Cita #4 Ya se volvió sapo
Al volver del baño, Fernando estaba tenso; la posición en la que estaba la había cambiado y volvió a encender el televisor; mostraba un interés desmedido en la película de acción que encontró.
Se sentó a su lado; él la miró y formó una mueca que pretendía ser una sonrisa, pero volvió a centrar su mirada en la pantalla.
—¿Está todo bien? —le preguntó y él asintió.
Ni una palabra, nada. Ximena no sabía qué había pasado, pero las cosas cambiaron en los minutos que no estuvo.
¿Alguien lo llamaría?, cuestionó sin obtener respuesta.
La película acabó casi a las cuatro de la madrugada; durante todo ese tiempo ella lo observaba sin comprender por qué parecía ignorarla.
—Ximena, gracias por todo. Ya me iré a mi casa. El peligro ya pasó —se despidió con prisa, sin darle tiempo de decir nada, porque ya se encontraba saliendo del apartamento.
—Descansa… —Fue lo último que alcanzó a comentar antes de verlo desaparecer tras su puerta.
Con una presión en el pecho que no la dejaba tranquila, repasaba cada segundo de lo que había pasado antes de que lo encontrara tan raro, pero cada vez se sentía más confundida.
Recordó la libreta en la mesa y la lista que había en esta, así que la arrancó sin miramientos.
No sé qué pensaba cuando me puse a hacer la lista de él , se cuestionó.
Ese paralelo entre sus requisitos y lo que había conocido de él la hacía sentir mal.
No podía negarse que se sentía atraída por él, así como que había desarrollado un interés y se preocupaba por las cosas que le sucedían.
En definitiva, le atribuyó eso a la amistad que habían entablado en el tiempo de convivencia en el apartamento.
Porque sí era cierto que si alguien no cumplía con las características buscadas en su lista inicia ese era él.
Guapo en exceso.
Un vago que se la pasa en casa con ropa deportiva.
Hijo de mami que le da todo.
Las mujeres salen de su apartamento como si fuera pasarela.
Desorganizado.
No conoce a su padre y su madre tiene un pasado turbio en la actuación.
No cree en el amor verdadero.
Rompió la hoja y la desechó en la basura. El sueño le llegó de golpe y con poco tiempo para descansar, menos de tres horas para levantarse al trabajo; se apresuró a su habitación para ir a la cama.
Con la cabeza en la almohada, a punto de dormirse, recordó la imagen del balón golpeándolo en la cabeza y a ella corriendo a socorrerlo.
En la mañana no lo vio, pero no se le hizo extraño; supuso que estaba durmiendo, así como ella desearía hacerlo. Pensó que cuando lo viera más tarde, no solo preguntaría cómo sigue del golpe, sino que se sentía tentada a ser quien preparara algo para la cena y comer juntos.
Pasaron cuatro días en los que no se había vuelto a ver; ella le había timbrado en varias ocasiones en su apartamento, pero parecía que estaba afuera, porque en ninguna oportunidad atendió la puerta.
Ximena se sorprendió al notar lo acostumbrada que estaba a su presencia y ya lo extrañaba. Le había preguntado al vigilante por Fernando y este le contestaba que sí lo había visto, pero que ha entrado y salido con frecuencia en los últimos días.
¿Me estará evitando? , se preguntó con un nudo en la garganta, pero negó, porque no había una razón para que lo hiciera. Algo lo debe tener ocupado , insistió, convenciéndose mientras alistaba la bolsa de la basura para sacar.
Escuchó algunos ruidos en el corredor y reconoció su voz; se apresuró a saludarlo, pero al abrir la puerta, lo primero que vio fue una mujer alta, de cabello largo, castaño y liso, vestida con un diminuto vestido que no dejaba mucho a la imaginación.
Le dieron ganas de darse la vuelta y correr a su apartamento.
—Buenas noches, Ximena —la saludó serio y ella frunció el ceño.
—Buenas noches… ¿Cómo has estado? —preguntó, con un intento de sonrisa que no dejara ver lo afectada que se sentía.
—Ocupado. —Observó a su compañera y esta le sonrió ampliamente.
— Baby , te espero adentro —le dijo esta y le dio un beso en la comisura de los labios.
Ximena tragó saliva y caminó con prisa al depósito de basuras, arrojó la bolsa y se devolvió hasta su puerta. Sintiendo todo el tiempo la mirada de él clavada en su espalda, pero intentó ignorarlo.
—Me alegra saber que estás bien. Adiós —dijo antes de cerrar su puerta.
No pudo seguir conteniendo una lágrima que cayó por su mejilla y a la que quitó con su pulgar.
Un mensaje llegó a su teléfono y, al ver que era de su prima, imaginó por dónde iba lo que tenía que decirle.
Allison: Xime, ¿cómo va todo? ¿Qué tal esa búsqueda de novio? Recuerda que la boda es en tres semanas, pero tienes que estar en dos semanas acá en Ashland.
Había olvidado por completo ese detalle: llegar una semana antes de la boda por ser una de las damas de honor. Semana en la que las familias de los novios se integrarían con algunas actividades. Además, se llevarían a cabo las despedidas de solteros de ambos.
