Vacaciones #3
Estaban en el spa y ver a Donna tan enamorada e ilusionada con Jonas tenía a Ximena emocionada.
Sabía que su suegra no había tenido un buen amor nunca; en cambio, Jonas tuvo un gran amor del que lo separó la muerte, pero fue algo hermoso, puro y duradero.
Ahora él le enseñaba a ella lo que era tener a alguien a quien amar y ser correspondida en igual medida.
No supieron cuánto tiempo duraron en el spa, pero se hicieron una rutina completa.
Al final, cuando salieron y volvieron a sus habitaciones, no encontraron a sus parejas.
No se preocuparon, sabían que estaban juntos y eso hizo feliz a Ximena, que los imaginó hablando de cualquier tema y eso era lo que su novio nunca tuvo: una figura paterna con quien compartir conversación, consejos y momentos.
El calor fue ideal para saciar las ganas de helados a diario, ya fueran en el hotel o fuera de este. Probó varios sabores de frutas que en la vida había probado y ninguno le hizo daño.
En una de las escapadas masculinas, ellos volvieron con una propuesta llamativa: bucear en una barrera de coral conocida en la zona. Todos estuvieron de acuerdo: almorzarían y después los llevarías hasta el lugar.
Lastimosamente, la comida volvió a caerle mal a Ximena, justo cuando se alistaban para subir a la lancha y en esas condiciones el guía le dijo que no podía participar.
Tampoco era que se sintiera muy dispuesta, aunque sí le entristeció no poder ver todo ese mundo de bellezas que prometían bajo el agua.
Fernando se quiso quedar con ella, pero no lo dejó; en sus manos estaba disfrutar de la actividad y tomar unas buenas fotos, con las que ella pudiera vivir la experiencia de forma diferente. Con ese compromiso, los tres se fueron y ella se quedó en la orilla, esperándolos al volver.
La atención de los trabajadores en el embarcadero fue estupenda, todos atentos y pendientes de ella, tanto así que conversó con una mujer de la zona, que se encargó de contarle chismes y datos del lugar.
El tiempo pasó volando y, cuando se dio cuenta, la lancha ya venía de vuelta con todos los buceadores sonrientes.
La lancha se detuvo y Fernando saltó, haciéndolos reír a todos, y corrió para reencontrarse con su novia, a la que abrazó como si no la viera hace siglos.
¿Cómo no estar enamorada de él?, se preguntó mientras la alzaba por los aires y le repetía que la extrañó.
La Nochebuena se acercaba y, aunque el malestar ya le había pasado, Fer sugirió que descansara esos días y que él la cuidaría. Quedarse en la habitación, tenerlo solo para ella, consintiéndola, besándola y haciéndole el amor, no sonaba nada mal y estaba más que dispuesta a sacrificarse.
Un día antes del evento, Donna tuvo que ensayar todo el día; Jonas aprovechó para quedarse en la habitación y descansar, mientras que los jóvenes lograron colarse un corto tiempo en el ensayo, dándole su apoyo a Donna, quien decía estar tranquila, pero demostraba lo contrario.
Estaba muy nerviosa de volver al escenario, más con una muestra teatral, aunque la emocionaba. Era su reto personal.
El 24 de diciembre llegó al fin y, siendo un día especial, porque en Colombia se celebra ese día y no el 25, los trabajadores del hotel tenían varias actividades planeadas, tanto para los grandes como para los pequeños. Era un día de alegría y celebración.
Se inventaron una actividad en la que las mujeres y los hombres competirían entre ellos, demostrando sus capacidades artísticas; eso sí, solo conocerían al equipo ganador hasta la noche.
Donna ensayaría hasta bien entrada la tarde y Jonas estaría a su lado, así que Fer y Xime eran los que participarían.
A las mujeres las llevaron a un pequeño teatro en el que presentaban algunos eventos nocturnos y a los hombres los llevaron a un salón de reuniones al otro lado del hotel. Así aseguraban que ninguno fuera a hacer trampa.
Al entrar al salón, dos pequeños chocaron su cuerpo; apenas notó que no les pasó nada, soltó una carcajada. Eran los mismos niños que jugaban en la mesa cercana la noche del recibimiento.
—Vicky, Santi, tengan cuidado —les pidió una mujer de cabello oscuro, que se notaba preocupada e iba acompañada de una joven rubia muy bonita—. ¿Estás bien? —le preguntó y la tranquilizó con una mueca afirmativa, restándole importancia al choque.
—Gracias. Santi es mi hijo y Vicky es mi sobrina —comentó y Ximena los saludó con un asentimiento y un guiño, esperando que la vergüenza del golpe se les pasara.
—Es un gusto —estiró la mano para saludarla—, mi nombre es Ximena.
—Yo soy Sandra. —Contestó a su saludo con una sonrisa amable.
—Y yo soy Verónica, una amiga de la familia —se presentó la chica rubia y también le dio la mano.
Desde ese momento se quedaron las tres y empezaron a dar ideas de la muestra artística que debían dar en la noche para ganarles a los hombres. Deseaban hacer algo bonito, pero que también arrancara risas, y la opción de cantar canciones famosas mientras se vestían del cantante no sonaba mal.
Cuando llegó el turno de practicar de Ximena, se levantó de su asiento y, al subir a la tarima, sintió que todo le dio vueltas, desvaneciéndose rápidamente. Alcanzó a escuchar cómo Sandra y Verónica gritaban su nombre.
—¿Puedes ir a buscar a mi novio, Fernando Martin? —le pidió a Verónica, al abrir los ojos.