La Línea de Agua (Un caso de León Varda 2) CAPÍTULO 4
10%

CAPÍTULO 4

EL NÚMERO CATORCE

La pieza metálica permanecía sobre el escritorio.

CALÍOPE.

Inés Roldán había enviado un equipo de Prefectura antes de que ellos llegaran. Dos técnicos examinaban cerraduras, sensores y ventanas. Un tercero revisaba las grabaciones.

Nadie encontraba una entrada.

—La cámara no tiene interrupciones —dijo uno.

—Sí tiene —respondió Mara.

—Solo perdió imagen durante treinta y cuatro segundos.

—Eso es una interrupción.

—El sistema no registra desconexión.

León observaba el piso.

—Porque no desconectaron la cámara.

—¿Entonces?

—Le dieron otra cosa para mirar.

El técnico giró.

—Eso no es posible.

León levantó la vista.

—Es una frase que debería jubilarse.

Mara se acercó a la pieza.

—No hay huellas.

—Hay una.

—¿Dónde?

León señaló una mancha diminuta de óxido junto al número.

—No de una persona. De donde estuvo guardada.

Roldán entró en ese momento.

Llevaba una tableta.

—Encontramos el catorce.

Mara señaló la ficha.

—Julia Meirelles.

—Sí.

Oceanógrafa.

Treinta y nueve años al desaparecer.

Uno de los tres cuerpos recuperados meses después del supuesto naufragio.

Roldán dejó la tableta sobre la mesa.

—La placa pertenecía a su equipo de emergencia.

—¿Confirmado?

—Número de serie.

—Entonces alguien conservó esto veintidós años.

—O lo recuperó del cadáver.

León negó.

—No estaba en el cadáver.

Roldán lo recordó.

Los tres objetos habían sido enviados a las familias antes de que aparecieran los cuerpos.

—¿Entonces quién la tenía?

—Ésa es la pregunta incorrecta —dijo León.

Mara suspiró.

—Por supuesto.

—La pregunta es por qué eligió la catorce.

Roldán abrió el expediente de Julia.

Fotografía.

Currículum.

Historial académico.

Especialista en corrientes oceánicas profundas.

Había trabajado en Lisboa, Ciudad del Cabo y Buenos Aires.

Mara siguió leyendo.

—Participó en el proyecto A-0.

León se acercó.

—¿Función?

Roldán amplió.

RESPONSABLE DE MODELADO DE DERIVA.

—¿Deriva de qué? —preguntó Mara.

No figuraba.

La siguiente página estaba eliminada.

No clasificada.

Eliminada.

El documento saltaba de la página cuarenta y seis a la cuarenta y ocho.

León sonrió sin humor.

—Alguien hizo esto antes de digitalizarlo.

—¿Cómo sabe?

—Porque falta el número, no el contenido. Si hubieran borrado información digital, conservarían la estructura.

Roldán revisó el original escaneado.

Tenía razón.

La página cuarenta y siete había sido arrancada físicamente.

—¿Quién tuvo acceso?

—Hace veintidós años, demasiada gente.

Mara miró la placa.

—Y quizá una de ellas sigue viva.

• • •

Clara respondió por videollamada.

No estaba en su casa.

León lo supo antes de que ella dijera una palabra.

—¿Dónde estás?

—Hola, hijo.

—No estás en casa.

—Eso suele ocurrir cuando una persona sale.

—La pared detrás tuyo es de un hotel.

—Puede ser.

—La lámpara está atornillada al escritorio. El detector de humo tiene una luz verde que no usan en Argentina. Y hay una tarjeta de evacuación reflejada en el espejo.

Clara miró detrás de ella.

—Cada día entiendo un poco mejor por qué tu padre me sacaba de quicio.

Mara se acercó a la pantalla.

—Clara, ¿está bien?

—Sí.

—¿Dónde está?

Clara dudó.

—Montevideo.

León se quedó inmóvil.

—¿Desde cuándo?

—Una hora.

—¿Por qué?

—Porque alguien intentó entrar en mi casa.

Mara dejó de sonreír.

—¿Lo vio?

—No.

—¿Robaron algo?

