La propuesta
—Está bien, mucho amor por hoy —interrumpió Allison mientras se acercaba a ellos, trayéndolos de vuelta a la realidad.
Ximena se murió de vergüenza por la escena que acababa de protagonizar ante toda su familia.
Miró a Fer y este también tenía las mejillas encendidas, pero mantenía una hermosa sonrisa, una que no le había visto nunca.
Se miraron cómplices y, antes de decir algo más, Allison la agarró y se la llevó.
Eric empezó un discurso de agradecimiento por estar todos reunidos y hacer de ese momento algo especial para él y su prometida.
—¿Me vas a decir que ese beso fue actuado? —le preguntó Allison en la cocina, tras asegurarse de que no había nadie cerca.
No supo qué responder, mordió su labio y miró al piso. Su prima se rio y negó.
—¿En serio es tu amigo y vecino? —Ximena asintió y sonrió—. Pues se tienen flotando —aseveró y su prima la miró preocupada.
—No sé qué tan cierto sea eso. —Torció la boca. Allison, al verla con dudas, la tomó por los hombros para que la mirara.
—¿Qué pasa? Deberías estar saltando de la felicidad, porque la búsqueda resultó exitosa —le reclamó.
—Él dijo que no creía en el amor. Además, tiene razones suficientes para decirlo y yo no sé lo que siento por él. Todo esto es nuevo… —comentó acongojada.
—Ay, Ximena. ¡Por Dios! ¿En serio me estás diciendo eso?
—La miró con seriedad, haciéndola sentir regañada, pero asintió—.
A ese hombre se le nota que se muere por ti; además, mira para lo que se prestó.
Hacerse pasar por el novio de alguien no es un juego, mira lo que puede pasar —se refirió al beso— y no sé por qué, pero presiento que esa historia que contó del amor entre ustedes tiene más toques de realidad que de mentira.
—Xime sonrió al recordarla, y es que sí, muchas de las cosas dichas correspondían de una forma u otra a la forma en la que se conocieron y se volvieron amigos.
Solo hubo un cambio de lugares y tiempos.
—¿Será verdad lo que dijo de mí? —preguntó con ilusión y su prima volteó los ojos con diversión.
—Yo creo que ustedes dos están enamorados hasta los huesos y no lo han querido ver.
—Negó y soltó un suspiro profundo—. Tal vez la búsqueda en la aplicación sirvió para que te dieras cuenta de lo que tenías al frente —concluyó y se dio media vuelta, dejándola sola, recostada contra la isla de la cocina.
Se giró hacia la ventana, desde donde podía ver a todos reunidos en el jardín de la casa. Por un lado, había un grupo de hombres conversando y riendo; Fer estaba con ellos, sonreía y hablaba como si fueran su familia y conocidos de mucho tiempo.
No pudo evitar sonreír al verlo así y se quedó detallándolo: su cabello desordenado, su nariz fina, esos ojos profundos que parecían tener un océano detrás, esa sonrisa pícara que se formaba en sus labios, sus brazos fuertes, el abdomen tonificado, sus manos grandes… Suspiró y se mordió el labio.
Ya no más engaños. Fer me encanta. Y podía atreverse a decir que era más que eso, porque le importaba lo que le pasara; cuando estaba mal, ella también sufría al verlo de esa forma, extrañaba su intensidad y era la primera persona en la que pensaba cuando tenía algo importante que contar.
¿Ahora cómo debo actuar?
El beso que se dieron la dejó descolocada; sus labios lo anhelaban de nuevo, pero tenían una conversación pendiente. Solo no era el momento ni el lugar. Aclarar lo que les pasaba tendría que esperar.
Estaba tan concentrada en el jardín que no escuchó cuando Roman entró a la cocina. Notó su presencia cuando lo tenía de pie ante ella.
—Ximena, amor… Necesito hablar contigo —dijo y ella arrugó la frente al escucharlo llamarla de esa forma.
—Ay, Roman, no tengo nada que hablar contigo, por favor, déjame en paz y, más bien, ve a mirar qué le pasa a tu esposa, porque su cara de haber comido mierda nadie se la aguanta —dijo con fastidio y le señaló a Anastasia sentada en soledad en una de las sillas.
Con la cara que tenía, lo mejor era que no hubiese asistido a la reunión.
—Necesito hablarte —insistió y ella negó con un ademán.
—Ya te lo dije, no tengo nada de qué hablar contigo y, así lo hubiese, tampoco tengo ganas. Déjame en paz —respondió cortante y se giró para salir de la cocina con prisa. Soltó el aire e inhaló profundo.
Caminó de vuelta al jardín y fue hacia el grupo en el que estaba Fer. Este la abrazó por la cintura y le besó la frente con cariño.
