La lista del amor (y otros desastres) Vacaciones #2
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Vacaciones #2

El vuelo hasta Cartagena desde Los Ángeles demoró doce horas, las cuales pasó durmiendo, porque la mayor parte de la noche la pasó en vela por los nervios; la tarde anterior tuvo la mala idea de quedarse viendo un programa de catástrofes aéreas.

Muy entretenido el programa, pero no fue la decisión más inteligente.

Fer no perdió la oportunidad de burlarse, pero en el avión la acunó en sus brazos la mayor parte del tiempo.

Cuando llegaron a la ciudad histórica, tuvieron un leve contratiempo con el transporte hacia el hotel, ya que por algunas calles se llevaba a cabo una comparsa y varios eventos navideños.

Al hotel Coral Real Cartagena llegaron cuando el cielo era anaranjado, con un intenso sol brillante a punto de ocultarse y darle paso a la noche.

En Los Ángeles los atardeceres eran parecidos, pero no iguales; cada ciudad tenía su encanto y estaban decididos a disfrutarlo, además de que la época navideña se vivía muy diferente.

Se acomodaron en las habitaciones VIP que les reservaron; en una se quedaron Donna y Jonas, en la otra Xime y Fer.

«Lunas de miel anticipadas», como les dijo Nathe al reservar el viaje.

Salieron a conocer un poco del hotel, en especial el bufet, donde la comida tradicional del Caribe captó su atención.

Sin embargo, el estómago de Ximena no estaba acostumbrado a ciertos alimentos y la comida le cayó mal, mandándola de vuelta a la habitación, donde corrió al baño para devolverla por completo.

No fue la mejor forma de empezar sus vacaciones, pero todos llegaron a la conclusión de que solo era falta de costumbre y se le pasaría pronto; solo debía ser cuidadosa al comer.

—Chiquita, ¿estás bien? ¿Quieres algo? —le preguntó Fer, preocupado de verla pálida. Ella negó, al mismo tiempo que otra arcada la envió de vuelta al baño. Brotó solo agua.

Se fue a la cama y cayó profundamente dormida; estaba agotada por el largo viaje y el malestar. Solo esperaba que en la mañana se sintiera mucho mejor. Su novio se acostó a su lado y cuidó su sueño la mayor parte de la noche, hasta que cayó dormido.

En la mañana, Ximena se despertó perfecta, como si no se hubiese enfermado la noche anterior; sin embargo, decidieron tener un día relajante en la playa, con bar abierto; eso sí, todos tomaron cocteles, menos la joven, que decidió tomar cocteles sin alcohol y jugos, ya que era mejor darle tiempo al cuerpo para recuperarse.

En el bufet fue más contenida y probó cosas nuevas en pequeñas cantidades.

Algunas personas reconocieron a Donna y se acercaron para felicitarla por esos papeles que la llevaron a la fama. Hace mucho tiempo no se tomaban tantas fotos con fans; se sintió ansiosa, pero también muy emocionada y lista para volver a ser la estrella.

Donna y Ximena se retiraron para arreglarse, mientras Fer y Jonas se quedaron tomando unos tragos y conversando. En la noche se haría una Noche de Gala, conocerían a todo el personal del lugar y después llegaría el momento de la comida, la diversión y el baile.

Cuando Fernando subió a la habitación, encontró a su novia lista con un vestido color vino; era vaporoso y no solo le pareció que se veía hermosa, sino también sexy, y se lo hizo saber.

— Wow …

—¿Qué tanto hablabas con Jonas? —lo interrogó.

—Sobre mi mamá y le advertí que no la haga sufrir o se las verá conmigo y contigo —aseguró con firmeza, haciéndola reír.

—Será mejor que te vayas a bañar y alistar o ¿piensas dejar a tu novia arreglada para nada? —Se hizo la indignada. Él la atrapó por la cintura y la atrajo hacia él.

—Quisiera quedarme y arrancarte ese vestido —dijo sugerente. Ella sonrió un poco, pero arrugó la nariz con incomodidad.

—Ve a bañarte, tienes tufo y me marea —aclaró y giró la cara, intentando respirar algo que no fuera el whisky en su aliento. Él la soltó y la miró con el ceño fruncido.

—¿Estás bien?

—Solo sigo delicada del estómago. —Caminó hacia el balcón para respirar aire fresco. Él dio un paso hacia ella, pero se retractó y fue directo al baño.

Al final, la noche fue muy agradable; el hotel contaba con un gran salón para eventos y todos lucían espectaculares para la noche especial.

Los cuatro se acomodaron en una mesa de la parte alta, desde donde se veía todo el espacio.

Cerca de la mesa había dos niños pequeños muy elegantes que no dejaban de jugar y reír, alrededor de la mesa en la que sus padres conversaban.

La niña era mayor que el niño, pero se llevaban de maravilla.

Si hubiese tenido un hermano o hermana, así sería la relación que deseaba tener; al final no tuvo hermanos, pero sí a su prima y la relación no distaba mucho.

Ximena se entretuvo unos minutos viéndolos, pero después volvió a poner la atención en su mesa.

La cena fue ligera y entretenida, mientras el personal se presentaba y les dio la cordial bienvenida al Hotel Coral Real Cartagena.

Después vino el baile, que no desaprovecharon en pareja, disfrutándolo al máximo, como no lo habían hecho.

Sin embargo, los movimientos y el roce estimularon su pasión, por lo que se despidieron de Donna y Jonas, y corrieron a su habitación.

El deseo de Fer de quitarle el vestido no se hizo esperar y se amaron sin reparos, hasta que sus cuerpos no dieron más.

Durmieron toda la mañana, ya que en la noche no lo hicieron.

Cuando se despertaron, no tardaron en arreglarse e ir en busca de Donna y Jonas, quienes ya se encontraban disfrutando del relajante sonido de las olas, en unas tumbonas sobre la playa.

Les propusieron ir a conocer La Ciudad Amurallada, pero la pareja rechazó la invitación, instándolos a ir solos y disfrutar del momento en pareja.

No fue necesario rogarles, porque aceptaron con gusto; no solo sería tiempo libre para ellos dos, sino también para los mayores.

No fue más que llegaran a su destino y a Fer se le iluminaron los ojos; era el lugar perfecto para tomarle fotos a su chica de ojos marrones, todo con la excusa de practicar para la sesión.

Al final terminaron tomando un montón de fotos en cuanto lugar y escenario despertaba el instinto fotográfico de Fernando, además de tener ante sus ojos a su modelo favorita.

Al volver al hotel, se metieron a relajar en una de las piscinas, esperando que fuera la hora de la cena.

Así empezaron a pasar los días en el hotel; algunos se quedaban a participar en las actividades que el complejo ofrecía y otros días salían a conocer la ciudad. Y las fotos no faltaban, algunas posando y muchas otras con ella desprevenida, al natural.

Ximena tuvo que insistirle en más de una ocasión para que él saliera con ella, pero valió la pena, porque esas fotos juntos se volvieron sus favoritas.

Donna por las mañanas ensayaba y se robó a su nuera en más de una ocasión para hacer actividades de chicas; siempre hablaban de sus hombres y lo enamoradas que estaban, sin entrar en detalles incómodos. Ninguna de las dos quería más información de la necesaria.