La leyenda de la serpiente blanca 33 XIAN
81%

33 XIAN

Cuando Xian abrió los ojos, le costó un instante recordar dónde se encontraba. Recordaba retazos y fragmentos de los acontecimientos de la noche anterior: la traición de Wang, el mordisco gélido del veneno y la sanación de Zhen. En el hombro tan solo notaba un rastro de rigidez.

Fuera, el alba había despuntado. A su lado, la cama estaba vacía y Zhen no estaba en la cabaña. Al incorporarse, la cadena que le colgaba en torno al cuello se deslizó. Se llevó una mano al amuleto de jade que le había prometido a su madre llevar pegado al corazón.

«Hace siete años, estuve a punto de perderte —le había dicho su padre—. De hecho, estuve a punto de perderos a ambos, ya que, en el frágil estado en el que se encuentra tu madre, la pena la habría consumido. No permitiré que vuelva a ocurrir».

Esperaba que el rey le ocultase las noticias de su supuesta muerte a su consorte.

Al menos, durante el tiempo suficiente para que pudiera regresar.

Necesitaba tiempo para recuperar fuerzas y pensar en cómo frustrar los planes de su despiadado hermanastro y, lo que era más importante, en cómo convencer a su padre de que no podía confiar en Fahai.

«Un peligro oculto acecha cerca…».

«Os han traicionado».

El sacerdote se había referido al consejero.

Todos aquellos años, aquel hombre había estado ocultándole al rey sus verdaderas intenciones.

Zhen le había dicho que Fahai lo había sumergido en el estanque de cultivación para extraer el poder de la perla.

Sin embargo, él no le había contado a nadie lo que había ocurrido en el lago siete años atrás.

Entonces, ¿cómo había sabido el consejero que Zhen había consumido la perla?

¿Para qué quería la energía de la misma?

Y ¿qué haría a continuación ahora que la sala secreta de cultivación había sido descubierta e incendiada?

Cuando salió de la cabaña, Zhaoye soltó un relincho desde el poste en el que estaba atado con el ronzal. Se dirigió hacia el caballo y le acarició el pelaje brillante.

—Gracias, mi fiel amigo. —El animal le enterró el hocico en el cuello y comenzó a inspeccionarle el cuerpo y a olisquearle los bolsillos en busca de alguna pieza de fruta oculta. Xian soltó una carcajada—. Algunas cosas nunca cambian.

Cuando alzó la vista, en un claro que se encontraba a cierta distancia, distinguió una silueta familiar. Respiró hondo y el aire se le quedó atascado en la garganta.

Zhen iba vestido con una túnica blanca idéntica a la que él llevaba puesta y estaba colgando el resto de la ropa de una cuerda que había atado entre dos árboles para que se secara.

Llevaba el pelo oscuro, que le caía sobre los hombros, recién lavado y peinado y, con la vestimenta blanca iluminada desde atrás por el sol matutino, parecía casi etéreo.

Se acercó hacia él y, al oír el sonido de unos pasos, Zhen se dio la vuelta.

—Estás despierto —le dijo con una sonrisa—. Quería dejar que descansaras un poco más.

Xian le apoyó la mano en la parte baja de la espalda.

—Cuando me dijiste que me llevarías a cabalgar por el bosque para nuestra primera cita no sabía que estuvieses pensando en esto.

La risa del otro chico se elevó sobre el tintineo y el murmullo del bosque que los rodeaba.

—He lavado la ropa para que puedas ponértela mañana cuando regreses a palacio. Una túnica transmutada a partir de un saco de cáñamo no es digna de un príncipe de Wuyue y, de todos modos, no mantendrá la forma hasta mañana.

—Ah… —Xian se apartó un poco y miró el cuerpo de Zhen de arriba abajo—. Así que, en algún momento, ¿ambos nos vamos a quedar totalmente desnudos?

El otro chico le dio un codazo suave en el costado.

—Coquetear es muy inapropiado en un momento como este, dado que no estás en condiciones de dar el siguiente paso.

A pesar de todo lo que había ocurrido, Xian sonrió. Aunque el resto del mundo creyera que estaba muerto, allí de pie con Zhen se sentía más vivo que nunca.

Ambos se adentraron en el bosque para recolectar una variedad de frutas de temporada para el desayuno: lichis, quinotos, majuelas y bayas de goji.

El otro chico insistió en recoger hierbas para prepararle más sopa medicinal.

En un arroyo, Xian consiguió pescar una trucha y la asaron en el fuego que había frente a la cabaña.

—¿Has pensado en qué vas a hacer cuando regresemos a palacio? —le preguntó Zhen cuando hubieron terminado de comer.

—A estas alturas, ya habrán descubierto mi supuesto cuerpo calcinado entre los escombros de la pagoda y Wang les habrá contado la historia en la que te acusa de matarme con veneno de serpiente.

Si el títere que transformaste mantiene la forma durante un día, esperemos que lo metan en un ataúd antes de que vuelva a ser una urna.

—Puede que Hei Xing y Qing puedan ayudarnos —comentó el otro chico—. Hei Xing es un viejo espíritu tortuga; ha vivido cientos de años y sabe mucho sobre la cultivación y las artes místicas. Puede que sea capaz de adivinar qué es lo que trama Fahai en realidad. Puedo mandarles un mensaje.

