Final
Los hombres se extrañaron cuando una chica joven apareció en la puerta de su salón. Se suponía que las chicas estaban al otro lado del hotel.
—Perdón por la interrupción, pero es algo urgente —aclaró Verónica, antes de que los organizadores le pidieran retirarse—.
¿Está Fernando Martin? —preguntó, tomándolo por sorpresa.
Él abrió sus ojos y levantó la mano, identificándose mientras se acercaba a la puerta—.
Tu novia se desmayó y te espera en la enfermería —explicó.
Fernando jamás imaginó escuchar esas palabras; no lo pensó más y dejó todo tirado para salir corriendo en busca de su novia.
Su corazón latía acelerado, la adrenalina corría por sus venas y parecía acelerarle las piernas, porque en poco tiempo logró estar en la enfermería, que quedaba junto a la recepción del hotel, el lado opuesto de donde él se encontraba.
—Bueno, Ximena, espero que ya te sientas mejor. Sigue tomándote ese vaso de agua con calma, mientras esperamos a que salga el resultado —escuchó decir a una mujer joven y muy amable.
Se asomó y su mirada se encontró con la de su novia; se veía nerviosa, así que entró sin pedir permiso.
—Buenas tardes —saludó y le agarró la mano a Xime apenas llegó a su lado.
—Te estábamos esperando —dijo la enfermera y les sonrió—. Esta bella dama ya se encuentra mejor, solo se descompensó un poco —comentó para calmarlo, aunque él no lograba entender nada y su novia no soltaba una sola palabra, solo tomaba pequeños sorbos de agua y observaba atenta.
—¿Qué fue lo que pasó? Chiquita, ¿estás bien? —La miró y recibió como respuesta un puchero con un movimiento de cabeza, afirmando.
—Ya pasó el tiempo. ¿Lista? —le preguntó la enfermera y él se sentía más confundido, hasta que la joven mostró un tubito en su mano.
Fernando se quedó de una pieza al comprender lo que le mostraban, giró hacia su novia y la encontró mordiendo su labio con nerviosismo.
La enfermera giró la prueba y ante sus ojos se reveló el resultado, ante el que asintió como respuesta.
Dos lágrimas resbalaron por las mejillas de Ximena; él no supo si fueron los nervios o qué, pero estalló en una carcajada.
—Perdón, perdón —se excusó cuando se encontró con la mirada malhumorada de su novia—.
Esto no lo pudiste controlar —dijo con diversión y pasó el pulgar por su mejilla, limpiando el rastro de las lágrimas—.
Perdón por reírme, pero son los nervios, aunque estoy feliz —explicó, uniendo sus frentes y vio la sonrisa que se marcó en el rostro de ella.
—También tengo nervios —admitió, con voz entrecortada—, pero ¡vamos a ser papás! —dijo, emocionada, y él le besó la frente.
—Tienes de ocho a diez semanas —le informó la enfermera y a ambos se les desorbitaron los ojos.
La posibilidad de estar embarazada era algo que no se le pasó por la cabeza a Ximena.
De verdad estaba convencida de que era la comida lo que le hizo daño.
Según ella, nada en su cuerpo había cambiado, sangró poco, pero en las fechas correspondientes.
Cuando le comentó eso a la enfermera, esta le explicó que en algunos embarazos pasaba al inicio y no era sangrado de menstruación, sino por el cambio hormonal y la implantación del embrión.
Ambos estaban en shock, sin saber qué pensar.
Ella siempre estuvo convencida de que planearía en qué momento quedaría embarazada y la vida le estaba dando una lección: no todo se puede planear.
Pero la enseñanza principal era que debía estar más pendiente de sus asuntos personales y no descuidarlos por el trabajo, porque el tiempo de revisión y cambio del dispositivo intrauterino, se había vencido.
—¿Hay algún riesgo teniendo el DIU? —le preguntó a la enfermera y la cara que hizo no la tranquilizó.
—Bueno, siempre hay riesgos en un embarazo; mi recomendación es que apenas regreses del viaje saques una cita médica para que revisen todo, porque tienes un dispositivo hormonal que ocupa un espacio que se necesita, por más pequeño que sea.
Pero hasta que un doctor te revise, no podrá decirte las opciones que tienen —les informó y esas palabras solo lograron poner a Ximena más ansiosa, preocupada y con ganas de llorar.
Que la noticia del embarazo la tomara por sorpresa, en especial llevando tan poco tiempo de relación con Fernando, no significaba que no deseara tener un hijo con él; de hecho, desde que supo el resultado de la prueba, no se imaginaba un futuro diferente.
La ilusionaba empezar una familia a su lado, pero temía que las cosas se complicaran.
Fer estaba callado y solo aferrado a la mano de su novia, dejándole saber que estaba a su lado.
También estaba preocupado y su cabeza parecía no dejar de darle vueltas a la situación, por lo que Ximena llamó su atención al apretarle fuerte la mano.
Él levantó la mirada y le sonrió; al menos eso intentó, porque se marcó una mueca tensa en su rostro.
