Cita #4 Ya se volvió sapo #2
¿Por qué no me contó que salía con alguien?
Se supone que somos amigos. ¿Será su novia?
Pero él dijo que no creía en el amor, ¿o lo dijo solo para mantenerme alejada?
Una lluvia de pensamientos y conclusiones se apoderó de su mente, tanto así, que no se dio cuenta del momento en el que llegó al sótano.
—Deja de pensar en él y concéntrate en tu cita de hoy —se reprendió y puso el auto en marcha.
Había más tráfico del esperado y se demoró más de media hora en llegar al restaurante. Al aparcar cerca del lugar, reconoció al hombre con el que se había citado y se bajó con prisa hacia él.
—Ahora debemos esperar a que desocupen una mesa, porque la reserva ya se perdió —dijo sin saludarla ni mirarla, visiblemente molesto.
Es un imbécil.
—Buenas tardes, sí, gracias, me encuentro bien y pude llegar a pesar del tráfico —comentó ella con ironía.
Subió los hombros y, al darse media vuelta, los ojos de Ximena casi se salen de sus órbitas.
Una imagen similar se le vino a la mente y se sintió en su cumpleaños número ocho, después de haberle dado su primer beso a Nathe, y se desapareció para no volverlo, hasta ese momento.
—¡Oh, noooo! —Soltó una carcajada cargada de ironía, con la que llamó su atención y la miró confundido—. Te di mi primer beso y muchas lágrimas; no pienso darte nada más. Adiós.
—¿De qué hablas? —preguntó confundido, antes de que ella se fuera.
—Supongo que no te acuerdas de una niña de ocho años, totalmente ilusionada, a la que le regalaste un peluche, su primer beso y un corazón roto al desaparecer para siempre —comentó furiosa y él la miró con una ceja en alto.
—¿Estás loca? —Ximena dudó un momento si era el mismo del que reclamaba.
—¿Eres de Ashland, Oregón? —preguntó, con una ceja levantada, de la misma forma en la que él la miró hace un momento.
Esperó la respuesta, hasta que asintió—.
¿Estudiaste en la Dawson Elementary School ?
—Torció la boca y se le podían ver los engranajes de la cabeza dando vueltas, pensando si contestaba o no. Asintió.
—¿Para qué son todas esas preguntas? —dijo con actitud retadora.
—¡Entonces sí va para ti mi reclamo! —gritó con rabia, llamando la atención de más personas que se encontraban cerca.
—Definitivamente, estás loca. —Volteó los ojos y la hizo sentir un poco avergonzada por el espectáculo que estaba haciendo—.
No te recuerdo y me disculpo por haber hecho lo que me reclamas, pero eso sucedió hace más de veinte años, lo que hace muy raro que lo recuerdes con tanto resentimiento.
—Torció la boca con desdén y a ella le dieron ganas de quitarse un zapato y lanzárselo a la cabeza.
En ese momento, uno de los meseros del restaurante se asomó por la puerta para avisar que ya había una mesa disponible y que podían pasar.
Nathe asintió y la miró.
—¿Vienes o seguirás discutiendo por algo que solo tú recuerdas? —preguntó y se fue caminando al interior del restaurante.
Ximena lo miró y también a su auto, decidiendo qué hacer.
Bufó al darse cuenta de que él tenía razón y ya había pasado mucho tiempo como para seguir resentida; además, ya había ido hasta allá, la vista no estaba mal, el restaurante se veía interesante con una decoración campestre, pero elegante; y no quería volver a su apartamento para escuchar a Fernando con su acompañante… Otra vez.
Soltó el aire y entró detrás de Nathe, que la esperaba en la entrada, y el mesero los llevó hasta la mesa libre en una de las terrazas.
Con la carta en la mano se dedicó a detallarla; no quiso decir nada, porque no sabía cómo continuar la conversación.
—Como disculpa por lo que hice hace taaaanto tiempo —comentó burlón—, yo invito esta tarde, pide lo que desees.
¡Ja! Me pediré lo más caro del menú. Solo espero que sea rico . Se rio, con la cara cubierta por la carta . ¡Qué venganza tan ridícula, Ximena! Definitivamente, solo era buena para tomar venganzas justas en el juzgado, no fuera de este.
Al final pidió unos calamares apanados, acompañados de ensalada verde y una copa de vino blanco, cosecha especial de la casa. No era lo más caro de la carta, pero sí lo que le provocó, y no escuchó lo que su acompañante pidió; solo fue consciente cuando el mesero se alejaba de la mesa.
—¿Qué tanto me miras? —preguntó incómoda.
—Intento recordarte, pero estoy seguro de que una mujer tan hermosa se me quedaría grabada. —Ella frunció el ceño ante ese comentario que parecía una extraña forma de coquetear.
—Era una niña, dudo que me reconozcas; yo tampoco lo hago por imagen, pero tu nombre y actitud, sí que los recuerdo —contestó ella y miró con indiferencia hacia la ventana, porque la Marina del Rey se mostraba en todo su esplendor, con embarcaciones bonitas, lujosas y llamativas.
—Deberías contarme qué fue lo que hice, cómo, cuándo y dónde, para saber por qué estás tan molesta conmigo —le dijo con una mirada profunda que la inquietó.
Ximena respiró con fuerza y pensó la forma de responder, porque él tenía razón.
—Compartíamos curso desde primero y estaba enamorada de ti.
—Nathe abrió los ojos con sorpresa, porque parece que no estaba preparado para escucharlo—.
Mis papás me hicieron una fiesta de cumpleaños y fuiste uno de los invitados.
Estaba nerviosa, ansiosa y emocionada de verte, porque tus papás confirmaron la asistencia.
—Ya me estoy sintiendo mal y eso que no recuerdo nada —admitió avergonzado.