33 XIAN #2
El sentimiento intenso que inundó el pecho de Xian era algo más que simple atracción o afecto.
—Exacto. Algo así.
—Ojalá pudiéramos quedarnos aquí un poco más —dijo el otro joven, que sonaba nostálgico—. Los dos solos, lejos del resto del mundo.
Al estar allí con él, sin ninguna otra persona en kilómetros a la redonda, el bosque le pareció como un abrazo protector.
Tendrían que marcharse al día siguiente, pero, por el momento, quería saborear aquella calma, aquel respiro, aquel tiempo del que podía disfrutar con Zhen y que era suyo y de nadie más.
—Ojalá —contestó.
Estaban tumbados en la cama y la luz de la luna se colaba de forma oblicua por la ventana, arrojando un leve resplandor sobre el rostro de Zhen, que tenía la cabeza apoyada en el brazo extendido de Xian. Con los párpados cerrados, las largas pestañas le caían sobre las mejillas pálidas.
—Puedo oírte pensando —dijo el otro chico sin abrir los ojos.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Xian.
—¿Es esa otra de tus habilidades?
—No —contestó mientras abría los ojos. Aquella mirada oscura y enternecedora hizo que sintiera una sacudida de anhelo—. Pero puedo sentirlo. Estás preocupado por lo que pasará cuando regresemos a palacio.
—Mmmmmm. Te equivocas. —Se acercó más a él y le enterró el rostro en el cuello—. Estaba pensando en lo guapo que estás de blanco. Y en cuándo nos desaparecerán del cuerpo las túnicas transmutadas. Debería ocurrir muy pronto, ¿me equivoco?
Zhen arqueó una ceja.
—¿Eres tan adulador con todos los chicos que te llevas a la cama?
—Solo con aquellos que me ayudan a fingir mi muerte y a frustrar los planes de mi malvado hermanastro.
Zhen le pasó un dedo por el brazo.
—De acuerdo, deja de intentar evitar la pregunta. ¿En qué estabas pensando realmente?
Xian le dio un beso en la frente.
—Estaba pensando que, cuando todo esto se acabe… quiero que seas mi consorte.
El otro chico abrió los ojos de par en par.
—¿Lo dices en serio?
Asintió.
—Quiero hacerlo oficial. Si estás de acuerdo, claro está.
—Eres un príncipe. No necesitas pedir el permiso de nadie.
Xian lo miró a los ojos.
—Pero te estoy pidiendo el tuyo.
Zhen sonrió. Entonces, se incorporó y le pasó una pierna por encima del cuerpo para sentarse a horcajadas sobre él. Después, se inclinó y reclamó sus labios en un beso profundo. Xian sonrió sobre su boca cuando se apartó un poco para tomar aire.
—Me tomaré eso como un sí.
El otro chico respondió desatándole la parte delantera de la túnica y apartándosela de los hombros.
Le gustaba verlo tomando la iniciativa, ya que, más que nada, quería que se sintiera un igual.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para agarrarle las muñecas y detenerlo. La confusión le atravesó el rostro.
—Sé que sanarme te ha arrebatado más energía de la que quieres aparentar —le dijo él—. Antes, has puesto una excusa para salir fuera y que no te viera toser sangre.
Zhen pareció avergonzado.
—Estoy bien. Ya tienes demasiadas cosas con las que lidiar, no quería que te preocuparas.
—Me preocuparé más si no me lo cuentas —replicó Xian, mirándolo atentamente—. Cuando regresemos a palacio, te llevaré al ala médica. Hasta entonces, nada de cansarse.
El otro chico gruñó y se apartó de él.
—Eres un aguafiestas.
Las mejillas de Zhen habían recuperado un leve rubor y la ligera capa de sudor que le brillaba en el cuello era una buena señal.
—Todavía podemos divertirnos un poco —dijo él mientras le metía una mano por el frontal de la túnica y le pasaba la palma por el abdomen desnudo.
El otro chico se estremeció de placer, aunque se quedó muy quieto cuando le pasó los dedos sobre la cicatriz que tenía en el lado izquierdo del torso—.
¿Alguien te hirió? —Sabía que la última vez que le había preguntado no había estado listo para contarle cómo se la había hecho.
—Me quedé atrapado en una trampa para serpientes. Estaba seguro de que iba a morir allí mismo, pero Hei Xing me rescató.
—Dado que te salvó la vida, supongo que tendré que perdonarlo por amenazarme con cortarme la cabeza. Aunque el hecho de que te pidiera que me soltaras al abismo fue bastante despiadado. Mira, yo también tengo una —añadió mientras le guiaba la mano hacia una marca que llevaba en el muslo derecho.
Zhen dibujó círculos con los dedos sobre la abultada cicatriz.
—¿Qué ocurrió?
—Wang me atrajo hasta la armería y me clavó una flecha en la pierna. Él tenía nueve años y yo, seis —contestó. Después, sacudió la cabeza con indignación—. Entonces, juré que nunca volvería a caer en una de sus trampas y, aun así, lo hice.
—Lamento que me usara en tu contra.
—No tienes nada que lamentar —dijo Xian mientras le acariciaba el pelo de forma distraída—.
¿Sabes? Cuando hayas sanado a mi madre y esté lo bastante bien como para viajar, quiero llevarla al pequeño palacio oriental de Yuezhou para que se recupere a lo largo del invierno.
Le vendría bien pasar un tiempo lejos de las habladurías y las políticas de la corte real.
Yuezhou está cerca de su ciudad natal, que es famosa por el té lóng j ĭ ng .
—¿Eso no significa «pozo del dragón»? —preguntó Zhen.
Él asintió.
—El lóng j ĭ ng es un té verde especial que se tuesta en un wok y que solo se produce en esa región. Recibe el nombre por un pozo cuya agua es inusualmente densa. Cuando llueve, el agua que cae, que es más ligera, flota en la superficie y forma un diseño retorcido que parece un dragón enroscado.
Zhen bostezó y le dedicó una sonrisa soñolienta.
—Algún día, tendrás que enseñarme a infusionar el té lóng j ĭ ng en condiciones.
Cerró los ojos con un par de pestañeos y, tras varios minutos, empezó a respirar de forma regular.
Xian se tumbó de medio lado, observándolo.
A lo largo de toda su vida, otras personas habían montado guardia mientras él dormía.
En palacio, había crecido entre lujos y siendo atendido, rodeado por todo lo que hubiera podido desear.
Pero allí, solos, Zhen y él no eran un espíritu serpiente y un príncipe; eran dos chicos que arriesgarían la vida por el otro una y otra vez sin pensarlo dos veces.
— Zh ī j ĭ —susurró—. Mi alma gemela.