16 XIAN #2
Cerró los ojos. Con el otro chico tumbado a escasos centímetros, estaba más despierto que nunca.
Intentó distraerse pensando en una estrategia avanzada de wéi qí que Fahai le había enseñado antes de partir hacia allí.
Sin embargo, lo único que podía visualizar era aquella primera partida con Zhen y el modo en el que había dado vueltas entre los dedos a una de las piedras blancas mientras se planteaba cuál debía ser su siguiente movimiento.
No pudo evitar pensar en cómo sería la sensación de que le pasara las yemas de los dedos por la piel.
En su mente, el joven soltaba la piedra blanca dentro del cuenco de piedras negras, se inclinaba sobre el tablero, le pasaba las manos por los hombros y, después, las entrelazaba tras su nuca.
Entonces, Xian apartaba todas las piezas de la mesa y tiraba de Zhen hacia él para darle un beso con la boca abierta y…
Inhaló con brusquedad mientras abría los ojos de golpe. Una tensión familiar se le esparció por el vientre, descendiendo cada vez más.
A su lado, el otro chico yacía con los ojos cerrados. La respiración, queda y regular, se le escapaba de entre los labios ligeramente separados, y Xian no deseaba más que acercar los suyos propios y…
No. Le había asegurado que no harían nada más que compartir la cama. Cualquier otra cosa sería traicionar la confianza de Zhen. Se levantó con cuidado de no molestarlo, se escabulló de la alcoba y salió al patio.
La ausencia de la luna fue un recordatorio de que acababa de comenzar el quinto mes lunar.
Apenas faltaban unos pocos días para el Festival de Duanwu.
Alzó la barbilla y respiró hondo. Las frías ráfagas de viento nocturno tuvieron el mismo efecto que un baño de agua fría, disipando aquellas imágenes de su sirviente que deseaba y no deseaba tener al mismo tiempo.
Al otro lado del patio, bajo una higuera, había una figura inmóvil. Se trataba de Feng. Tenía la espalda tan recta como una vara, las palmas de las manos y los pies hacia arriba, los dedos entrelazados y los pulgares tocándose. Cuando Xian se acercó a él, abrió los ojos.
—Lo siento —le dijo el príncipe—. No pretendía interrumpirte durante la meditación.
Feng estiró las piernas.
—¿No podías dormir?
Xian se sentó a su lado, apoyó los codos sobre las rodillas y juntó los dedos de las manos, formando un triángulo.
—¿Sabes cómo te sientes cuando no puedes dejar de pensar en alguien pero no puedes hacer nada al respecto sin estropearlo todo?
Feng soltó un bufido sarcástico.
—Para todo hay una primera vez. ¿De verdad el príncipe, que puede tener y ha tenido a cualquier persona, de pronto no es capaz de intentar seducir a un chico cuyo trabajo incluye la posibilidad de tener que acostarse con él?
—Ese es el problema. ¿Cómo sé si de verdad quiere acostarse conmigo o si tan solo lo hace porque cree que tiene que hacerlo?
—¿Desde cuándo te importa eso? —replicó su amigo—. Todavía recibo cartas preguntando por ti de aquel compañero de estudios que sedujiste aquel verano en el que viniste a visitarme a Shaolin.
—Es cierto que he descubierto a Zhen mirándome a hurtadillas mientras me cambiaba la camisa interior —caviló—. ¿Crees que eso significa algo? Tú no sientes la necesidad de mirarme cuando me estoy cambiando, ¿verdad?
—No, pero es que yo llevo viéndote así desde que eras un niño flacucho de cinco años con unos brazos que parecían ramitas.
Xian retorció una brizna de hierba de forma ausente.
—¿Crees que alguna vez se habrá acostado con algún otro chico?
—No pienso mantener esta conversación contigo —dijo Feng, poniendo los ojos en blanco—. He salido aquí a meditar porque estaba seguro de que esta noche ibais a hacerlo como conejos.
Xian lo miró con los ojos entornados.
—Sigue recuperándose. No soy una mala bestia, ¿sabes? —Se reclinó sobre los codos—. No entiendo por qué es diferente a otros chicos, pero lo es.
Seguía teniendo muy fresca en la mente la forma en la que Zhen había titubeado cuando le había pedido que durmiera en su cama.
Tal como acababa de decir su amigo, podría tener a cualquier persona que deseara.
Precisamente, eso era lo bueno de fingir que no era un príncipe con todas sus otras conquistas amorosas: no tenía que dudar de sus motivos para acostarse con él.
Ojalá hubiera podido conservar la identidad falsa tras haberlo conocido en los establos…
Al menos habría sabido que cualquier cosa que hubiera ocurrido entre ellos habría pasado porque Zhen así lo deseaba y no porque creía que no tenía otra opción.
—Oí lo que te dijo en el ala médica —dijo Feng—. Fue muy inteligente por su parte no delatar a Deng. Y muy decente al perdonarlo.
Lo más probable era que aquello fuese lo más parecido a la aprobación que el chico podría obtener de su amigo.
Feng volvió a cruzar las piernas y, con un gesto elegante, colocó hacia arriba cada uno de los pies sobre el muslo contrario. Xian intentó imitarlo, pero la posición era mucho más difícil de lo que parecía.
—¿Cómo lo haces?
—Es la versión completa de la pose del loto. Perfectamente simétrica y asentada, con los cinco puntos de energía mirando al cielo, lo que concentra el qi en el d ā n tián . Requiere práctica y mucha flexibilidad de las caderas.
—Tal vez podrías enseñarle a Zhen —dijo con una sonrisa de medio lado.
Feng le dio un manotazo.
—No deshonres las sagradas prácticas taoístas, so hereje.
Xian soltó una carcajada. Cruzó las piernas y, con los nudillos entrelazados, se llevó las palmas de las manos al ombligo.
—Creo que, después de todo, sí que tengo que aprender alguno de tus métodos de meditación Shaolin.