—Los cuidaré muchísimo y nada malo les va a pasar —susurró contra los labios de su chica y cerró su promesa con un beso. Ella asintió, aceptando lo que le decía e intentando calmarse; sin embargo, no dejaba de pensar en que había cosas que se salían de sus manos, por más promesas que se hicieran.
Necesito alejar esos malos pensamientos, porque estoy convencida de que lo que uno tanto piensa, lo atrae.
Me concentraré en cosas buenas, nada malo pasará y criaré a mi bebé junto al de Sam, compartiremos nuestra maternidad y este será el inicio de nuestra familia con Fer , se dijo con los ojos cerrados, intentando recrear las imágenes, para que se sintieran más fuertes sus deseos.
—Todavía no le digamos a nadie. Hasta después de la revisión con el médico —le pidió a su novio y este estuvo de acuerdo.
—Ahora es momento de disfrutar la noticia entre nosotros dos, apoyar a mi mamá en su debut y dejar de pensar en cosas que no ayudan en nada —dijo con convicción y posó su mano sobre el vientre plano.
La enfermera les hizo algunas sugerencias de alimentos y un horario para manejar los malestares durante los pocos días que quedaban del viaje.
Volvieron a la habitación y decidieron descansar un poco; se abrazaron en la cama en completo silencio.
No era necesario que hablaran; ambos sabían lo que pasaba por la cabeza del otro y compartían el mismo miedo.
Al final se quedaron dormidos unas dos horas, que cayeron de perlas para que renovaran la actitud frente a los acontecimientos.
Ese día era especial para Donna y debían estar para ella. Ximena respiró profundo y decidió que pondría todo de su parte para que las cosas salieran bien, pero si algo pasaba, aceptaría y tomaría lo mejor de eso, como una enseñanza dolorosa y valiosa.
Se levantó de la cama y despertó a su novio con un ataque de besos en todo el rostro.
—¡Chiquita! —Soltó una carcajada, la atrapó por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo. Abrazó con fuerza y la besó con devoción total, como si ella fuera lo más preciado de su vida—. No te imaginas cuánto te amo…
Se reunieron en el gran salón, ese mismo de la noche de gala; en esa ocasión se acomodaron en la primera fila.
El gerente del hotel dio la bienvenida, dio algunas palabras especiales y después fue la cena navideña.
Pavo, papas gratinadas, ensalada de colores y helados de diferentes sabores.
Y una gran variedad de bebidas con y sin alcohol.
Después de la cena, cuando todos conversaban, una joven se acercó a la mesa y se llevó a Donna con ella, anunciando que pronto sería la presentación central.
Ya que el hotel es familiar y hay personas de todas las edades, prepararon una obra teatral navideña: Un cuento de Navidad, en donde los fantasmas del pasado, presente y futuro se le aparecen al protagonista y lo ayudan a cambiar su vida.
Donna les contó que la obra no era algo solo para presentar en el hotel, sino que la organización deseaba llevarla a más teatros, en diferentes ciudades. Todo dependía de la aceptación que tuviera en ese momento, aprovechando que había un público internacional.
Donna era la fantasma del futuro y lo hizo genial. Al final, todo salió estupendo, los aplausos no faltaron y todos quedaron felices con el resultado final.
El debut de regreso de Donna Martin fue todo un éxito.
Los siguientes tres días de vacaciones los pasaron tranquilos; Ximena no volvió a entrar al mar, porque el golpe de las olas no era bueno en su estado, y se dedicó a disfrutar de las playas, donde Fer aprovechó para tomarle docenas de fotos más.
Jugaron juegos de mesa en familia, ping pong y algunos juegos tradicionales colombianos: rana y tejo.
El resto del tiempo lo pasaban en su habitación, consintiéndose y amándose, gozando, posiblemente, de las últimas vacaciones que tuvieran solo los dos.
El final de sus vacaciones llegó, entregaron las habitaciones y el transporte que los llevaría al aeropuerto ya los esperaba. Otras doce horas de viaje de vuelta a Los Ángeles y al otro día saldrían para Ashland, donde los esperaban con mucha ilusión.
Guardar el secreto del embarazo era una tarea complicada, pero los dos se mantenían firmes con su decisión. Hasta no saber cómo estaba todo, no dirían nada.
La cita médica ya la había solicitado, así irían al día siguiente de llegar a Ashland.
—¡Ay, por Dios! ¡Llegaron! —gritó la señora Miller, apenas el taxi se detuvo frente a la casa Miller. Ximena soltó una carcajada al ver el cartel gigante que tenían en la entrada, dándole la bienvenida a Donna.
—Sabía que me harían pasar vergüenza —le susurró a su novio, pero él le señaló a su mamá, para que viera lo emocionada que estaba.
Bajaron del auto y Martha corrió a abrazar a Donna, quien le correspondió igual.
—Míralas, están felices —dijo Fer y la besó en la frente.
Después de mil abrazos, atenciones, preguntas, halagos y más, los nervios y la ansiedad disminuyeron para todos; cada vez el trato era más cercano y familiar, emocionando a Ximena al punto de llenarla de esperanza de que todo saldría bien.