—¿Todo bien, chiquita? —susurró en su oído y se fijó en la puerta que da al jardín, por donde salía Roman—. Lo vi contigo en la cocina —le informa y ella comprendió a qué se refería su pregunta inicial.
—Sí, no pasa nada —contestó sonriéndole y la volvió a abrazar por la cintura.
Definitivamente, puedo acostumbrarme a esto , pensó y apoyó su cabeza en el pecho masculino; después concentró su atención en la conversación tan entretenida que llevaban los hombres de la familia.
Tal como lo esperaba, su tío empezó a hablar de alguna ley nueva que aguardaba por aprobación del Congreso y ella era su objetivo principal para debatir, aunque, como si fuera un milagro, en esa ocasión los demás hombres quisieron participar, aunque no estuvieran capacitados como ellos ».
Esa era la excusa que su tío siempre daba; aunque era lo más ortodoxo, los hacía reír y no le prestaban atención.
« La política es algo de todos y para todos », eran las palabras que su padre siempre contestaba y con las que ganaba el argumento, porque era cierto.
Cuando se dieron cuenta, ya eran las tres de la tarde y servían el almuerzo tipo buffet; todos estaban animados, hablaban entre todos y las familias se conocían con éxito. Ximena pudo notar que la mamá de Eric no aceptaba del todo a Roman, mucho menos a su esposa. La agria Anastasia.
Fer y Eric congeniaron a la perfección; técnicamente, fue secuestrado por el novio y sus amigos, mientras que a Ximena la raptó su prima con sus amigas y las damas de honor.
Era el momento perfecto para planear las despedidas de solteros; sería dentro de dos noches. La idea era que se divirtieran al máximo y darle una despedida digna y diferente a la «soltería» de Allison.
—¿Sabes que suena absurdo hacerte una despedida de soltera cuando vives con tu novio hace más de un año? —Xime le preguntó burlona.
—¡Lo sé! Pero es la tradición y ¡nunca es tarde para emborracharse con las amigas! —gritó la novia emocionada. Todas soltaron una carcajada y asintieron.
—¿Han pensado en algo para ese día? —les preguntó con curiosidad y negaron—. ¿Ni stripper? —cuestionó divertida y las mejillas de su prima se pusieron carmesí, mientras negaba con insistencia.
—¡Ella no quiere! —gritó Nicol con frustración. Era la mejor amiga y dama de honor principal—. Ya tenía todo listo y salió con que nada de chicos desnudos ni bailes eróticos. —Refunfuñó. Ximena rio.
—¿Desde cuándo te volviste mojigata? —molestó a su prima y esta giró los ojos.
—No me interesa ver chicos desnudos bailándome, ya tengo el que me hace eso en privado —respondió con suficiencia, mientras movía las cejas de arriba abajo. Todas hicieron una mueca de desagrado y soltaron la carcajada.
—¡Mucha información! —gritó otra de sus amigas y todas le dieron la razón con asentimientos enérgicos.
Empezaron las propuestas; la mayoría eran «políticamente correctas»: ir a cenar a un restaurante, salir a bailar a una discoteca, cosas normales de chicas.
Sí eran lindos planes, pero ninguno convencía a Ximena, como para que esta los considerara dignos de la despedida de soltera de su prima.
Eran planes para hacer en una ocasión cualquiera.
De repente, se le ocurrió una idea y sacó su celular para buscar información. Cuando su prima la vio así, no dudó en hacerle mala cara y se acercó para quitárselo de las manos.
—Te dije que nada de trabajo esta semana —le recordó y su prima se rio, al tiempo que le mostró la pantalla.
—Solo busco algunas ideas diferentes para ese día. Deja el drama. —Le sacó la lengua y siguió con la búsqueda, mientras que las demás chicas seguían dando opciones y recordando lo que algún familiar o conocido había hecho en su despedida.
—¿Nos dirás cuál es tu idea? —preguntó Nicola, ansiosa.
—¿Les llama la atención una despedida de soltera internacional? —preguntó con picardía y todas la observaron con atención.
—¡¿Estás loca?! ¡No tenemos tiempo para ponernos a viajar! —renegó Allison y su prima soltó una carcajada.
—La loca eres tú. Yo me refiero a que hagamos varios rituales de despedida de soltera, de los que se hacen en diferentes partes del mundo —comentó y el interés de todas aumentó—.
Acá tengo algunas ideas, pero me gustaría que todo lo organicemos nosotras y que para mi prima sea una sorpresa —les dijo a las demás y todas se emocionaron.
Allison era una obsesiva del control; aunque estaba emocionada por su despedida, el no saber lo que harían la dejó ansiosa.
—¡Perfecto! ¡A planear!
Intercambiaron números y crearon un grupo de chat en el que la novia brillaba por su ausencia. Ahí organizarían todo, sin necesidad de reunirse todo el tiempo.
