Conociendo a la familia
Ximena cerró los ojos a la espera del beso; su corazón parecía querer salirse de su pecho y la respiración se le cortó.
—Por favor, enderecen sus asientos y cierren las mesitas de la comida —dijo la azafata, haciendo que Fernando se alejara de ella. Ximena la miró y asintió. Sus mejillas se tornaron carmesí.
¡Aaaaah! Ahora sí me volverá loca . Mordió su labio al recordarlo tan cerca y supo que, si no hubiera sido por la azafata, sí se habrían besado.
Fer miraba por la ventana y sostenía una sonrisa ladeada; ante los ojos de Ximena, se veía más guapo de lo normal. Ella enderezó su silla, recogió la mesa, apenas cuando se encendía la señal para abrochar sus cinturones.
Empezó el descenso para el aterrizaje y los nervios se apoderaron de ella al pensar en que dentro de poco se encontraría con su familia, estando acompañada de su supuesto novio.
De repente cayó en cuenta de que la mentira planeada no va a funcionar, porque su tío también era abogado y, si pensaba que Fer lo era, no dudaría en llevar toda conversación por ese derrotero.
—No podemos decir que nos conocimos en el bufete —comentó con preocupación y Fernando volteó a mirarla.
—No entiendo.
—Mi tío es abogado y, si piensa que también lo eres, no dudará en hacer conversación al respecto —respondió.
—¿Pensabas hacerme pasar por abogado? —preguntó con incredulidad y el ceño fruncido.
—Pues sí…, ¿qué otra cosa podrías ser si estabas en el bufete?
—Un cliente —contestó con obviedad. Se rio y las mejillas de ella se colorearon.
—¡Tienes razón! Perdón. —En ese momento el avión tocó tierra con más fuerza de la esperada, saltando la parte trasera y ella se asustó.
Sin darse cuenta, lanzó su mano izquierda sobre la pierna derecha de Fer y le apretó el muslo con fuerza. Estaba nerviosa. El avión se estabilizó y se empezaron a escuchar las turbinas apagarse poco a poco.
Habían llegado.
—¿Me devuelves mi pierna? —preguntó Fer con diversión, atrayendo la atención de su compañera. Cuando ella fue consciente de cómo lo tenía agarrado, retiró con prisa su mano.
—Lo siento… —Desvió la mirada.
Bajaron del avión en completo silencio; ambos estaban nerviosos por lo que pasaría con su actuación, que por momentos se sentía más que real. Atravesaron el aeropuerto para ir a la salida en la que los taxis se detenían, pero una voz femenina se hizo escuchar.
—¡Ximena! —repitió su nombre, como si no la hubieran escuchado.
—¡Allison! —Corrió hacia la puerta para fundirse en un gran abrazo con su prima.
Fernando se acercó a ellas con paso lento, dejó las maletas en el suelo y masajeó su nuca; no sabía si era más por los nervios o por la tensión del viaje. Allison le regaló una mirada cómplice a su prima y levantó una ceja en dirección al recién llegado.
—Es un amigo y mi vecino —le susurró Ximena y su prima le regaló un asentimiento, acompañado de una gran sonrisa.
—Está muy guapo —susurró de vuelta y se giró hacia él.
—Mucho gusto, Fernando —se presentó, con su mano estirada hacia ella.
—Hola, Fernando —respondió el saludo y le estrechó la mano—, supongo que eres el novio de mi prima —dijo con picardía y las mejillas masculinas se tornaron rojizas. Miró a Ximena, como si le pidiera ayuda para decir algo.
—¡No seas mala! —la reprendió y se rio—. Tranquilo, ella sabe la verdad —le aclaró al pobre, antes de que colapsara por los nervios.
—Perdón, pero si vas a reaccionar así cada vez que te pregunten lo mismo, los van a descubrir más rápido de lo que piensas —espetó Alli y la falsa pareja se miró, sin más opción que asentir, porque era verdad lo que le decía.
—Sabía que esto iba a ser una mala idea —se lamentó Ximena.
—Cálmate —la tomó del hombro—, solo digo que se traten más cercanamente, como si de verdad fueran novios.
Tampoco es necesario que se anden besando o cosas así.
—Ahora fue el turno de que la aludida se sonrojara y no pudo contener una carcajada.
Entendía a su prima; cualquiera pudiese tener deseos de besar a ese bombón.
Caminaron hasta el auto, él guardó el equipaje de ambos en el maletero y no tardaron en emprender el camino hacia la casa de los Miller. Conversaron sobre los preparativos de la boda y a Allison se le notaba el cansancio, pero también la emoción que eso le traía.
La idea era solo estar poco tiempo en la casa de los Miller, saludar a los padres, compartir parte del día y ya después se irían con tranquilidad a un hotel, donde no tuvieran que fingir. Cuando llegaron a la casa, se bajaron sin el equipaje; ya más tarde los llevaría Allison al hotel.
Eric salió a recibirlos; eso era extraño, porque no tenía que ser el novio de su prima quien los recibiera al llegar.
¿Por qué estaba ahí? La pareja de novios entró con prisa, dejándolos solos en la puerta.
