La Línea de Agua (Un caso de León Varda 2) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

ALMA VALE

León Varda tardó tres minutos en demostrar que Alma Vale no existía.

Le llevó seis descubrir que alguien había dedicado veintiún años a conseguirlo.

Mara estaba frente a una terminal prestada de Prefectura.

—Registro civil: nada.

—Busque sin apellido.

—Ya lo hice.

—Hospitales.

—También.

—Escuelas.

—Nada.

Sofía permanecía de pie junto a la ventana.

Clara no había hablado desde que apareció la palabra HIJA .

León caminaba.

No parecía nervioso.

Ése era el problema.

Cuando estaba nervioso se quedaba quieto.

—Fecha de nacimiento —dijo.

Mara la repitió.

17 de septiembre de 2005.

Córdoba.

—Yo estaba en Viena.

Clara levantó la vista.

—No.

León se detuvo.

—¿Qué?

—El diecisiete estabas en Viena.

—Eso dije.

—Pero llegaste el diecinueve.

Silencio.

Mara giró lentamente.

—¿Dónde estuvo antes?

León miró a Clara.

—Madrid.

Ella negó.

—Eso dijiste.

—¿Qué significa?

—Que nunca vi los pasajes.

León no respondió.

Clara continuó:

—Recuerdo porque discutimos.

—Discutíamos bastante.

—No por eso.

Clara se puso de pie.

—Desapareciste cuatro días.

Mara dejó de tocar el teclado.

—¿Cuatro?

—Del catorce al dieciocho.

León frunció el ceño.

—No recuerdo eso.

—Yo sí.

—¿Qué explicación di?

Clara sonrió sin humor.

—Que no podía contármelo.

La frase cayó peor que una mentira.

Porque sonaba a él.

• • •

La segunda búsqueda la hizo Mara.

No buscó a Alma Vale.

Buscó la fecha.

17 de septiembre de 2005.

Córdoba.

Hubo ciento cuarenta y tres nacimientos registrados ese día.

Setenta y cuatro niñas.

—Demasiadas —dijo Sofía.

—No necesitamos todas.

León miraba las actas.

—Busque modificaciones posteriores.

Mara filtró.

Once.

—Cambios de apellido.

Cuatro.

—Rectificaciones de identidad.

Dos.

—Actas cerradas.

Una.

Todos miraron la pantalla.

El expediente estaba protegido por una resolución judicial.

Sin nombre visible.

Sin progenitores.

Solo una etiqueta administrativa:

RESERVA DE IDENTIDAD POR RIESGO SISTÉMICO.

Mara levantó los ojos.

—Eso no existe como categoría normal.

—Ahora sí —dijo León.

—¿Quién la autorizó?

La firma digital estaba deteriorada.

Pero el certificado conservaba un nombre.

ISABEL SANZ.

Mara dejó de respirar.

León no miró la pantalla.

La miró a ella.

—Su madre.

Mara respondió con una sola palabra.

—Sí.

• • •

Isabel atendió desde Córdoba.

Mara no saludó.

—Alma Vale.

Silencio.

—Mamá.

Isabel cerró los ojos.

Eso bastó.

—La conocés.

—Sí.

—¿Quién es?

—No por teléfono.

—No vuelvas a hacer eso.

—¿Qué?

—Decidir cuándo tengo derecho a saber.

Isabel abrió los ojos.

No se defendió.

—Tenés razón.

—Entonces decímelo.

Isabel miró hacia algún lugar fuera de cámara.

—Alma no es hija de León.

León permaneció inmóvil.

Clara cerró los ojos.

No de alivio.

Mara tampoco pareció aliviada.

—La red dice que sí.

—La red utiliza otra definición.

León se acercó.

—¿Cuál?

Isabel lo miró.

—Herencia de decisión.

Nadie habló.

—Eso no es parentesco —dijo León.

—Para la Línea de Agua sí.

—Explique.

Isabel respiró.

—En 2005 necesitábamos sacar a una persona de A-0.

Sofía se acercó.

—¿Una de los catorce?

—No.

—¿Entonces?

Isabel respondió:

—Una niña nacida dentro.

Clara palideció.

—¿Dentro de A-0?

—Sí.

—¿Quiénes eran los padres?

Isabel guardó silencio.

León lo vio.

—No los sabe.

—No.

—¿O no quiere decirlo?

—No lo sé.

Eso cambió la habitación.

—La encontraron con horas de vida —continuó Isabel—. Sin registro. Sin identificación. Sin ninguna persona dispuesta a reconocer responsabilidad.

—¿Y qué tiene que ver conmigo?

—Tu padre había dejado una condición.

León endureció la expresión.

—¿Cuál?

—Si alguna vez nacía alguien dentro de la red, esa persona no podía pertenecerle.

Mara entendió.

—Necesitaba una identidad exterior.

—Sí.

—¿Por qué Vale?

Isabel miró a León.

—Porque Tomás aceptó prestarle el apellido.

León quedó inmóvil.

—Tomás sabía.

—Sí.

—¿Dónde está ella?

Silencio.

Mara golpeó la mesa.

—¿Dónde está Alma?

Isabel respondió:

—No lo sé.

—¿Cuándo la viste por última vez?