Ya llevaban más de seis horas de integración preboda y algunos invitados ya se empezaban a ver agotados. Ximena pensó en la llegada al hotel con Fernando y le preocupó que no consiguieran habitaciones. No hizo reservas, porque en sus planes no estaba demorarse tanto en la casa de sus padres.
Los invitados se empezaron a ir poco a poco. Ella se acercó a Fer, quien seguía entretenido conversando con Eric y Sam, el padrino. Se despidió de todos y le avisó a Fer que lo esperaba en el interior de la casa; este asintió y le guiñó un ojo.
Antes de partir al hotel, fue al baño y después buscaría su bolso; sin embargo, en el camino la interceptó Roman. Ese mismo al que imaginaba que se había ido hace mucho tiempo a su casa y debía estar junto a su esposa.
—Ximena, necesito hablar contigo —suplicó; ella giró los ojos.
—Ya te dije que deberías estar pendiente de tu esposa y no de mí. Déjame en paz —le pidió con hartazgo, intentando mantener la calma.
—Anastasia ya está en la casa, yo volví para hablar contigo. —Ximena lo miró con extrañeza, frunció la nariz y se rascó la frente. Controlarse era cada segundo más complicado.
—No entiendo qué es lo que quieres hablar conmigo. Te recuerdo que las cosas entre los dos se acabaron hace cuatro años. Tú las acabaste —dijo con seriedad y este negó con insistencia.
—No puedes decir que se acabaron, yo todavía te amo y estoy seguro de que tú también me amas —comentó con un convencimiento que la tomó por sorpresa—. Dejémoslo todo y escapemos —propuso y le acarició la mejilla con delicadeza.
Ximena necesitó respirar profundo, agarró su mano y la retiró de su cara. Lo miró a los ojos y pensó cómo debían salir las palabras que estaba por soltar; necesitaba aclarar las cosas de una buena vez y que no le volviera a joder la vida. Nunca más.
—Roman, escúchame bien lo que te voy a decir.
Las cosas entre los dos —señaló sus cuerpos—, tú las acabaste hace cuatro años, cuando decidiste mentirme y ser infiel con la que ahora es tu esposa y a la que le debes respeto.
Aunque me heriste profundamente en ese momento, ahora te lo agradezco inmensamente, porque me demostraste la clase de amor y de persona que deseo tener a mi lado, así que, asume las consecuencias de las decisiones que tomaste, afróntalas, ocúpate de tu matrimonio, que por algo lo hiciste, y a mí déjame ser feliz sin que tú estés en mi vida como un karma que estuviera pagando.
¿Entiendes? Ahora estoy con Fernando y no me interesa nadie más, muchísimo menos, volverme a enredar contigo —le dijo y se giró para seguir su camino.
—Eso no es verdad, tú todavía me amas —aseveró y la giró con prisa, para después estampar su boca sobre la de ella mientras le agarraba el rostro con fuerza.
Lo empujó con gran empeño para quitárselo de encima y lo abofeteó tan duro que resonó por toda la casa.
—¡¿Pero qué mierda crees que haces?! —gritó con furia y su rostro se encendió.
—¿Qué está pasando acá? —preguntó Martha con seriedad. Fernando llegó al tiempo, junto con Allison y Eric—. ¡A mi hija la respetas y la vas a lastimar más! —gritó furiosa y Allison tuvo que contenerla para que no le dieran otra cachetada. Aunque se la merecía.
Ximena se limpió la boca con el dorso de su mano y no podía dejar de mirar a Roman con odio. Del hombre valiente de hace un minuto ya no quedaba nada; estaba cohibido al verse rodeado de gente.
Fernando se acercó a ella y, al comprender lo que sucedió —porque la mejilla de Roman mostraba la forma enrojecida de una mano fina—, se fue a confrontarlo, pero ella lo detuvo con prisa.
Fer estaba de verdad molesto, pero lo que menos quería ella era verlo pelear con un imbécil en la casa de sus padres, en plena celebración de su prima.
Al final fue el mismo Eric quien sacó a su primo a empujones; le dejó claro que no era bienvenido en ninguna otra reunión, mucho menos en la boda. Ni él ni su agria esposa.
—¿Estás bien, chiquita? —le preguntó Fer, acercándose a revisarle el rostro. Ella asintió y reposó su cabeza en ese pecho masculino que la reconfortaba.
—Vayan a su habitación y se relajan después de este mal momento —sugirió la mamá.
—No, nos iremos a un hotel —aclaró, pero recibió una negativa.
—Sus maletas ya están en la habitación del fondo —comentó y se dio la vuelta para seguir su camino, aunque se quedó quieta un instante. Respiró profundo; estaba furiosa por lo que hizo Roman, e intentaba controlarse.
—¿Vamos a quedarnos juntos en la misma habitación en la casa de mis padres? —susurró ella, conmocionada.