Todo eso se traducía en que debía retomar su búsqueda lo más pronto posible.
Encontrar al hombre ideal parecía cada día más imposible, como si buscara un unicornio, y también debía adelantar el trabajo de toda una semana.
No había forma de escabullirse a la petición de su prima, pero también estaba la amenaza de esta, de que no la dejaría trabajar en todo el tiempo, porque ya estaba reservado para los últimos preparativos de la boda.
Debía ponerse manos a la obra, así que encendió el portátil y entró a la página de citas; la tenía olvidada desde hace dos semanas.
Se sorprendió al ver las treinta solicitudes que tenía pendientes, aunque eliminó aproximadamente la mitad.
No más con leer sus perfiles vio que no llamaban su atención y de las que quedaron eligió una al azar.
Ya estaba cansada de revisar todo y esperar minuciosamente a que todo saliera bien. Ese era su último intento con Match your heart .
—Ya me estoy cansando de esto —se dijo con un suspiro pesado.
Se escuchaban las risas desde el apartamento de Fernando, lo que la puso más irritable; de mala gana se levantó de la mesa del comedor y se fue a su habitación, dejando la mayor distancia posible entre ella y el ruido indeseado.
Nombre: Nathe Donald
Edad: 28 años
Nacionalidad: estadounidense
Profesión: abogado
Gustos: ver películas, asistir a premieres, conciertos y eventos de entretenimiento. Navegar en yate y escalar.
Frase personal: Me considero una persona hermosa, apreciada y digna de ser amada. Me enorgullezco de quien soy.
Ximena frunció el ceño al terminar de leer el perfil; no entendió por qué no hizo parte del lote que eliminó y se arrepintió de haberlo seleccionado al azar, pero sintió la obligación de seguir con su propósito inicial.
De todas formas, sentía que el tipo era un pretencioso, que esperaba llamar la atención de mujeres al poner actividades que podían verse como sinónimo de tener dinero, mucho dinero, y ni hablar de la frase personal, con la que se echaba flores a sí mismo.
¿De dónde me suena ese nombre? Sentía que ya lo conocía, pero por más que intentaba recordarlo, no se le venía nada a la mente. «No lo vas a cambiar, porque lo elegiste al azar. Ya te tocó», se regañó. Bufó y entró al chat.
Cuanto más rápido, todo será mejor . Lo saludó y esperó a que le contestara. Duró unas dos horas en el portátil, trabajó un poco y procrastinó otro, pero en todo ese tiempo no obtuvo respuesta del mensaje.
—Parece que también recibió el consejo de «hacerse desear» —dijo mientras lavaba sus dientes antes de ir a dormir.
A la mañana siguiente seguía sin respuesta y se sentía aliviada, porque desde que leyó su perfil había algo que le generaba cierta aversión.
Se reunió con Sam la mayor parte del día, adelantó algunos avances de los procesos legales que llevaban, así como el análisis de las propuestas que alistaban para algunas empresas que las querían como representantes.
Una notificación llamó su atención y, al ver la respuesta de Nathe Donald, no pudo evitar soltar una maldición.
Mierda.
Contestó y hablaron por pocos minutos, durante los que pareció ser tal como lo había imaginado. Acordaron verse al otro día para el almuerzo en uno de los restaurantes cerca de la Marina del Rey de Los Ángeles.
Se puso un vestido amarillo con flores pequeñitas y con bolados en la falda, que creaban una pequeña abertura en la pierna, sin mostrar mucho: bonita, pero sencilla. No quería algo muy elaborado.
Si él es pretencioso, yo también puedo serlo un poco , pensó y sonrió mientras sacaba uno de sus bolsos de marca y empezaba a llenarlo.
Podía parecer una estupidez, pero era una forma indirecta de dejarle en claro que ella era una mujer capaz de bajarse el cielo sola y que aceptar salir con él no era una decisión basada en el dinero que pudiera tener.
Salió de su apartamento y, cuando cerraba la puerta, el ascensor abrió sus puertas y de ahí salieron Fernando y la misma mujer del otro día.
Él detuvo su andar a tan solo unos pasos del ascensor y se quedó mirándola.
Ximena tragó entero y sonrió; al menos, eso intentó.
Los ojos de la mujer la recorrieron de arriba abajo y después agitó su cabello con tanta fuerza que por poco le peina la cara.
—Vamos, baby —dijo con voz melosa—, tenemos cosas pendientes.
Fernando asintió, pero ni dijo nada.
—Tengan una buena tarde —dijo Ximena al pasarles por el lado. Necesitaba alejarse.
Entró al ascensor y, cuando se giró, se encontró la mirada de él sobre ella.
—¿Una cita? —le preguntó y le contestó con un asentimiento—. Espero que encuentres lo que estás buscando —comentó y esas palabras las sintió Ximena como un puñal que se clavaba en su pecho.
—Gracias —susurró mientras las puertas se cerraban. Dos lágrimas resbalaron por sus mejillas y las limpió con prisa. Respiró profundo, intentando calmar lo mal que se sentía.