Vacaciones
Ximena se despertó y lo primero que hizo fue escribirle a Sam para saber cómo seguía.
Se tranquilizó al saber que estaba mucho mejor; su esposo no dejaba de consentirla y estaba en el proceso de aprender a reconocer las contracciones para no volver a entrar en pánico cuando las sintiera.
Leon canceló todos los compromisos que tenía fuera de la ciudad; era estupendo, porque compartiría más tiempo con su esposa, estaría para ella y no se extrañarían tanto.
Él temía perderse algo importante con el embarazo, por estar lejos.
—¿Qué haces, chiquita? —La asustó Fer, porque no lo sintió acercarse.
—¡Cielo! —gritó y soltó una carcajada, mientras su corazón se intentaba calmar.
—Perdón. —Besó su cuello, erizándola por completo—. Dale mis saludos a Sam y a Leon —comentó y ella lo miró con una ceja levantada.
—¿Cómo sabes que hablo con ella?
—Siempre pones esa cara de ilusión cuando hablas del bebé —explicó y levantó sus hombros, restándole importancia.
—¡Ay, es que me muero de amor! —Se cubrió la cara con las manos y lo observó reír, por entre los dedos.
—¿Te vas a morir cuando tengas uno propio? —preguntó sin pensarlo, porque los dos se quedaron callados, mirándose fijo.
—Tengamos, ¿no? —corrigió y él se le acercó, la agarró por la cintura y la acercó a su cuerpo.
—¿Quieres tener una familia conmigo? —La miró a los ojos y ella asintió sin desviar la mirada, hasta que se alejaron un poco.
—Quiero todo contigo, pero hijos todavía no —contestó con timidez. Fer agarró su rostro y acarició su mejilla con el pulgar—. Hay muchas cosas por hacer juntos; además, sabes que todo me gusta planearlo.
—Cuando tú quieras. Por ahora, yo propongo que sigamos practicando —dijo con picardía y le guiñó un ojo.
—¿No crees que practicamos demasiado? —interrogó y mordió su labio. Tampoco era que le incomodara el exceso de práctica.
—Nunca es suficiente. —Levantó los hombros. Ella lo agarró por el cuello y lo acercó para besarlo, como no lo habían hecho esa mañana.
—Deberíamos celebrar nuestra primera semana de vivir juntos. —Movió las cejas de arriba abajo en un gesto sugerente que fue rápidamente entendido. La levantó de los muslos y corrió de vuelta a la habitación, haciéndola carcajear. Celebración y práctica.
Ximena sentía ganas de gritarle a todo el mundo, anunciando que encontró a la persona que siempre había buscado en los lugares equivocados, con las características de una lista incorrecta.
Era alguien con quien no tenía miedo de vivir todo tipo de experiencia: buenas, malas, regulares, tristes, alegres, como fueran; pero a su lado. Nada más le importaba.
Fernando no expresaba, ni a sí mismo, con tanto detenimiento lo que pensaba, pero tenía muy claro que lo quería todo con Ximena. Nada más le importaba.
Tres meses después.
—Ay, hija, por favor, avísame todas las cosas que le gusten a Donna, pregúntale todo, porque no quiero que cuando venga se lleve una mala imagen —dijo la señora Miller por teléfono.
—Mamá, tranquilízate. Donna es la mujer más sencilla y amable que puedas imaginar. Te aseguro que va a estar muy feliz allá en casa; además, creo que está más nerviosa que tú, por conocerse —comentó y se rio al escuchar el grito de emoción que dio su madre.
Hablaron un poco más; aprovechó que estaba sola en casa de Donna, quien organizó un almuerzo para todos. Solo faltaban por llegar Nathe y Jonas, que ya era el novio oficial de su suegra.
Con todo el revuelo del juicio de Donna, quedaron en el ojo del huracán por un tiempo, aunque no fue muy extenso, ya que, como es costumbre con las estrellas de Hollywood, estas dan de qué hablar seguido, siempre hay un escándalo nuevo, y con ellos no fue la excepción, entonces dejaron de tener la atención encima de muchos en corto tiempo.
Los únicos que no olvidaron fueron los familiares de Ximena, quienes no dejaron de reprocharle que no les contara quién era la mamá de su novio.
Por más que Fernando intentó mantener su identidad en secreto, no fue posible por mucho tiempo. Rápidamente se hizo conocido que el escritor y caricaturista Ikhathuni era el hijo de Donna Martin. Al principio fue difícil acostumbrarse a ser reconocido por donde iba, pero se adaptaron con rapidez.
Eso sí, lo mejor de todo el caso fue que Donna volvió a estar en el radar de los productores y directores en Hollywood y la contactaron para nuevos proyectos de los que querían que hiciera parte.
—Xime, cariño —la llamó Donna al bajar las escaleras de su casa, mientras que Fer estaba en la cocina, preparándoles algo especial.
—Dime, ¿qué pasa? ¿Algo malo con la llamada? —le preguntó al verla pensativa.
—No, todo lo contrario… o eso creo —comentó.
—Si puedo ayudarte en algo, no dudes en decirme —le recordó y Donna asintió.
—Me invitaron para pasar la Nochebuena en un hotel en Cartagena, siendo parte del evento principal de la noche.
