Día del juicio
Fernando esperaba que le permitieran entrar al juzgado, estaba nervioso, sentía como si se le agrandara un hueco en su estómago con cada segundo que pasaba. Si Ximena no le sostuviese la mano con firmeza, podía asegurar que el vacío ya se lo habría comido.
—Nathe, gracias por estar acá —le agradeció ella.
—No es nada. Para eso estamos los amigos —respondió él y le guiñó un ojo a su amiga, quien volteó los ojos y sonrió.
Fer todavía se sentía extrañado por la forma en la que pasó lo del laboratorio y eso llevó a que la relación con el abogado cambiara y, sin esperarlo, se convirtiera en uno de sus mejores amigos.
No tenía sentido mantener un resentimiento con él por lo que pasó con Ximena hace tantos años; además, sus padres estaban más que interesados sentimentalmente en el otro, aunque eso no lograban comprenderlo todavía; fue instantáneo al verse.
Donna y Jona dijeron que irían con calma.
Eso fue lo que dijeron, porque las acciones eran lo opuesto: no se despegaban uno del lado del otro y, sin excepción, ese día él era el acompañante oficial de ella.
Ximena respiró profundo, miró fijo a los ojos de su novio y se acercó para besarlo con prisa.
—Tú te vas a sentar en la parte trasera de las bancas, Nathe estará en la banca detrás de nosotras y, por favor, pase lo que pase, no hagas nada —le suplicó con mirada tierna. Él le acarició la mejilla con cuidado.
—Será un buen chico —contestó a pocos centímetros de su rostro y sonrió con picardía, la provocación perfecta para que ella no se contuviera y se lanzara a sus labios, con un beso profundo y quieto que duró algunos segundos.
—¡Ay, los amo! —dijo Donna, emocionada, ocasionando un sonrojo en la joven.
—Bueno, es hora de entrar —anunció Ximena, dejando de lado el comentario de su suegra. La agarró de la mano, dándole su apoyo—. Deséenme suerte —dijo, ansiosa.
—No la necesitas. Eres la mejor, pequeña —susurró Fer, antes de verlas ir hacia su lugar.
El juicio empezó y tuvo que morderse la lengua, porque quedarse quieto ante las declaraciones de ese hombre le costaba la vida.
Sabía bien que de su comportamiento dependía parte del éxito que tendría su novia con el caso.
Era importante dejar a Brandon en evidencia.
Era muy conveniente que las declaraciones del lado demandante fueran las primeras, porque después echarían todo por el suelo.
Ximena respiró profundo cuando escuchó a la jueza anunciar que tenía en su poder los resultados de las pruebas de ADN realizadas a Donna, Fernando y Brandon. Los leyó y solo obtuvieron una confirmación de lo que ellos ya sabían.
—Su Señoría, quisiera que el señor Wilson nos diga quién de los acá presentes es su hijo, ya que él asegura que durante estos treinta años ha mantenido el contacto constante con su familia —hizo énfasis en esas últimas palabras—, pero en la primera versión que el señor presentó ante el juzgado, cuando impuso la demanda de divorcio, dijo que de su matrimonio no había descendiente alguno, y usted nos acaba de confirmar que sí lo hay.
Además, el resultado del laboratorio va acompañado de todo el registro visual, que puede contrastar con las fotografías que presenté como evidencia de la convivencia permanente de madre e hijo, con la ausencia del señor Wilson —dijo con agudeza y el hombre palideció.
—A lugar —aprobó la jueza y miró al hombre—. Por favor, señor Wilson, identifique a su hijo, porque también me muero por entender sus declaraciones anteriores —le dijo la mujer con una seriedad mortal y levantó una ceja, instándolo a hacer lo que Ximena solicitó.
—Claro, Su Señoría —respondió titubeante, miró a Donna, quien le sostuvo la mirada fija, dejando a todos sin palabras y obligándolo a desviar la mirada ante la intimidación y empezó a recorrer con la mirada todo el lugar.
Brandon fijó la vista en un punto; la confianza perdida la recuperó y sonrió con suficiencia, convencido de lo que estaba por hacer. Fernando lo veía todo y tuvo que cubrirse la boca para acallar la carcajada que estuvo por abandonarlo. En los próximos segundos todo se aclararía.
—Este es mi hijo, Su Señoría —aseguró con gran convicción mientras señalaba a Nathe. Ximena sonrió.
—¿Está usted seguro, señor Wilson? —le preguntó la jueza con la ceja en alto y observó los documentos que tenía en sus manos.
—Sí —susurró.
—Su Señoría, si me permite —dijo Ximena y se acercó al estrado—.
Creo que usted tiene en sus manos las pruebas necesarias, en especial el material fotográfico, donde se evidencia que el hombre, recientemente señalado por el señor Brandon Wilson, no es su hijo —aseguró, mientras observaba a todos a su alrededor.