Clara negó.

—Dejaron algo.

León ya conocía la respuesta.

—Una placa.

—Sí.

Clara levantó una pequeña pieza metálica.

CALÍOPE.

Mara miró la que tenían sobre la mesa.

—Dos —dijo.

—Falta diecisiete —respondió León.

Clara acercó la placa a la cámara.

—También dejaron una nota.

—Leela.

—No.

—Clara.

—Dice tu nombre.

—Leela.

Ella respiró.

—“El catorce recuerda por qué el doce murió.”

Silencio.

Mara tomó el expediente.

Doce.

Esteban Ferreyra.

Ingeniero de comunicaciones.

Catorce.

Julia Meirelles.

Oceanógrafa.

Los dos habían aparecido muertos.

—¿Y diecisiete? —preguntó Mara.

—El médico —dijo León—. Andrés Correa.

El niño de la transmisión llevaba una pulsera con el número 17.

Mara lo miró.

—Nos están dando un orden.

—No.

—Doce. Catorce. Diecisiete.

—Eso no es un orden.

—¿Entonces?

León tomó la lista de tripulantes.

—Son personas.

• • •

Julia Meirelles había tenido una hija.

Eso no figuraba en el expediente principal.

Aparecía en una solicitud de seguro presentada siete meses después de su muerte.

Nombre:

SOFÍA MEIRELLES.

Edad en 2004:

8 años.

Edad actual:

Último domicilio registrado:

Montevideo.

Clara había viajado exactamente a la ciudad donde vivía la hija del número catorce.

Mara miró la pantalla.

—¿Sabías que Sofía estaba ahí?

Clara no respondió.

León entendió.

—Por eso fuiste a Montevideo.

—No por ella.

—Entonces ¿por qué?

Clara bajó la mirada.

—Porque la caja está acá.

La habitación quedó en silencio.

La caja que León Varda I había pedido destruir.

La caja vinculada a los números primos.

La caja destinada a la persona que algún día fuera a buscar a su hijo.

—¿Dónde?

—En una caja de seguridad.

—¿Banco?

—No.

—Clara.

—Tu padre desconfiaba de los bancos.

—Eso no responde.

—Un teatro.

Mara parpadeó.

—¿Un teatro?

—El Solís.

León no preguntó inmediatamente.

Algo había cambiado.

No en Clara.

En su propia memoria.

Una sensación.

Un pasillo estrecho.

Madera.

Una lámpara roja.

Nada completo.

Nada que pudiera llamar recuerdo.

Pero suficiente para producir miedo.

Mara lo vio.

—¿Qué pasa?

—No sé.

—Eso no suele detenerlo.

—Precisamente.

Clara continuó:

—Tu padre alquiló durante años un pequeño depósito detrás del escenario. Nadie sabía para qué.

—¿Y vos?

—Yo tampoco.

—Pero sabías de la caja.

—Me dio una llave.

—¿Cuándo?

—Después del Calíope.

León se acercó a la pantalla.

—¿Qué dijo?

Clara cerró los ojos.

Veintidós años cabían dentro de un silencio.

—Que si alguna vez alguien preguntaba por los catorce, yo debía irme.

Mara miró a León.

—No dijo diecisiete.

—No.

Clara negó lentamente.

—Dijo catorce.

León volvió a mirar la fotografía enviada desde la supuesta instalación.

El niño había dicho:

Somos catorce.

No eran necesariamente los catorce tripulantes restantes.

Catorce podía significar otra cosa.

—Clara —dijo—. No abras la caja.

—Ya estoy en camino.

—No.

—¿Perdón?

—Tu padre te dijo que te fueras si alguien preguntaba por los catorce.

—Y me fui.

—A buscar exactamente lo que probablemente quieren.

Clara guardó silencio.

Mara tomó el teléfono.

—¿Quién sabe que está en Montevideo?

—Nadie.

León negó.

—Alguien.

—¿Por qué?

—Porque no dejaron la placa doce en Córdoba.

Clara miró el metal en su mano.

—¿Entonces?

—La dejaron donde ibas a encontrarla.

• • •

A las 11:52, Sofía Meirelles desapareció.

