La ley del rock Capítulo 20 - Sigue ahí #5
86%

Capítulo 20 - Sigue ahí #5

Y por la forma en que Gabriel dejó el vaso sobre la mesa, sospeché que él tampoco.

Marc llegó.

—Buenas.

—Llegas tarde —dijo Adrián.

Marc miró la hora.

—Tres minutos.

—Tarde.

—Llora.

Se sentó.

A mi lado.

Por supuesto.

No demasiado cerca. No hizo nada. Ni me tocó. Ni me miró inmediatamente.

Yo tampoco.

—¿Qué bebéis?

—Cerveza —dijo Gabriel.

Marc lo miró.

—Gracias, Sherlock.

—De nada.

Sonreí.

Marc giró la cabeza hacia mí. Solo un instante.

Lo suficiente.

Tuve que mirar mi cerveza.

Aquello iba a ser más difícil de lo que parecía.

Los primeros veinte minutos fueron casi normales.

Casi.

Adrián contó algo del estudio. Carlos habló de una reunión. Gabriel se dedicó principalmente a existir y juzgarnos a todos en silencio.

Marc y yo nos picamos.

Un poco.

Pero algo había cambiado.

No sabía explicar qué.

—Eso es una gilipollez —le dije.

—No.

—Sí.

—No tienes ni puta idea.

—Tengo más que tú.

Marc me miró.

Antes habría contestado inmediatamente. Alguna barbaridad. Un insulto. Una amenaza absurda.

Esta vez se quedó mirándome un segundo.

Y sonrió.

—Puede.

Me quedé callada.

—¿Puede? —preguntó Adrián.

Marc giró hacia él.

—¿Qué?

—Acabas de darle la razón.

—No le he dado la razón.

—Has dicho «puede».

—No significa nada.

Adrián me miró.

—¿Estás bien?

—Perfectamente.

—¿Y tú? —le preguntó a Marc.

—También.

Adrián frunció el ceño.

—Qué mal rollo.

Me eché a reír. Marc también.

Gabriel no.

Gabriel bebió.

En algún momento cogí unas patatas del plato de Marc. Me dio tiempo a meterme una en la boca antes de que se diera cuenta. Miró mi mano. Después a mí.

Esperé.

Nada.

Cogí otra.

Marc siguió mirándome.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—Son tuyas.

—Ya.

—Te estoy robando.

—Lo veo.

Cogí una tercera.

—¿No vas a decir nada?

—¿Quieres que diga algo?

Lo miré. Él a mí.

Y tuve que contener una sonrisa.

—No.

—Pues come.

Adrián dejó lentamente su vaso.

—No.

Marc lo miró.

—¿Qué?

—No.

—¿Qué coño te pasa?

Adrián señaló las patatas.

—Le has dejado coger tres.

—¿Y?

—Tres.

—Adrián...

—La última vez casi le clavas un tenedor.

—Era la última.

—Ah.

Adrián me miró. Después a Marc.

—Vale.

—¿Qué vale? —pregunté.

—Nada.

Gabriel seguía callado.

Eso empezaba a preocuparme más.

Carlos estaba contando algo cuando noté una mirada. No hacia mí.

Hacia abajo.

Giré ligeramente la cabeza.

Marc miraba mi mano. La izquierda. La tenía alrededor del vaso.

El anillo reflejaba la luz.

Guns N' Roses.

Marc levantó los ojos. Me encontró mirándolo.

Sonreí. Muy poco.

Él también.

Después volvió a mirar hacia Carlos.

Yo hice lo mismo.

No vi a Gabriel.

Pero Gabriel sí nos vio a nosotros.

Pasó un rato. La conversación cambió. No sé cómo acabamos hablando del mercadillo. Quizá Adrián mencionó algo que había comprado. Quizá Carlos recordó un puesto.

No importaba.

Gabriel dejó la cerveza sobre la mesa.

—Carlos.

Carlos levantó la cabeza.

—¿Qué?

—El sábado, ¿llevaste tú a Jenn a casa?

La pregunta me hizo mirar a Gabriel.

Carlos ni se inmutó.

—No. Me fui sobre las ocho.

Gabriel asintió.

—Ah.

Cogió otra vez su cerveza.

Nada más.

Fruncí el ceño.

Carlos continuó:

—La llevó Marc.

Gabriel bebió.

—Vale.

Marc no dijo nada.

Yo tampoco.

Adrián miró a Gabriel.

Gabriel siguió bebiendo.

Y por algún motivo sentí que acababa de ocurrir algo.

No sabía qué.

Unos minutos después estaba hablando con Carlos cuando volví a notarlo.

Marc.

Otra vez mirando mi mano.

Esta vez no lo miré inmediatamente. Esperé. Después giré la cabeza.

Sus ojos seguían en el anillo.

Levantó la mirada.

Nos encontramos.

No pude evitar sonreír.

Marc tampoco.

Fue apenas un segundo.

Después ambos volvimos a la conversación.

Gabriel se rascó la barbilla.

Adrián lo vio.

—¿Qué haces?

Gabriel lo miró.

—¿Qué?

—Llevas toda la noche raro.

—Soy raro.

—Más.

Gabriel se encogió de hombros.

—Nada.

Adrián lo observó un momento. Después siguió la dirección en la que Gabriel había estado mirando.

Hacia nosotros.

Marc estaba diciendo algo. Yo le di una patada suave por debajo de la mesa.

—Gilipollas.

—Violenta.

—Te la merecías.

Marc sonrió.

No devolvió la patada.

Adrián frunció ligeramente el ceño.

Gabriel bebió.

Hijo de puta.

La conversación siguió. Yo ya me había olvidado de aquello cuando Gabriel habló.

—Por cierto, Jenn.

Levanté la cabeza.

—¿Qué?

Estaba completamente tranquilo.

Demasiado.

—¿Qué tal fue el resto de la aventura?

Silencio.

No mucho.

Medio segundo.

Quizá menos.

Pero antes de responder miré a Marc.

Y Marc me miró a mí.

Error.

Volví a Gabriel.

—Bien.

Gabriel asintió.

—¿Sí?

—Sí.

—Me alegro.

Cogió su cerveza. Bebió.

Y cambió de tema.

Así.

Sin más.

Lo miré.

Gabriel no volvió a mirarme.

Miré a Marc. Él tenía los ojos ligeramente entrecerrados.

Después miré a Adrián.

Adrián estaba mirando a Gabriel.

Carlos seguía hablando.

Me llevé la cerveza a los labios.

No sabía qué coño acababa de pasar.

Pero tenía la extraña sensación de que Gabriel sí.

Cuando llegué a casa tenía un mensaje suyo.

Gabriel · Buenas noches.

Me quedé mirando la pantalla.

Nada más.

Buenas noches.

Fruncí el ceño.

Buenas noches?   · Yo

Respuesta inmediata.

Gabriel · ¿Qué?

Nada.   · Yo

Gabriel · Ya.

Me quedé inmóvil.

Hijo.

De.

Puta.