—Hace tres semanas.

—¿Y no pensabas contarme?

—Ella pidió que no.

—¿Por qué?

Isabel cerró los ojos.

—Porque sabía que la Línea de Agua estaba despertando.

• • •

Alma había vivido veintiún años con seis nombres.

Ninguno falso.

Todos incompletos.

En Córdoba fue Alma Ríos.

En Rosario, Marina Vega.

En Santiago de Chile, Lucía Ferrer.

En Lisboa, Celeste Duarte.

En Ciudad del Cabo, Mara descubrió un registro universitario bajo el nombre de Ana Keller.

León se detuvo.

—Keller.

—Sí.

—¿Coincidencia?

—No tengo ganas de creer en coincidencias hoy.

Sofía miró las fotografías.

—¿Qué estudió?

Mara abrió el expediente.

Ingeniería de sistemas.

Oceanografía.

Teoría de redes.

Y una especialización que León leyó dos veces.

Resiliencia de infraestructura crítica.

Clara murmuró:

—La prepararon.

Isabel negó desde la pantalla.

—Intentamos no hacerlo.

León la miró.

—Fracasar por buenas intenciones sigue siendo fracasar.

Isabel aceptó.

—Sí.

—¿Ella sabía quién era?

—Sabía que había nacido dentro de una instalación.

—¿Sabía de la esfera?

—No.

—¿De la Línea de Agua?

—Descubrió partes sola.

—¿Y hace tres semanas?

Isabel tardó.

—Me hizo una pregunta.

—¿Cuál?

—Si una persona nacida dentro de un sistema puede ser libre mientras el sistema siga existiendo.

León miró la lista.

Alma Vale.

RECEPTOR PENDIENTE.

—¿Qué respondió?

—Que no sabía.

—Bien.

—Ella dijo lo mismo.

• • •

El teléfono de Sofía vibró.

Mensaje de número desconocido.

No texto.

Una fotografía.

La abrió.

Una joven de cabello oscuro estaba sentada en un vagón de tren.

Miraba hacia la cámara.

No parecía asustada.

Tenía una pequeña cicatriz sobre la ceja derecha.

En las manos sostenía una esfera negra.

La misma de la fotografía.

Sofía le pasó el teléfono a Mara.

León no necesitó preguntar.

Debajo de la imagen había una ubicación.

CÓRDOBA.

Y una hora.

16:00.

Después llegó un segundo mensaje.

NO VENGAN A BUSCARME.

Mara miró a León.

—Eso nunca funciona con usted.

—No.

Tercer mensaje.

ESPECIALMENTE VOS.

León arqueó una ceja.

—Me conoce.

Cuarto.

NO.

Quinto.

TE ESTUDIÉ.

Mara casi sonrió.

—Eso es peor.

Sexto mensaje.

Una sola pregunta:

¿POR QUÉ CREÉS QUE LA ESFERA TE ENCONTRÓ A VOS ANTES QUE A MÍ?

León volvió a leer.

No respondió.

La esfera no había aparecido ahora.

Su fotografía había llegado primero a su oficina.

El caso había llamado a León antes de llamar a Alma.

Eso significaba que alguien todavía consideraba que él ocupaba una posición anterior en la cadena.

O quería que lo creyera.

Mara escribió:

¿QUÉ QUERÉS?

La respuesta llegó enseguida.

QUE DEJEN DE ELEGIR POR MÍ.

Después:

INCLUIDO ÉL.

León miró el mensaje.

—Pregúntele quién.

Mara escribió.

La respuesta tardó doce segundos.

SAMUEL.

Sofía se acercó.

—Orsini.

Otro mensaje.

NO ES EL ÚNICO QUE QUIERE ACTIVARLA.

León levantó la vista.

—¿Quién más?

Mara escribió.

Esta vez Alma respondió con una fotografía.

El hombre de la placa 12.

Sentado en el teatro.

Tomada hacía pocos minutos.

Desde el corredor.

Clara retrocedió.

—Alguien sigue acá.

Mara desenfundó.

La habitación quedó en silencio.

Mensaje nuevo.

ÉL.

Todos miraron al hombre.

Él no se movió.

León tampoco.

—¿Quiere activar la Línea de Agua?

El hombre negó.

—No.

El teléfono vibró.

MIENTE.

Mara levantó el arma.

El hombre miró a León.

—No quiero activarla.

Otro mensaje.

PREGUNTA QUÉ QUIERE HACER DESPUÉS.

León no apartó los ojos de él.

—¿Qué quiere hacer después?

El hombre cerró los ojos.

Clara dio un paso atrás.

—Respondé.

Él abrió los ojos.

—Destruirla.

Mara bajó apenas el arma.

León no.

—Eso parece razonable.

—No lo es.

—¿Por qué?

El hombre miró la lista.

—Porque para destruirla hay que activarla una vez.

Silencio.

El teléfono volvió a vibrar.

Alma escribió:

AHORA ENTENDÉS.

Y después:

TODOS QUIEREN QUE YO SEA LA ÚLTIMA PERSONA EN ELEGIR.

Último mensaje:

YO QUIERO SER LA PRIMERA QUE PUEDA DECIR QUE NO.