No hubo secuestro.

No hubo violencia.

Entró en un supermercado de Pocitos a las 11:41.

Las cámaras la mostraron comprando agua, pan, frutas y catorce velas blancas.

Pagó en efectivo.

Salió por la puerta principal.

Nunca apareció en la cámara exterior.

Once minutos.

Otra vez once.

La policía uruguaya recibió la denuncia de un compañero de trabajo.

Prefectura consiguió las imágenes.

Mara las reprodujo.

Sofía tenía treinta años, cabello oscuro, campera clara.

Caminaba sola.

Tomaba productos sin apuro.

No parecía perseguida.

—Deténgalo —dijo León.

—¿Dónde?

—Cuando toma las velas.

Mara congeló la imagen.

Sofía extendía la mano hacia una caja.

—¿Qué?

—No mira el precio.

—Puede conocerlo.

—Tampoco mira las velas.

—¿Entonces?

—Mira el reflejo.

El vidrio del congelador mostraba el pasillo detrás de ella.

Una mujer.

Rostro fuera de cuadro.

Abrigo negro.

Sofía la había visto.

No escapó.

No pidió ayuda.

Sonrió.

Roldán amplió.

La mujer levantó una mano.

Mostró algo.

Una placa metálica.

León sintió que el estómago se cerraba.

Número:

Mara habló:

—El tercero.

La grabación continuó.

Sofía pagó.

Salió.

La cámara exterior nunca la registró.

León volvió atrás.

Una vez.

Dos.

Tres.

—No desapareció al salir.

—La puerta es la única salida.

—No para ella.

—¿Qué quiere decir?

León señaló el piso.

Sofía llevaba zapatos secos cuando entró.

En la última imagen, antes de salir, el borde inferior del pantalón estaba mojado.

Mara amplió.

Agua.

—¿De dónde salió?

León miró el mapa del supermercado.

Servicios.

Depósito.

Escaleras.

Y debajo:

ESTACIONAMIENTO SUBTERRÁNEO.

Nivel -1.

Nivel -2.

Un acceso de mantenimiento conectaba el segundo subsuelo con un antiguo conducto pluvial.

Mara comprendió.

—Agua encima.

León recordó al niño.

Debajo del agua.

No significaba océano.

Nunca lo había significado.

—No buscan llevarnos mar adentro.

—¿Entonces?

León observó la red de antiguos conductos de Montevideo.

Algunas líneas continuaban bajo la ciudad hasta desembocar en el Río de la Plata.

Una coincidía con la ubicación del Teatro Solís.

Clara iba hacia allí.

Sofía también.

Y alguien acababa de mostrar la placa número diecisiete.

León tomó el abrigo.

—Nos están llevando a la caja.

—Eso ya lo sabíamos.

—No.

Mara lo siguió.

—¿Qué cambió?

León abrió la puerta.

—Creíamos que querían que nosotros la abriéramos.

—¿Y ahora?

Se detuvo.

—Quieren que Clara lo haga.

• • •

A las 12:03, Clara Varda entró al Teatro Solís.

No vio a Sofía Meirelles detrás de ella.

Tampoco vio a la mujer del abrigo negro.

Bajó una escalera que no figuraba en los recorridos públicos y avanzó por un corredor estrecho bajo el escenario.

Veintidós años antes, León Varda I había recorrido el mismo pasillo.

Clara llegó a una puerta verde.

Introdujo la llave.

Giró.

La puerta se abrió.

Dentro había una habitación de tres metros por dos.

Una mesa.

Una silla.

Una caja de madera.

Y un hombre sentado frente a ella.

Clara no gritó.

No retrocedió.

Solo dejó de respirar.

El hombre levantó lentamente la cabeza.

Había envejecido.

Mucho.

Pero Clara había dormido junto a ese rostro durante suficientes años como para reconocer incluso lo que el tiempo había destruido.

El hombre habló primero.

—No deberías haber venido.

Clara apoyó una mano contra la pared.

—León.

Él negó.

—Ya no.

Entonces señaló la caja.

—Y si tu hijo llega a abrir eso, tampoco va a seguir siéndolo.