La lista del amor (y otros desastres) El chisme del año
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El chisme del año

Se tranquilizaron porque habían comprado los tiquetes para el último vuelo del día; así pudieron descansar algunas horas.

Llegaba el momento de la despedida; Martha abrazó a Fernando como si fuera un hijo y cuando este llegó con el señor Miller, le estiró la mano para agradecerle; sin embargo, el hombre lo agarró y jaló hacia su cuerpo, para darle un abrazo cálido y afectuoso.

Totalmente diferente a como lo había saludado una semana atrás.

—Bienvenido a la familia —le dijo y el corazón de Ximena se aceleró; esas palabras eran sinceras y hacían parte de su realidad—. Sé que seguirás haciendo feliz a mi hija.

—De eso no tengo duda, señor —contestó Fer. Si fuera posible que le salieran corazones de los ojos a Ximena, en ese momento saldrían en ráfaga de amor.

Se fueron en taxi al aeropuerto, ya que Allison se fue a su luna de miel y Ximena se negó a que su padre los llevara y tuviera que devolverse más tarde, cuando todavía el cansancio del matrimonio estaba presente.

En el aeropuerto no demoraron en hacer el registro, entraron a la sala de espera y ella se quedó dormida sobre las piernas de Fer, mientras esperaban la llamada y él acariciaba su cabeza.

Despertó momentáneamente cuando los llamaron, ubicó su puesto y volvió a dormirse en esos brazos que le daban seguridad.

A la llegada a Los Ángeles, tuvieron que esperar más tiempo del imaginado para poderse cambiar de ropa, porque la maleta de Ximena no aparecía con las demás, hasta que la localizaron en un montón que iba para Miami.

Con la demora en el aeropuerto, la llegada a su edificio la hicieron bajo un cielo ya oscuro.

Fernando no demoró nada en dejar su equipaje en su apartamento y volvió junto a Ximena.

Después de la boda no habían comido nada más, estaban llenos y cansados, pero ya pasaron muchas horas y sus cuerpos les pedían algo de comer.

Pidieron una pizza y, mientras la esperaban, se quedaron juntos en el sofá del apartamento. La música suave sonaba de fondo y ella le agradeció por todo lo que hizo por ella en esa última semana.

Besos cálidos y suaves inundaron el ambiente; el corazón femenino latía acelerado y no dejaba de pensar en mil cosas al tiempo. Suspiró al recordar lo feliz que se veía su prima con su esposo, por completo enamorados.

—¿Allison y Eric no te hacen pensar en lo hermoso que es el amor? —le preguntó, con la esperanza de que en esa semana hubiera cambiado de opinión. Él negó y ella frunció el ceño.

—Ellos, no —contestó y a la pobre se le hizo un vacío doloroso en su pecho.

Sabía que él no creía en el amor y la ilusión de que, al verlo directamente en los ojos y acciones de su prima y esposo, cambiara de parecer; se vio aniquilada.

No pudo evitar la cara de decepción que hizo y él la notó, la agarró por la quijada y la hizo mirarlo—.

Tú eres quien me hace pensar en el amor y creer en él —dijo con firmeza y los ojos fijos en los de ella.

El rostro de Ximena recuperó el brillo, sonrió y, antes de poderle contestar, sonó el timbre, anunciando la llegada de la pizza.

El ambiente cambió y ella ya no le pudo decir lo feliz que se sentía por haberle escuchado decir eso. También, porque necesitaba aclarar sus ideas y descubrir qué sentía por él en realidad.

Comieron mientras recordaban momentos divertidos de la semana; con todos los planes de Allison, tenían mucho material para entretenerse.

El timbre de un celular interrumpió la charla.

Ella vio la palabra «mamá» en la pantalla e hizo una cara de incomodidad al recordar que debía llamar para avisar que llegaron bien y lo había olvidado con todo lo del equipaje en el aeropuerto.

—Hola, ma. Llegamos bien y perdón por olvidarme de avisar —dijo con prisa, antes de que la regañara.

—¡¿Por qué no me contaste que Donna Martin es la madre de tu novio?! —gritó. Ximena se quedó inmóvil y sin poder respirar.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó con voz entrecortada.

—¡Lo que escuchas! En este momento dan la noticia en la sección de farándula —comentó, emocionada, y Ximena corrió en busca del control del televisor para saber de qué le hablaba su mamá.

Cubrió su boca con la mano al escuchar cómo contaban «El chisme del año».

Ya todo el planeta estaba enterado de la existencia de Fernando y cuestionaban las razones por las que Donna lo mantuvo oculto tanto tiempo.

Sintió su pecho apretado; no sabía cómo se enteraron de la verdad.

Volteó hacia él y sus ojos azules se veían inyectados de rabia; tenía los puños apretados y la mandíbula tensa.

—Fer, no tengo idea de cómo pasó… —comentó, confundida, y colgó la llamada.

—Solo tú sabías la verdad —dijo entrecortado y controlándose para no estallar—.

En este momento no quiero hablar contigo ni verte —dijo con la respiración agitada—, ahora solo quiero saber cómo está mi mamá con esta situación.

—Se dio media vuelta y, sin decir nada más, salió del apartamento con un portazo a su espalda.

¡¿Qué mierdas pasó?! , pensó confundida.

Necesitaba saber si alguien había filtrado la información que tenía en el caso.

Respiró profundo, se sentía dolida, pero no fue detrás de Fer.

Entendía que se debía sentir mal con todo y sí era cierto que ella era la única que sabía la verdad, además de los trabajadores de confianza de Donna.

Aunque de ellos no sospechaba, porque podían haber hablado mucho tiempo atrás. Pero ella tampoco había sido.

Cabeza fría.