—¡Buenísimo! ¡Felicitaciones! —gritó con emoción, haciéndola sonreír—. ¿Qué les dijiste? ¿Cuáles son las condiciones?
—Les dije que lo pensaría, pero hace tantos años no hago algo en vivo que me muero de los nervios, peor, estando sola —explicó. Ximena le estiró la mano para que la tomara y reconfortarla.
—¿Y si vamos contigo? —dijo Fer, captando la atención. No lo sintieron llegar.
—¿Por qué escuchas conversaciones privadas? —le preguntó su novia, haciéndose la seria. Él se acercó hasta ellas.
—Porque tengo una novia gritona y fue imposible no escucharla —explicó con diversión. Ella empezó a reírse, pero un beso la interrumpió.
—¿De verdad irían conmigo? —insistió Donna, emocionada. La pareja sonrió y asintió, sin necesidad de ponerse de acuerdo.
Donna habló con los organizadores del evento y les informó que Fernando y Ximena eran parte de su equipo de trabajo; eso hizo reír a la joven, pero tampoco sonaba descabellado tener a una abogada en el grupo.
Ninguno conocía Cartagena, pero estaban emocionados, así que aprovecharon para planear unas vacaciones en un lugar nuevo.
Once días de playa, brisa, mar, actividades y descanso, pero antes de eso, Ximena tendría que trabajar más de lo normal para salir de los compromisos de trabajo y el horrible cierre de año.
Pasarían Navidad en el hotel y después viajarían a Ashland para pasar el Año Nuevo con la familia de la joven.
Faltaba una semana, Ximena estaba ansiosa por el viaje y los días pasaban lento cuando estaba en la oficina y demasiado rápido cuando compartía con su novio.
Todos los días pensaba en lo que estaban formando juntos; era increíble la forma en la que las cosas se dieron.
Recordaba el primer día en su apartamento y al insufrible vecino del frente, quien reposaba dormido a su lado, con la respiración pausada, el torso descubierto y un gesto de felicidad y tranquilidad.
Le besó el hombro y se levantó de la cama con cuidado. Fue al baño para alistarse.
Al salir, Fer no estaba en la cama; no necesitó pensar mucho para saber que estaba en la cocina.
Desde que vivían juntos, la comida no faltaba en la nevera y alacena; el desorden que desaparecía al poco tiempo se hizo frecuente, así como una que otra pelea boba que se daba por terminada con risas, besos, limpieza en conjunto y un delicioso plato de comida en la mesa.
—¡Chiquita! ¡Ya está el desayuno! —la llamó, sin darse cuenta de que ya lo observaba emplatar desde la puerta de la cocina. Se rio suave, llamando su atención, y la observó con ojos entrecerrados.
—Deja de espiarme, porque mi novia se pone celosa donde se entere de que tengo una acosadora secreta —bromeó mientras terminaba de servir el café. Caminó hasta ella con los pocillos en sus manos. Xime se puso en puntas de pies, estiró su cuello y le dio un casto beso en sus labios.
—No se tiene que enterar. —Le guiñó un ojo y él levantó una ceja, haciéndola reír.
Pasaron los platos a la mesa, se sentaron y mantuvieron una agradable conversación sobre la última sesión fotográfica con unos modelos nuevos que tenían gran potencial de crecer en la industria.
De repente, Fer se quedó callado y con la vista fija en su novia, quien, con nervios, le devolvió la mirada penetrante, esperando que dijera lo que pensaba.
—Te quiero hacer una sesión de fotos —aseguró y ella no supo qué responderle.
—¿Estás seguro? Yo no soy modelo.
—No tienes que ser modelo. Quiero que veas la forma en la que yo te veo —respondió. Ella mordió su labio, con una sonrisa retenida.
—Bueno, pero… no quiero salir solo yo, también debes salir en algunas fotos. Dejar de estar siempre detrás del lente. —Movió sus cejas de arriba abajo.
—Será nuestra primera sesión —comentó con suficiencia y le guiñó un ojo.
Como la idea de la sesión fue de Fer, ella se propuso planear algo especial para ese día, solo que en ese momento no tenía cabeza para pensar en eso.
Necesitaba terminar de organizar todo lo del viaje a Cartagena, al igual que los detalles para Navidad, los que Sam le ayudó a elegir, porque nada la satisfacía del todo.
Fue a visitar a Sam antes de partir al viaje; cada día tenía su barriguita más grande, pero no había vuelto a tener complicaciones, todo gracias a los cuidados excesivos de su esposo, de los que ella no se quejaba, sino que los agradecía.
Ximena esperaba que el bebé no se adelantara y naciera en su ausencia; para ella y su amiga era muy importante compartir el nacimiento, por eso se agachó ante la barriguita de su amiga y le habló con seriedad a su ahijado, pidiéndole que la esperara, que naciera en la fecha estimada, cuando las fiestas hubiesen pasado y ella estuviera de vuelta.
Se lo advirtió unas cuatro veces, mientras que su amiga se reía de escucharla.
Le ayudó a Donna a organizar la ropa que usaría en su debut, después de tanto tiempo. Estaba más ansiosa ella que su suegra.
Al otro día viajaban.