Comieron, rieron, conversaron hasta el cansancio y, finalmente, cuando llegó la noche, fue momento de descansar. La habitación del fondo del pasillo volvió a recibirlos y el cansancio acumulado les pasó factura justo después de darse un baño en la tina.
A la mañana siguiente salieron temprano de la casa; nadie insistió para que se quedaran, ya que supusieron que Ximena le mostraría algunas partes de la ciudad a su novio, así que nadie sospechó que iban a la clínica para el chequeo pendiente.
—Levántate la blusa, por favor. Te aplicaré un poco de gel, que vas a sentir frío —le avisó la doctora y ella asintió.
El transductor se deslizaba sobre su vientre plano, mientras que en la pantalla empezaron a mostrarse algunas imágenes que no entendían, pero que captaron su atención y ambos observaron en silencio.
—Todo está perfecto y, según los cálculos, efectivamente, tienes diez semanas de gestación —les informó y ambos sonrieron—.
Respecto al DIU, recomiendo que no lo quitemos, porque ya se superaron las siete semanas de gestación y el retiro en este momento puede ser riesgoso para el feto, así que, tranquila; saldrá junto al bebé en el momento del parto.
Vivan plenamente su embarazo y no falten a ningún control.
Te enviaré algunas vitaminas y, como ustedes no viven acá, sino en Los Ángeles, les recomendaré una colega para que sea su doctora de cabecera.
Cualquier cosa extraña o sospechosa mientras estén acá, no duden en llamar —les dijo la doctora y los dos agradecieron con una gran sonrisa.
Las lágrimas que Ximena estaba conteniendo se liberaron; estaba feliz y emocionada.
Era como si de su espalda hubieran quitado un gran peso.
Fer la abrazó, reconfortándola y dándole ese apoyo que necesitaba en el momento.
Ahora sí podía creer en la promesa que le hizo días atrás: los cuidaría y todo estará bien.
—¿Te parece bien si les damos la noticia durante la cena de Año Nuevo? —preguntó Fernando y ella asintió.
—Creo que todos se van a morir de la felicidad —comentó ella y en sus rostros se formaron dos sonrisas de imaginar a sus familiares cuando se enterasen de la gran noticia.
Salieron de la clínica directo a comprar algo especial con lo que harían el anuncio a los futuros abuelos. La caja la envolvieron como si fuera un regalo más de Navidad, que olvidaron entregar.
La prima Allison estaría con su esposo, Eric. Jonas y Nathe llegaban en la tarde, ya que no pudieron viajar antes debido a varios compromisos laborales del abogado. Fernando los recogería en el aeropuerto.
Ximena le envió un mensaje a Sam, pidiéndole que en la noche sacara disponibilidad unos minutos para hacer una videollamada, lo que no se le hizo extraño, pues desde que empezó su amistad, la felicitación y los buenos deseos para el siguiente año no faltaban, sin importar el lugar en el que estuvieran.
La feliz pareja de futuros padres quería que todas las personas importantes en sus vidas estuvieran presentes en el momento del anuncio en pleno Año Nuevo.
—¡Hija! ¡Ya llegaron! —le avisó Martha a su hija y cuando esta iba a salir de su habitación se encontró con su padre bajo el marco de la puerta, que la observaba con detenimiento.
—¿Por qué me miras así? —preguntó divertida y un poco intimidada, aunque se acercó a abrazarlo.
—Es que tienes algo, pero no logro saber qué es —comentó y la abrazó con fuerza.
No se dieron cuenta en qué momento bajaron, pero ya estaban en el comedor, recibiendo a los recién llegados.
Se sentaron todos a la mesa, que ya tenía todo el banquete listo, esperando ser servido. Ese era el momento esperado para el anuncio, así que Ximena sacó su teléfono y le marcó a Sam; después llamó la atención de la familia.
—Habíamos olvidado darles un regalo. Acá está —dijo Fer, entregándole la caja a su suegra, quien leyó la tarjeta a nombre de los tres: Martha, Peter y Donna.
Empezaron a abrirla y al encontrarse con una caja con un sonajero de osito, un tetero, un par de medias y un mensaje en la tapa interna superior que decía: «Un pajarito me dijo que van a ser abuelos»; todos pegaron un grito de felicidad.
—Yo tengo un anuncio más —dijo Fer. Ximena volteó hacia él, porque no sabía que tenía algo más planeado y, al verlo, se quedó sin respiración.
Sacaba una pequeña cajita de terciopelo del bolsillo de su pantalón—.
Chiquita… —La miró fijo y las lágrimas empezaron a caer por las mejillas de ella—.
¿Quieres ser mi esposa y seguir haciéndome el hombre más feliz del planeta? —Ella asintió.
—¿En qué momento? —le preguntó, porque no entendía de dónde había sacado el anillo.
—El día que se fueron al spa, Jonas me acompañó a la joyería del hotel —explicó y ella se lanzó a sus brazos. Se besaron con toda la emoción del momento.
Ese anillo comprado antes de saber del embarazo lo significaba todo. Él quería de corazón una vida a su lado, sin ninguna presión por las circunstancias.