—¿Cómo? Ahora mismo, podrían estar en cualquier parte.

—Existe una forma secreta en la que los espíritus animales pueden comunicarse entre sí —contestó Zhen, señalando los árboles—. Estamos justo en medio de la misma. El bosque tiene una red de comunicación enorme e invisible bajo nuestros pies.

—¿Te refieres a las raíces?

El otro chico asintió.

—Así hablan entre sí los árboles. Cuando uno muere, manda cualesquiera que sean los recursos que le quedan a través de la tierra para que puedan usarlos sus vecinos.

Por supuesto, no todos ellos son tan altruistas.

Los nogales negros son famosos por librarse de sustancias dañinas para matar a la competencia.

—Estoy bastante seguro de que, en su vida anterior, Wang fue un nogal negro —señaló Xian.

Zhen se acercó hasta un abeto alto y viejo. Entonces, colocó la palma sobre la corteza del tronco y empezó a mover los labios mientras hablaba con el árbol en su propio idioma.

—Ya está —dijo. Apartó la mano del tronco y se giró hacia Xian—. Puede que lleve un tiempo que el aviso se esparza por el bosque. Si Qing o Hei Xing apoyan la mano en algún árbol, recibirán el mensaje. O puede que lo oigan entre los murmullos de las hojas al agitarse.

—¿Qué mensaje les has enviado?

—Les he dicho que, ahora, ambos estamos en el mismo bando; que nos dirigimos al palacio de Xifu y nos vendría bien su ayuda. No he querido mencionar los detalles por si algún oído hostil lo intercepta. Ya les pondremos al día cuando nos reunamos con ellos en palacio.

—Conociendo a Qing, ya estará de camino a Wuyue para rescatarte.

—Es probable que tengas razón —dijo Zhen con tono burlón—. Nunca me hace caso.

Entonces, se dirigió hacia un amplio saliente y se quedó contemplando las impresionantes vistas de las laderas de las montañas cubiertas de pinos y abetos.

Xian lo siguió, se paró detrás de él y le rodeó la cintura con los brazos.

El sol de la tarde se filtraba entre las ramas que estaban sobre ellos y moteaba el suelo a sus pies.

Permanecieron sumidos en un silencio cómodo. La espalda del otro chico le resultaba cálida contra el cuerpo. Cerró los ojos y tomó aire. Jamás habría imaginado que allí, en medio de la nada, fuese a encontrar un lugar, o más bien una persona, a la que pertenecía.

—Me refugié en esta cabaña durante el primer invierno que pasé como espíritu serpiente —dijo Zhen mientras se le acurrucaba todavía más contra el pecho—.

Hei Xing me dijo que no había ningún lugar mejor en el mundo para cultivar que el lago del Oeste; que el qi del ambiente es más puro y prístino que en cualquier otro lugar en el que haya estado.

En aquel entonces, yo era una serpiente ordinaria y admiraba el hecho de que, como tortuga, pudiera quedarse totalmente quieto durante horas e incluso días en las orillas del lago.

Xian le apoyó la barbilla en el hombro.

—Entonces, ¿por qué te marchaste?

El otro chico giró la cara hacia él hasta que tuvieron la mejilla en contacto.

—Por ti —dijo con suavidad—. Cargaba cada día con la culpa de lo que te había hecho.

Tú fuiste el motivo de que no regresara y también eres el motivo de que, ahora, sí lo haya hecho.

—Se le curvaron las comisuras de los labios—.

Aun así, me siento agradecido de que volviéramos a encontrarnos, de tener la oportunidad de enfrentarme a lo que había hecho.

Xian esperaba que no siguiera aferrándose a la culpa. Después de todo lo que habían pasado juntos, tenían derecho a dejar el pasado atrás. Le dio un beso en el cuello.

—Me alegro de tener la posibilidad de empezar de cero.

Una inhalación suave le indicó que aquellas palabras habían dado en el blanco. Zhen le tomó las manos y entrelazaron los dedos sobre su abdomen.

—¿Crees en el destino? —le preguntó Zhen.

—Creo que el destino es una excusa que usa la gente para no luchar por lo que de verdad quiere en esta vida —contestó él.

El otro chico se giró entre sus brazos para mirarlo a la cara.

—¿Y tú? ¿Lucharás por lo que quieres?

—Siempre —Se inclinó y le dio un beso en los labios—. Ya te lo dije una vez: ¿qué clase de príncipe sería si no protegiera a aquellos que me importan?

El gesto de Zhen se tornó furtivo.

—¿Crees que dos personas están destinadas a encontrarse y estar juntas y que nada en el mundo puede separarlas?

Xian sonrió.

—¿Estás hablando de un zh ī j ĭ ?

—He oído hablar de eso —contestó el otro chico—, pero no estoy seguro de qué quiere decir.

—Es un poco difícil de definir. Es alguien que lo sabe todo sobre ti y que incluso es posible que te conozca mejor que tú mismo; alguien que permanecerá a tu lado sin importar lo sombrío y mal que te sientas por dentro.

Puede que, a veces, os enfadéis el uno con el otro, pero eres capaz de imaginarte pasando el resto de la eternidad con esa persona porque sabes que nunca os cansaréis de estar juntos y que jamás dejaréis de amaros.

Zhen ladeó la cabeza.

—¿Como un alma gemela?