Prueba de ADN
—Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarme —dijo la asistente con diligencia.
—Gracias. Creo que llego tarde a la oficina —bromeó, quitándole peso a la situación. De todas formas, ya era tarde y Tamara rio.
Colgó la llamada y, al girarse, se encontró con tres pares de ojos que la observaban con atención.
—¡Mierda! ¿En serio la solicitó la jueza? —preguntó Nathe y ella asintió. No necesitaba darle explicaciones; él sabía cómo funcionaban las cosas.
—¡Donna! —Recordó a su suegra, quien también debía estar para la prueba y no sabía de esta.
—Yo le aviso, recuerda que está con mi papá y estoy seguro de que él la llevará al laboratorio —afirmó Nathe mientras agarraba su teléfono para llamar.
Ximena le agradeció con una seña y se llevó a su novio a empujones hacia la habitación.
Se metieron juntos a la ducha, pero la ansiedad por la prueba no les permitió darse ni un solo beso; se bañaron con una sincronización perfecta, igual que cuando estaban en la cocina. Mientras uno estaba bajo el agua, el otro se enjabonaba.
Steve se despidió y los tres subieron al auto de Ximena.
Condujo concentrada en el camino. Se tranquilizó cuando Jonas llamó a su hijo para avisarle que los esperaban en el estacionamiento del laboratorio.
Con toda esa situación y la adrenalina del momento, todos iban callados en el auto, cada uno con la cabeza ocupada con sus propios pensamientos.
Fernando se notaba ansioso; miraba el reloj cada minuto.
El camino se hizo eterno, pero al final sí llegaron al espacio junto al auto de Nathe, de donde se bajaron su padre y Donna.
—Tengo nervios —les confesó Donna a su hijo y nuera.
—Tranquila, tú nada tienes que temer, esto es solo para verificar la veracidad de tu versión respecto al hijo que tuviste con Brandon —le explicó Ximena.
La mujer respiró profundo, mientras que Jonas le masajeó su hombro en señal de apoyo—.
Será mejor que entremos, que ya casi es la hora de la cita. —Asintieron.
Ximena avanzó, pero se detuvo al notar que nadie la seguía; se giró y encontró a Donna tan blanca como un papel y clavada al suelo sin poderse mover. Fernando le preguntaba qué sucedía, pero no recibía respuesta alguna, solo la mirada fija en las escaleras que llevaban a la entrada del edificio.
Donna sentía un remolino en su estómago; no era nada placentero. No estaba mentalmente preparada para encontrarse a Brandon saliendo del laboratorio. No sabía qué hacer, se paralizó y sentía el corazón bombearle en los oídos.
Ximena miró ese mismo lugar y comprendió lo que sucedía: un hombre mayor que ella, pero con un parecido innegable a su novio, salía del laboratorio.
—¿Es él? —le preguntó a su suegra y esta asintió. Apenas pudo entender la pregunta que le hacía.
—¿Es quién? —interrogó Fer, confundido. Ximena se lanzó contra él para cubrirlo con su cuerpo y lo escondió tras el auto. No podía ser visto por su padre, ya que ese era uno de los puntos a su favor y esperaba poderlo usar en el juzgado.
—Tu papá —le susurró. Él se tensó, su mandíbula parecía que se rompería y desvió la mirada hacia las escaleras—.
Cielo, sabes que estoy contigo, ¿verdad?
—le dijo, intentando captar de nuevo su atención y que se tranquilizara, porque si no lo tuviera agarrado, él ya estaría caminando para confrontarlo.
—Tengo una idea —susurró Nathe. No dijo nada más, dejándolos con la intriga.
Se acercó a Donna y le dijo algo al oído; al inicio ella no le entendió, pero cuando le repitió el plan, ella sonrió con malicia y asintió hacia el joven abogado, quien les extendió el brazo para que lo agarrara de gancho—.
Ustedes quédense acá mientras el señor se va y nosotros nos vamos adelantando.
—Le guiñó un ojo a su amiga y esta sonrió al comprender lo que pretendía.
Jonas, Fer y ella se quedaron detrás del auto, observando la escena.