—Efectivamente, abogada Miller. En mis manos no solo tengo fotos de la señora Martin con su hijo, a lo largo de su vida como madre, sino que también tengo todo el material legal que certifica que la persona que compareció a la toma de ADN es el hijo de ambos y, lastimosamente, para usted, señor Wilson, el hombre al que acaba de señalar no es el supuesto hijo que quiere hacer pasar como criado por usted, junto a su madre —aclaró la jueza y todos pudieron ver el cambio de colores en el rostro del hombre.
—Su Señoría, solicito que el divorcio sea concedido de inmediato, sin beneficio alguno para el señor Wilson.
La casa en la que ella vive no es de su propiedad, sino que fue comprada por su hijo hace seis años y, como lo muestran los documentos en su poder, no se han realizado ventas o traspasos de ningún bien en los últimos meses, sino que a nombre de mi clienta no hay ninguna propiedad.
Solo tiene una cuenta bancaria personal en la que recibe los pagos por su trabajo como actriz y campañas promocionales —aclaró Ximena y Brandon negaba, incrédulo.
»Adicionalmente, tenemos los videos de hace treinta años cuando contrajeron matrimonio y posterior abandono por parte del señor Wilson, acompañado de su cómplice y amante, la señora Marie Lucas, quien cambió su color de cabello y físico para parecerse a la señora Martin y suplantar su identidad para vaciar la cuenta bancaria de la demandada, lo cual hicieron por medio de un retiro bancario, falsificando el acta civil de matrimonio.
De esto se tiene el registro del momento en el que se hizo el retiro en el banco, que coincide en tiempo con un video del Hotel-casino Orion en la ciudad de Las Vegas, donde se puede ver que Donna Annette Martin estaba en una reunión con todo su equipo de trabajo, con las únicas ausencias del señor Wilson y la señorita Lucas —explicó Ximena.
Todos la observaban con la mandíbula en el suelo. Fernando se sentía orgulloso de su novia, pero también sorprendido, porque no sabía en qué momento consiguió todas esas pruebas. Verla tan empoderada era algo excitante. La Mujer Maravilla le quedaba en pañales.
»Como es evidente, el señor Wilson ha mentido desde el principio respecto a la falsa convivencia con la señora Donna Annette Martin y su hijo Fernando Martin, cuando a este ni lo conoce y se enteró de su existencia hasta hace pocos días, corroborándola hoy con los resultados del ADN.
»Su Señoría, por lo anteriormente dicho, solicito que se empiece un proceso legal en contra del señor Brandon Wilson, por fraude procesal, falso testimonio y compra de testigos, además de todos los cargos que la Fiscalía crea convenientes —concluyó Ximena.
Ante la intervención y los videos vistos a continuación, fue imposible negar la versión que Donna había dado.
Fernando estaba seguro de que el hombre que, por desgracia, era su padre, debía estarse arrepintiendo por haber interpuesto la demanda, porque la cara de enfado de la jueza no le auguraba nada bueno en su futuro.
No pasó mucho tiempo para que la jueza diera su veredicto.
—Se concede el divorcio entre la señora Donna Annette Martin y el señor Brandon Wilson, contra quien se empezará un nuevo proceso legal y quedará detenido en este mismo momento. En lo correspondiente a este proceso, lo doy por concluido —finalizó la jueza y se levantó de su silla.
Fernando observó cómo apresaban a su padre y se alegró, por más que no deseara hacerlo, porque era la desgracia de alguien más, pero no pudo dejar de pensar que, finalmente, su mamá recibía una recompensa después de haber sufrido tanto. Era una mujer maravillosa y se merecía lo mejor.
Suegra y nuera se abrazaron con fuerza, desbordantes de felicidad. Unas lágrimas resbalaron por las mejillas de Donna, pero una gran sonrisa las acompañó.
Cuando Fer se acercó, quedó atrapado en ese cálido abrazo. Besó las coronillas de sus mujeres.
Sintieron una presencia detrás de ellos, así que se separaron.
—Jueza Johnson —dijo Ximena, sonriente.
—Sabes que me puedes llamar Paula —le dijo y se acercó para saludarla de forma más amistosa.
—Paula, te presento a Fernando Martin, mi novio. —Lo señaló y él estiró su mano para saludarla.
—Buena jugada —le contestó la jueza y Ximena sonrió con picardía—. Un gusto conocerte y te recomiendo que no te vayas a meter en problemas con esta mujer —le susurró a Fernando—, ya viste de lo que es capaz —advirtió y él recibió la sugerencia con un asentimiento.
—Ya tengo miedo —bromeó y Ximena le dio un indoloro codazo en las costillas, haciéndose la ofendida, aunque todos rieron.
—Señora Martin, déjeme decirle que soy su fan y me alegra haberla liberado de ese hombre —dijo la mujer y Donna le agradeció.
Nathe y Jonas se acercaron a ellos; estaban emocionados con el resultado del juicio, pero, en especial, con la ejecución.
La jueza se despidió de todos y con eso dieron por cerrado un capítulo desagradable en sus vidas.
Aunque debían agradecerle que por eso fue que Fernando se acercó a Ximena y no se hubiesen enamorado tanto, que no se imaginaban una vida sin el otro.