Antes de entrar, se escucharon voces que venían del interior, llevándolos a intercambiar una mirada preocupada.
—¿Hay una reunión? —preguntó, confundido.
—Pero si son apenas las once de la mañana. —Ximena frunció el ceño.
—¡Hija, llegaste! —gritó la señora Miller, asustando a su hija, que estaba de espaldas.
—¡Mamá! —Se abrazaron y, al separarse, ella se quedó mirando a Fernando, que esperaba, con timidez, su momento de saludarla.
—Mucho gusto, señora Miller. —Le extendió la mano. Ella lo miró de arriba abajo, sonrió y, al darle la mano, lo jaló para terminar dándole un gran abrazo.
—Supongo que eres el novio misterioso de mi hija. —Ximena los miró con sorpresa, pero no dijo nada, solo se limitó a controlar su risa, porque Fernando parecía una presa atrapada por una pitón y no sabía qué hacer—. Puede llamarme «mamá».
Ximena la miró como si le hubiera salido otra cabeza.
—Muchas gracias, pero no me siento cómodo haciéndolo —se excusó él. La mujer lo soltó y volvió a mirarlo con calma.
—Entonces dime «Martha»; eso de «señora Miller» dejémoselo a ese que viene ahí —dijo, al tiempo que señalaba hacia la calle con un movimiento de cabeza.
A pocos metros se acercaban Roman y su esposa. Este con la mirada clavada en Ximena.
—No demoren en entrar, los estábamos esperando —dijo la mamá y entró con prisa, para desaparecerse por el corredor que llevaba hacia el jardín trasero de la casa.
—Es mi ex con su esposa —le susurró Ximena a Fernando, para que aclarara la confusión que se reflejaba en su rostro. Él los miró y sonrió.
Se acercó a Ximena, se paró detrás y rodeó su cintura con sus brazos, un abrazo que le hizo estremecer por dentro y apoyó su cabeza en el hombro femenino.
Le besó el cuello, erizando todos los vellos de su cuerpo.
Ella sonrió y cerró los ojos, disfrutó el momento y olvidó todo a su alrededor, hasta que un carraspeo la sacó de su reciente ensoñación.
—Roman… —dijo al tenerlo al frente, mientras la observaba con una ceja en alto. Su esposa ni la determinaba y ninguno de los dos podía ocultar su molestia al ver que ella había cumplido con lo que dijo meses atrás.
—Ximena, supongo que este es el novio que nos tenía expectantes —dijo con ironía. Un tono que ella reconocía muy bien y al que no pensaba prestarle atención.
—Sí, te presento a Fernando Martin, el amor de mi vida. —Sonrió y su corazón se aceleró al notar un brillo nuevo en los ojos de Fernando al escuchar esas palabras.
Ay, esto terminará muy bien o muy mal. No hay punto medio .
—Roman, te espero adentro —dijo Anastasia sin ninguna vergüenza. Pasó por la mitad de la feliz pareja, como si no existieran, y se perdió tras la puerta, a donde se dirigieron los tres pares de ojos.
Fer estiró su mano para saludarlo de forma cordial; en el rostro de Roman se vio algo de duda, pero al final aceptó el saludo.
—¿Tú eres a quien debo agradecerle el haber dejado libre a la mujer más maravillosa del universo? —le pregunta con una gran sonrisa. La mandíbula de Roman se tensó y Ximena tuvo que contener la risa—. Gracias, definitivamente, muchas gracias. —Roman soltó su agarre.
—Ay, chiquito, no es para tanto —le dijo ella a Fer, ignorando por completo a Roman.
—Permiso, mi esposa me espera —expresó seco e ingresó con prisa.
Fernando se demoró algunos segundos en retirar el brazo de la cintura, miró hacia el interior de la casa y después volvió a mirarla con diversión. No logró aguantar más la risa y ambos soltaron una carcajada ante la situación que acababan de vivir.
—Creo que lo convencimos —comentó ella y Fer asintió, pero también mordió su labio, trayéndole el recuerdo del beso que casi se dan en el avión.
Ximena respiró profundo y tragó saliva.
—Deberíamos entrar, tu mamá dijo que nos esperan adentro —comentó él y la tomó de la mano para entrar a la casa.
Ella entró a la casa sin percatarse de nada a su alrededor, porque no podía levantar la mirada de su mano atrapada entre la de Fernando.
Estaba segura de que él no tenía ni idea de lo que le estaba haciendo sentir.
Por dentro sentía un remolino de confusión y ansiedad, que no sabía de dónde venía, pero lo que tenía claro era que tenerlo cerca la ponía nerviosa, pero tampoco quería que se alejara.
Al llegar al jardín trasero, los ojos de Ximena casi se saltan de sus órbitas.
¿De dónde salió tanta gente? Miró a su prima, esperando una aclaración, pero esta solo le devolvió una mirada culpable que decía «no me mates», porque era conocedora de la aversión de esta a las fiestas sorpresa, en especial, esas en las que ella era el centro de atención.
—¡Ximena, cariño! —gritó su padre, mientras se acercaba a ella para abrazarla.