Es momento de sacar la actriz que llevo dentro , pensó Donna y sacó fuerzas de lo más profundo de su ser. Solo deseaba que el mentiroso de Brandon cayera como la rata miserable que era.
Caminaron y, aunque sentía que su corazón se le saldría en cualquier momento, andaba decidida a hacer la mejor actuación de su vida. Todo lo hacía por el bienestar de su hijo, quien le había dado su apoyo de forma incondicional durante toda su vida.
—Donna, te ves muy bien —le dijo Brandon con cinismo. Ella tensó su agarre del brazo de Nathe y este le apretó la mano en señal de apoyo.
—Lastimosamente, no puedo decir lo mismo de ti.
Estás viejo y feo —dijo y lo recorrió con la mirada de arriba abajo con desprecio.
Nathe sacó fuerzas para no reírse—. Permiso, pero tenemos una cita que atender.
—Levantó el rostro con orgullo, porque ella no tenía nada que ocultar, ni debía sentirse avergonzada. Ella no era quien había fallado.
—¿Así que este es el hijo que dices que tuvimos? —comentó antes de que se alejaran y miró a Nathe con ojos entrecerrados. Donna sonrió internamente. Brandon cayó en la trampa.
—Ya lo sabremos… Por ahora, no tengo que dar explicaciones —respondió con seriedad—.
Vamos, cariño —le pidió su acompañante y entraron al edificio.
Sintió la mirada de Brandon clavada en su espalda.
En el interior soltó un grito ahogado, soltando la tensión y ansiedad que el reencuentro le generó. Nathe rio y ella se le unió.
—Eso estuvo intenso —dijo ella, moviendo la cabeza de lado a lado para estirar el cuello y destensarlo.
—Creo que eso que le dijiste fue un golpe a su ego. EX CE LEN Te —la felicitó y ella sonrió, porque llevaba más de treinta años con el temor de encontrárselo y ahora que había sucedido, se sintió fuerte y muy capaz. De nuevo se repitió que ella no era quien había fallado.
Mientras que Nathe reportaba que ya estaban para la toma de la muestra, Fer y Ximena llegaron tomados de la mano y se acercaron hacia Donna. La joven controlaba muy poco la sonrisa cargada de picardía con la que evitaba hacer cualquier comentario.
—¿Estás bien, tesoro? —le preguntó la mujer a su hijo, quien se notaba pensativo y muy callado.
—Sí, mamá, tranquila. Solo que no estaba preparado para verlo, pero supongo que así debía ser. —Levantó los hombros con desdén, esperando quitarle importancia a lo sucedido, pero su mamá lo conocía bien y sabía que ese encuentro le daría vueltas en la cabeza por mucho más tiempo.
No hablaron más; uno de los laboratoristas se les acercó.
—Por favor, Donna Martin y Fernando Martin, síganme por acá. —Señaló un pasillo.
Fer agarró la mano de su madre y la llevó de la misma forma en la que ella lo llevaba cuando era pequeño, eso la emocionó.
La melancolía de los recuerdos y lo vivido hicieron que sus ojos se humedecieran.
Él la miró, preocupado, pero ella negó con rapidez y levantó la mano que llevaba agarrada a la de él, donde depositó un tierno beso en el dorso.
Al llegar al consultorio, no solo los esperaban los implementos médicos para la muestra, sino que había cámaras fotográficas y algunos formularios para completar con información importante.
—Te amo, tesoro —dijo con cariño y él la atrajo hacia su cuerpo para abrazarla y besar su frente.
Les tomaron algunas fotografías como evidencia del proceso a realizar y como prueba de que fue a ellos a quienes se les tomaron las muestras de sangre y saliva, evitando alguna suplantación. Firmaron los formatos de consentimiento y marcaron sus huellas.
La toma de las muestras fue rápida, la de saliva no demoró ni diez segundos y la de sangre ni un minuto a cada uno. Todo respaldado con fotografías.
—Los resultados le llegarán directamente al juzgando y son de máxima confidencialidad, conservando una correcta cadena de custodia —les explicó el laboratorista y ellos solo asintieron.