La lista del amor (y otros desastres) Cita #4 Ya se volvió sapo #3
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Cita #4 Ya se volvió sapo #3

—Antes del final de la fiesta me llevaste lejos de todos, me regalaste un peluche que guardé por años y al que usé como almohada de llanto por mucho tiempo.

El caso es que me deseaste un feliz día, me diste mi primer beso y ¡saliste corriendo!

Después, al ignorarme, rompiste mi corazón por primera vez en la vida —terminó de contarle y el pobre se veía tan avergonzado que la hizo reír.

—Pues… lo siento. De verdad.

—Durante toda la vida pensé que si tenía la oportunidad de preguntarle a ese chico por qué me hirió tanto, no lo dudaría, pero parece que me quedaré con el interrogante. —Levantó los hombros, restándole importancia.

—Creo que la única explicación que puedo dar es que siempre he sido un imbécil —comentó y ella soltó una carcajada.

—De eso no me queda duda —respondió, sonriente, y él simuló estar ofendido.

—Bueno, ¿y ahora qué?

—Antes de contestar a eso necesito saber si lo que dice tu perfil de la app es real. —Lo miró inquisitivamente. Él se rio y negó.

—¿Interesante? —Movió sus cejas de arriba abajo, pero ella negó.

—Pretencioso… —Arrugó la nariz—. La verdad es que solo estoy acá porque elegí al azar y no entiendo cómo no borré tu solicitud desde un principio —contestó con cruda honestidad.

— Aush , golpe bajo.

En ese momento llegó el mesero con la comida; el plato de ella despedía un olor provocativo, que apenas puso el plato en frente, tomó una pieza apandada, la bañó en salsa especial que la acompañaba y se la llevó a la boca.

—Uhm. Está buenísimo —dijo con ojos cerrados, degustando el trozo de calamar.

—Me alegra —respondió risueño—. ¿Ya tienes respuesta a mi pregunta?

—Ya no me gustas —se limpió la boca—, pero, si quieres, podemos ser amigos. —Esperó la respuesta con una sonrisa postiza en sus labios.

—Es una buena idea; además, no me imagino teniendo un romance con la chica a la que le rompí el corazón cuando era una niña —concluyó con voz fatalista y ella soltó una carcajada.

La tensión inicial se disipó por completo; al final ella pudo descargar su frustración con un tema que llevaba años en su mente.

Ahora sentía un alivio; el resentimiento se fue y una posible amistad estaba naciendo.

No le caía mal, no era tan malo como pensaba y un amigo en la ciudad le ayudaría con la soledad con la que lidiaba con frecuencia.

Aprovechó para darle algunos consejos respecto al perfil que había hecho en la plataforma.

Con la descripción solo atraería a mujeres interesadas en el dinero que aparentaba tener y ninguna lo querría conocer a profundidad, por lo que en realidad era, menos, con esa actitud de chico malo y desinteresado, hasta un poco grosero.

En el tiempo que llevaban hablando sin máscaras ni apariencias, ella había podido ver al verdadero Nathe y no parecía un imbécil, en absoluto.

La cita terminó siendo todo menos romántica, pero se sintió bien. De hecho, terminaron siendo un contacto laboral importante, aprovechando que ambos eran abogados. Llevaban los mismos años de experiencia, solo que él trabajaba de forma independiente.

Tomaron una taza de café después del almuerzo, mientras se contaron lo que había sido de sus vidas en esos veinte años separados. Al final se despidieron con un abrazo, una sonrisa y cada uno se fue a su auto.

En definitiva, la búsqueda del hombre perfecto, por medio de la aplicación, había llegado a su fin. No funcionó, aunque le sirvió como aprendizaje en varios aspectos y cierre de ciclos. Pensó que le iba a generar inquietud, pero se sintió tranquila, como si se hubiese quitado un peso de encima.

Puso música, cantó y hasta bailó en su silla, en el camino al apartamento.

Haberse encontrado con ese amor de infancia le dejó un buen sabor de boca y pensó hacer lo mismo con Fernando.

Necesitaba que volviera a ser ese amigo con el que desayunaba o cenaba y al que podía contarle todo lo que le había sucedido en el día.

Al llegar a su edificio, recogió la correspondencia pendiente y pudo reconocer, dentro de los papeles que sostenía el vigilante, una carta de notificación de una demanda.

Eso la sorprendió, en especial cuando el hombre le hizo saber que era un sobre que le enviaba la señora Annette Martin a Fernando.

¡¿Qué?! ¿La mamá lo está demandando? Quedó confundida y se ofreció a ser quien le subiera la correspondencia. Al parecer, el vigilante no vio ningún problema con eso y se lo permitió.

En el ascensor intentó ver el contenido, levantó la carta y la que la acompañaba en contraluz, pero no pudo ver nada y la curiosidad la estaba matando. Cuando las puertas se abrieron, caminó decidida hacia la entrada de Fernando, pero las risas del interior le cambiaron el ánimo con el que iba.

¿Por qué sigue acá? , cuestionó con incomodidad. Ya habían pasado varias horas. Respiró profundo, se aireó la cara con las cartas, timbró y puso la mejor sonrisa para cuando abriera la puerta.

Escuchó algunos ruidos en la sala; se parecían a los que se hacen cuando la gente se viste de afán. Tragó saliva con dificultad y sintió una opresión en el pecho.

Cuando abrió la puerta, no entendía lo que veía.