto.
Frank tuvo que entrar y salir del sanatorio sin que nadie se diera cuenta.
Por suerte, la Prioridad se encontraba en una instalación que controlamos.
–Hizo una pausa–. En el primer encuentro contábamos con la ventaja de la planificación, la sorpresa y la experiencia.
Un segundo encuentro, aunque no haya nada que pueda sugerir un acto delictivo, limita nuestra área operativa y restringe el campo de acción.
Nos resta opciones. En suma, perdemos la ventaja.
Nadie dijo nada.
–Y hay una cosa más. En el caso que estamos analizando ahora, la Prioridad sobrevivió al primer encuentro y tuvo que recibir tratamiento médico, lo cual incrementa nuestros costes, porque la empresa deberá pagar esos gastos médicos adicionales debido a nuestro error.
Y eso es inaceptable. Este es un programa para ahorrar costes, no para generarlos.
La premisa es clara. La próxima vez hay que hacerlo bien. Punto final.
–Entendido, señor De Florio –dijo Richey–. Le aseguro que no volveré a cometer el mismo error.
De Florio metió la mano bajo la encimera y cogió la pistola.
La levantó, apuntó y disparó. La bala pasó rozando a Victor Jacks, que pareció momentáneamente desconcertado.
Un hilillo de sangre empezó a manar al instante de un agujero en la sien izquierda de Milo Richey.
La bala salió por la derecha, salpicando de sangre el sofá.
Richey quedó con la cabeza inclinada hacia un lado y el cuerpo desplomado en los cojines, con los ojos abiertos de par en par en el momento de su muerte.
–No, no volverás a cometer el mismo error –dijo, bajando la pistola con silenciador y colocándola nuevamente bajo la encimera.
Nadie se movió. Supuso que Frank Barnard se lo esperaba y Jacks, pese a ser el novato, seguramente era lo bastante profesional para entenderlo.
Se dirigió a la mesa de centro.
–Los dos expedientes de arriba son para ti, Frank, y el de abajo es para Victor. Será tu debut. Se explican por sí solos. Por favor, actuad de inmediato. Y no quiero volver a tener esta conversación.