32 ZHEN #2
—Estamos en una cabaña que se encuentra en las profundidades de los bosques del monte Feilai —contestó él—. Aquí estaremos a salvo. Al menos, por ahora. —Señaló el cuenco de sopa—. Toma. Bébete esto. Hará que te sientas mejor.
Xian olisqueó el contenido e hizo una mueca ante el olor de la falsa acacia, que era tan ácido e intenso que, a menudo, se utilizaba para revivir a la gente que se había desmayado.
—¿Lo has preparado tú?
—He estado buscando en el bosque y he encontrado zào ji ă o , huáng lián , huáng qín y un puñado más de plantas medicinales. En una ocasión, un boticario me dijo que podían mejorar el flujo de la sangre y eliminar las toxinas.
Saber si el príncipe confiaba en él o seguía viéndolo como un traidor dependía de si se bebía la medicina o no. Se preguntó si debería ofrecerse a dar el primer sorbo, tal como el otro chico había hecho con el brebaje que había preparado el consejero.
Pasó un largo instante antes de que Xian se inclinara hacia delante y se llevara el borde del cuenco a los labios.
Zhen lo sujetó con una mano y, con la otra, sostuvo la cabeza del príncipe mientras se bebía toda la sopa.
Cuando terminó, el otro chico se limpió la boca con el dorso de la mano y alzó los ojos hacia él.
—¿Qué ha ocurrido? —le preguntó—. No recuerdo demasiado de lo que ha pasado después de quitarme el dardo de Wang del hombro. ¿Me has sacado de esa sala subterránea?
Zhen asintió.
—También he prendido fuego al sitio antes de marcharnos para que crean que estás muerto y no envíen partidas de búsqueda detrás de ti.
Xian frunció el ceño.
—Pero cuando apaguen el incendio y no encuentren ningún cuerpo calcinado, sabrán que ambos hemos conseguido escapar.
—Eh… He transformado una urna en un títere con cuerpo humano que se supone que eres tú.
El príncipe arqueó las cejas de golpe.
—¿Puedes hacer eso?
Zhen hizo una mueca.
—Lo siento. Sé que suena horrible, pero, en ese momento, no se me ha ocurrido nada más. El títere debería conservar la forma al menos durante un día. También he dejado allí tu horquilla para convencerlos de que de verdad eras tú.
Xian arrugó el entrecejo.
—Ahora me acuerdo. —Estiró el brazo hacia atrás y se tocó las heridas punzantes que llevaba en el hombro—. Esa luz… eras tú curándome.
Antes de que pudiera responder, el príncipe le pasó la mirada por el brazo.
Horrorizado, se dio cuenta de que en el antebrazo le había florecido un parche de escamas.
Usar el poder de la perla para sanarlo había tenido un coste mayor de lo que había creído.
Giró la extremidad y se la pegó al cuerpo, intentando ocultar esa zona, aunque sabía que Xian ya la había visto.
—¿Vas a volver a convertirte en serpiente? —le preguntó con un tono de voz difícil de interpretar.
A Zhen le ardían las mejillas por la vergüenza.
—No podría transformarme ni aunque quisiera. Fahai me quitó el collar, pero, en cuanto me sumergí por primera vez, me quedé atrapado en la forma presente.
—¿Para qué sirve ese estanque?
—Estaba destinado a acelerar el proceso de cultivación —contestó—, pero Fahai modificó ese propósito para que, en su lugar, cuando me sumergiera, extrajera la esencia de la perla.
La mirada de Xian se ensombreció.
—Es obvio que Fahai no era la persona que creía que era. Jamás nos mencionó esa sala o el estanque ni a mi padre ni a mí.
—Lo siento —susurró Zhen—. Por todo. No tendría que haberte mentido.
El príncipe se quedó en silencio un instante antes de tomarle la mano y apartarle el brazo del costado.
—Cuando descubrí la verdad, quise odiarte —dijo—.
Lo intenté con todas mis fuerzas, pero… no pude.
Y cuando sacrificaste la oportunidad de escapar para quedarte conmigo, supe que la parte de mí que no podía dejar de pensar en ti había estado en lo cierto todo el tiempo.
—Entonces, con suavidad, le pasó un dedo por la tracería de escamas que tenía en el antebrazo.
Zhen se quedó helado, demasiado sorprendido como para apartarse.
Xian le sostuvo la mirada—. No me da miedo quién eres. Ya no.
«Quién eres», no «qué eres». No podía creer lo que estaba oyendo. Solo se dio cuenta de que las lágrimas le corrían por las mejillas cuando el príncipe estiró la mano, se las apartó con el pulgar y acortó la distancia que separaba sus labios.
Aquel beso fue tentativo, casi casto, como si estuvieran descubriéndose el uno al otro por primera vez. Una explosión de calidez inundó el corazón de Zhen. Nunca en toda su vida habría imaginado que volvería a tener la oportunidad de abrazar y besar de nuevo a Xian…
Le rodeó el cuello con los brazos para acercarlo todavía más a él y profundizó el beso. En Changle, había intentado aferrarse a esos momentos porque había sabido que no durarían para siempre, pero, en ese instante, quería memorizarlos todos porque al fin eran reales.
Cuando se separaron, ninguno de los dos se alejó del otro.
—Yo también lo siento. —El príncipe le sostuvo el rostro entre las manos y una sombra de dolor le atravesó los rasgos—. Cuando te he visto en esa sala, colgando bocabajo…
Zhen apoyó la frente contra la suya.
—Ojalá no hubieras tenido que verme de ese modo.
Xian sacudió la cabeza.
—Es culpa mía que acabaras así. Fui yo el que te entregó a Fahai. —Le metió un mechón de pelo suelto detrás la oreja—. No permitiré que te vuelva a poner una mano encima. Te lo prometo.
Zhen bajó la vista hacia la mancha de escamas blancas que desvelaban su auténtica naturaleza. Por primera vez, no sentía el instinto de ocultar quién era. Estiró el brazo con timidez y tomó la mano del otro chico, que, sin titubear, entrelazó los dedos con los suyos.
—En aquella sala subterránea, Fahai me dijo que el poder de la perla podía intercambiarse por quinientos años de cultivación y que cree que todavía le quedan trescientos.
—Se mordió el labio y respiró hondo—. Te he curado del veneno del dardo de Wang…
Si me lo permites, me gustaría utilizar el poder de la perla espiritual para intentar sanar también a tu madre.
Xian asintió.
—Confío en ti, pero ambos necesitamos recuperarnos antes de regresar a palacio. —Entonces, endureció el gesto—. Tengo que saldar una cuenta pendiente con mi hermanastro, y eso es algo por lo que merece la pena regresar de entre los muertos.