Fer le soltó la mano y se puso rígido de nuevo.
—Papá, qué gusto verte —contestó y lo abrazó con fuerza—. Te presento a Fernando, mi novio. —Tragó con dificultad y miró con nervios a su papá, que observaba a Fer con mirada afilada.
—Hola, muchacho. —Extendió su mano y este le correspondió.
—Señor Miller, es un placer por fin conocerlo —saludó con palabras que le agradaron al hombre, quien sonrió levemente.
Para su padre, Ximena siempre ha sido su niña consentida; además de ser su única hija, siempre controlaba todo lo que le pasara y por eso nunca le iba a perdonar a Roman el haberla hecho sufrir.
Cada vez que le veía, le fruncía el ceño y le hacía mala cara, reacción que no dejaba de divertir a su hija.
Los novios organizaron un brunch para que las familias se integraran, junto con algunos amigos cercanos; los únicos que faltaban eran Ximena y su novio, pero con ellos presentes, las preguntas sobre su relación no se hicieron esperar.
—Pero cuéntennos, ¿cómo se enamoraron? —pidió la mamá de Allison y todos asintieron, emocionados a la espera de escuchar la fantástica historia de amor.
Xime tragó en seco y, con los nervios a tope, miró a Fer por unos segundos, respiró profundo y volvió la mirada a todos sus espectadores, quienes guardaron silencio y dejaron de hacer lo que estaban haciendo, atentos a ellos.
—Ehm, pues nos conocimos en la oficina; él llegó acompañando a un cliente y ya. Nos gustamos —comentó con rapidez y sonrió.
Las miradas dejaron en evidencia la inconformidad con su relato.
—¡Ay, por Dios! No tan emotiva —dijo su tío con ironía. Los nervios se le dispararon aún más. Volteó de nuevo hacia Fer y lo encontró cubriéndose la boca con diversión y se veía igual de interesado que los demás ante la historia que ella tenía por contar.
Era divertido verla tan nerviosa, sabiendo que era una abogada litigante y se desenvolvía muy bien en la corte.
—Chiquito, deberías contarles tú —le dijo con una sonrisa tensa, que se convirtió en una real al verlo nervioso. Sin embargo, Fer encontró la compostura necesaria, se sentó derecho y puso su cabeza a maquinar toda su historia en apenas unos segundos.
—Bueno…, el día que la conocí ella estaba igual de hermosa que siempre; ya la había visto en una oportunidad, pero ella a mí no, así que, cuando nos encontramos, la ayudé a cargar algunas…
carpetas que llevaba hacia su oficina. Hablamos un poco y me pareció la mujer más bella y natural que había conocido.
Ese día yo estaba con una amiga —varios lo miraron con una ceja levantada—, sí, una amiga, y parece que pensó lo mismo que varios acaban de pensar; se puso brava por la forma en la que le hablé, siendo que estaba acompañado.
—¿Tu amiga era la cliente del bufete? —preguntó la mamá y él asintió.
—El asunto fue que después nos volvimos a encontrar y pude dejarle claro que no tenía nada con esa chica, más allá de una amistad y, aunque, al principio desconfiaba de mí, se dio cuenta de que era cierto. Admito que la busqué en varias ocasiones a la salida del trabajo.
Hizo una pausa y le regaló una mirada intensa, a la que su corazón sobresaltado respondió.
—Un día ella estaba saliendo con un imbécil y los encontré saliendo de la oficina, no me aguanté más y le di un beso corto, pero la dejé fría y creo que con eso la fleché —bromeó y varios rieron.
Con descaro le guiñó un ojo a Ximena, que solo negó y se rio nerviosa.
—Empezamos a compartir cada vez más tiempo, hasta que me di cuenta de que no podía vivir sin ella.
No solo era hermosa por fuera, sino también por dentro, además de ser increíblemente capaz y profesional —dijo, mirándola con devoción.
Las mejillas de ella se sonrojaron y se mordió el labio con disimulo.
Sonaron algunos suspiros, acompañados por las sonrisas de todos, menos de Roman y su esposa.
—Le pedí ser mi novia y aceptó gustosa. —La atrajo hacia su cuerpo y la abrazó por la cintura, como si con eso le diera un extra de credibilidad a su historia—.
Lo mejor fue cuando desocuparon un apartamento en mi edificio y era ese lugar con el que ella había soñado.
No dudó en comprarlo, así que ahora tengo a la mejor vecina y la que me roba los suspiros.
Vivimos unos al frente del otro —comentó y ella lo miró fijo a los ojos.
—¡Ayyy!, ¡qué lindo! —dijo una de las amigas de Allison, haciendo reír a los demás—. ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! —Todos se unieron a la petición y el corazón de Ximena parecía cabalgar para salir de su pecho.
Fer la giró y con calma acercó su rostro al de ella. Ximena mordió su labio y, de repente, sintió cómo sus bocas se fundían en un beso cargado de ternura, suavidad y anhelo. Sus labios se movieron a un mismo compás y ella sintió derretirse entre esos brazos masculinos que la aferraban.