La lista del amor (y otros desastres) Desastres amorosos #2
8%

Desastres amorosos #2

Empezaron a salir como un par de adolescentes; se tomaron las cosas con calma, mientras que Ximena entraba en confianza de tener un nuevo noviazgo y sus implicaciones. La pasaban muy bien juntos, reían por todo y se ayudaban en las clases compartidas.

Todo parecía ir perfecto, hasta que fue el día en el que ella iría por primera vez a la casa del chico. «Verían una película» o, esa era la idea, aunque en jóvenes hormonales es bien sabido que el plan puede terminar en algo más íntimo, y ambos estaban preparados.

Tras salir de clase, cada uno se fue a prepararse en su casa para verse más tarde.

Ximena llegó directo a darse una ducha profunda, se depiló hasta el último vello que no se viera estéticamente agradable, lavó su cabello; hasta se había comprado un bonito conjunto de ropa interior que aguardaba para esa ocasión.

Sería la primera vez en la que estarían juntos en la intimidad y él ofreció su casa, aprovechando que su madre se encontraba de viaje; así, la única interrupción que recibirían sería el gato naranja, peludo y grande, que él conservaba como fondo de pantalla en todos lados.

Él también estaba vestido con su ropa de marca; el cabello no se le movía ni un solo milímetro, igual que siempre, lo que la motivaba a ella para no desentonar a su lado.

Ximena estaba nerviosa, su corazón latía apresurado y estaba ansiosa por lo que iba a pasar.

Cuando se abrió la puerta, esa casa que se veía perfecta por fuera, por dentro la dejó sin palabras…

Ropa en la sala, colgando de las sillas del comedor; una olla que sin razón estaba sobre la mesa del televisor, un cenicero desbordando ceniza de cigarrillo sobre la mesa del comedor y sobre la mesa de centro de la sala estaban las cajas de un domicilio que, ella podía apostar, no eran del día anterior.

—Sigue, preciosa —le pidió como si nada y la llevó a la sala para que se sentara en el sofá, haciendo a un lado la ropa que ahí estaba, entre la que ella diferenció la ropa que le había visto días antes.

Ella tragó saliva con dificultad y adornó su rostro con una sonrisa falsa, mientras que en su interior no dejaba de pensar cómo una persona como él fuera tan diferente a como lo aparentaba.

Ximena empezó a contestar de forma monótona, no razonaba en la conversación que «mantenían» y, cuando llegó una pizza para que cenaran, él la invitó a pasar a la mesa del comedor, pero no había un solo centímetro libre en donde poner algo.

Ella notó que no solo era desorden de chico, sino que muchas otras cosas pertenecían a su mamá.

En más de una hora que llevaba en esa casa no había visto al gato, hasta que este salió de debajo de un montón de ropa, con unos interiores femeninos enredados en el cuello y casi los rompe, intentando quitárselos. Casi lo logra, si no fuera por la ayuda de Daniel.

¡Esto es un caos, Dios!, gritaba Ximena en su interior, mientras analizaba sus opciones para escapar.

En la zona común se sentía asfixiada, pero conservaba la esperanza de que eso pasara al ir hacia su habitación.

Lo más lógico era pensar en que el lugar en el que duerme y descansa estuviera mucho más tranquilo y ordenado.

Solo le parecía imposible que pudiera dormir en un mal lugar.

Eso se lo repitió en varias ocasiones mientras llegaban a la puerta de la habitación.

Sí se sorprendió al ver el interior de la casa; no pudo describir lo que sintió al ver el desorden magnificado en esa pequeña, oscura y olorosa habitación. Sintió las tripas retorcerse.

¿ En serio él se puede excitar con todo esto alrededor y con ese olor? , pensó, y en los olores independientes que daban como resultado el almizcle nauseabundo que sentía en el ambiente.

¡No!, en definitiva, necesitaba salir de ahí lo más pronto posible o se volvería loca.

Mientras buscaba una excusa que le permitiera salir de ese lugar, sin necesidad de ser directa o herir susceptibilidades, él caminó hacia la cama y, sin quitar el desorden de encima, solo lo corrió a un lado y palmeó al lado de la cama, invitándola a que se sentara a su lado.

¡Pánico!

—Daniel, me siento mal —dijo con cara acongojada y se llevó la mano al estómago—, creo que la pizza me sentó mal…

—Ay, preciosa —dijo al levantarse de la cama y acercarse a consolarla—. ¿Quieres un vaso de agua? —preguntó, pero ella negó con prisa; no necesitaba «mejorarse», solo necesitaba irse y no volver jamás.

—No, lo siento…, es mejor que me vaya —se excusó y no le dio tiempo a decir nada, porque salió con prisa de la habitación, agarró sus cosas por el camino y salió de ahí.

Apenas entró a su habitación, corrió a bañarse de nuevo; sentía el cuerpo sucio, pegajoso y oloroso.

Después de esa experiencia tan desagradable, empezó a portarse seca con Daniel, hasta que logró que él mismo fuera quien la dejara, además no había vuelto a aceptarle ninguna invitación a su casa.

[El nene de mamá]

En el tercer año de universidad, Ximena aceptó la propuesta de su amiga Kathy de ir a una fiesta como pareja del primo de John, su novio, quien había llegado hace poco a la ciudad y no conocía a nadie.

La verdad era que toda su familia se trasladó desde Wisconsin por una oferta de empleo de su padre.

Timothy era un chico atractivo, alegre y despreocupado. Características que podían ser buenas o malas, según aplicara, porque muchas veces parecía no darles importancia a las cosas.

Salieron varias veces en compañía de sus amigos y la química entre ellos era innegable, en más de una oportunidad se besaron, pero había algo que a Ximena le incomodaba y no le permitía dar el paso en lo que pudiera estarse formando entre ellos.

A Timothy su mamá lo llamaba varias veces en las pocas horas que permanecían juntos. Ya no se sentía como algo normal.