La lista del amor (y otros desastres) Prólogo #2
4%

Prólogo #2

—¿Cómo se llama y a qué se dedica? —preguntó Anastasia con prepotencia.

Antes de que contestara cualquier cosa que se le ocurriese, Allison la detuvo y se la llevó para que saludara al resto de la familia e invitados.

—¿Qué fue eso? —preguntó con la mirada fija en su rostro—. ¿De verdad estás saliendo con alguien? —Ximena negó y su prima volteó los ojos al evidenciar el problema en el que se metió—. ¿De dónde piensas sacar un novio para dentro de dos meses y que esté dispuesto a venir a la boda?

La castaña le regaló una mirada aterrada y pasó su mano por el rostro.

—Puedo inventar que terminamos antes —comentó con duda y ella misma negó, al saber lo mal que quedaría con eso.

—Algo inventaremos, pero a ese par no les puedes dar el gusto de que te vean fracasar en el amor —dijo la rubia con seguridad y ambas asintieron, así no estuvieran seguras de lograrlo.

Ahora, ¿de dónde voy a sacarme un novio? Eso me pasa por atacada y rencorosa , se reprendió, pero no pensaba darse por vencida. Ese pensamiento la mantuvo en vela el resto de su estadía.

Ximena llegó a su casa y lanzó sus tacones por el medio de la sala.

El solo hecho de recordar la cita que acababa de tener con uno de los abogados del bufete, quien llevaba pretendiéndola algunos meses, solo la llenaba de frustración y un escalofrío le recorrió la espalda.

Ya estaba cansada de los hombres que se mostraban de una forma, pero que, apenas obtenían lo que querían —casi siempre era sexo—, cambiaban por completo y mostraban su verdadera cara.

No solo estaba frustrada sexualmente, sino que su estómago no dejaba de crujir por alimentos. El ilustre abogado Salgado se había demorado en llegar a la cita; no cenaron y sí tuvo una emergencia, justo después de los tres minutos más desastrosos de su vida.

Se fue hasta la cocina con los pies descalzos y el frío le recordó los regaños de su madre, cuando era pequeña: « No camines por la casa descalza.

Se te van a torcer los pies y después te están doliendo ».

Después de esas palabras, salía a correr a su habitación a ponerse unas pantuflas de conejito que ahora extrañaba.

Ya no corría por unas de conejos, pero sí por unas blancas con flores.

Encendió el computador y, mientras este cargaba, se devolvió a la cocina para prepararse un café, un sándwich y papas fritas, porque el propósito de la noche era pasarla en vela y dejar listo todo lo que necesitaba para un caso con el que tendría que presentarse en dos días en el juzgado, para defender a su cliente.

No recordaba haber aprobado las notificaciones de escritorio, pero empezaron a llegarle varias de publicidad de una página llamada « MATCH YOUR HEART» ; sin embargo, decidió ignorarlas y seguir trabajando en los documentos.

La tetera sonó, anunciando que el agua ya había hervido; fue a la cocina y preparó un termo con el café que tomaría en la noche. Sirvió el sándwich y las papas y volvió a la mesa para seguir con el trabajo.

En el momento en el que le llegó una nueva notificación, en vez de darle clic en la X, lo hizo fuera de esta y se abrió el enlace que la llevaba a la página principal.

Dos grandes corazones entrelazados le dieron la bienvenida, mientras parpadeaban entre brillos y el nombre del sitio web. Debajo apareció el eslogan: «¿Buscas a tu media naranja? Nosotros la encontramos por ti».

Resopló por lo ridículo que le pareció el anuncio, aunque en el fondo le quedó sonando la utilidad que podría tener, si de verdad funcionaba. Empezó a divagar en las posibilidades; una nueva notificación le llegó, pero era del trabajo, haciéndola volver a la realidad.

El correo tenía tantas dudas e interrogantes que quedó exhausta al contestarlo y las ganas que tenía de seguir trabajando en el caso de defensa se le esfumaron por completo.

Sin ganas de trabajar, pero sin sueño, decidió dar vueltas por la pantalla con el mouse , como si con eso el tiempo pasara más rápido.

Cuando la vista previa de la pantalla principal de « Match your heart » le llamó la atención, la abrió y quiso saber el porqué del auge de tantas aplicaciones para buscar pareja.

Como buena abogada que era, se quedó leyendo las políticas de la página y las condiciones de uso. Las leyó a detalle y, como no le gustaba quedarse con las opiniones dentro de la misma página, se fue al buscador a leer las reseñas que tiene el sitio.

No esperaba ver tan buenos comentarios; a muchos parecía que les funcionó, y a los que no les ayudó a conseguir pareja, al menos, les sirvió para conocer personas con las que entablaron una amistad. Sin poderlo evitar, esas cosas llamaron su atención.

«Si estás cansado de fracasar en el amor, esta es tu oportunidad para dejar en manos de expertos la búsqueda de tu pareja ideal. Trabajamos con algoritmos exactos que logran buscar a las personas afines a lo que estás buscando, así que no lo pienses más e inscríbete en nuestra página».

Después de ese párrafo estaba el botón de «INSCRIBIRSE».

Lo leyó como tres veces, y, ya que estaba cansada de tener solo fracasos sentimentales y malas experiencias, al menos, en la página serían otros los encargados de buscar a los hombres que pudieran ser afines, mientras que ella seguiría dedicada a su trabajo demandante.

El recuerdo de la boda de su prima y la necesidad de conseguir un novio para esa fecha la llevaron a dar clic sobre el botón y empezó a completar los espacios con los datos que ahí le pedían.

Al llegar a la pregunta de las características que debía tener el hombre que ella buscaba, hizo una pausa y pensó con detenimiento, hasta que empezó a anotar una por una.

No sea muy guapo (esos son los más mujeriegos).

Tenga un empleo estable y exitoso (no pienso mantener a nadie).

No viva con sus padres ni dependa de ellos.

No sea mujeriego (hay feos mujeriegos).

Sea organizado.

Que su familia sea ejemplar.

Que crea en el amor verdadero.