La ley del rock Capítulo 17 - Un segundo de más #4
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Capítulo 17 - Un segundo de más #4

Silencio. Bebí.

—Mucho hielo.

—Lo has pedido tú.

—Perfecto.

Marc se sentó. Yo también. Raven seguía cerrada. Ninguno pareció tener demasiada prisa por abrirla.

—¿Qué tal Carlos? —preguntó.

Lo miré.

—Bien.

—Bien.

—Qué.

—Nada.

—No.

Marc sonrió.

—Qué no.

—No preguntes y luego pongas cara.

—No he puesto ninguna cara.

—Sí.

—Esta es mi cara.

—Cállate.

Se rio.

—Solo preguntaba.

—Está bien.

Bebí.

—Un poco...

—¿Qué?

—No sé.

—Buen comienzo.

Le di con el pie.

—Cállate.

Marc recogió una pierna en el sofá.

—¿Un poco qué?

Pensé.

—Está intentando frenar.

—Porque se lo pediste.

—Sí.

—Eso está bien, ¿no?

—Sí.

—Entonces.

Miré el vaso.

—No sé.

—Otra vez.

—Es raro.

—Qué.

—Que haga exactamente lo que le pido y aun así yo siga...

Me callé. Marc esperó.

—¿Sigas qué?

—No sé.

—Jenn.

—Que no sé, joder.

Me eché hacia atrás.

—Como si...

Busqué la palabra.

—Como si no fuera eso.

Marc no dijo nada.

—No es que me agobie.

—Ya.

—Ni que no me guste.

—Ya.

—Ni que quiera dejar de verlo.

—También.

Lo miré.

—¿Por qué sabes todo?

Marc se encogió de hombros.

—Hablas mucho.

—Qué asco.

—Muchísimo.

Sonreí.

—Solo...

Suspiré.

—Creo que no quiero estar construyendo nada ahora.

Marc bajó la mirada hacia su vaso.

—Vale.

—Pero tampoco quiero perder lo que tengo con él.

—Eso es más complicado.

—Gracias por la revelación.

—De nada.

—Qué útil eres.

—Muchísimo.

Silencio.

—¿Tú qué harías? —pregunté.

Marc levantó la cabeza.

—Yo?

—Sí.

—No sé.

—Fantástico.

—No estoy dentro.

—Por eso.

—Precisamente.

Se quedó pensando.

—Supongo que intentaría no prometer algo que no sé si quiero.

Ah. Lo miré.

—Eso ha sonado bastante sensato.

—A veces me pasa.

—Qué desagradable.

Marc sonrió.

—Pero también intentaría no huir solo porque me da miedo ponerle nombre.

Me quedé quieta.

—Eso ha sonado más dirigido.

—No.

—Sí.

—No.

—Marc.

Se encogió de hombros.

—Tú sabrás.

Fruncí el ceño.

—Empiezas a parecerte a Gabriel.

—Retira eso.

Me eché a reír.

—Perdón.

—Gracias.

Bebí. Marc hizo lo mismo. Y entonces ocurrió.

No sabía por qué. Quizá porque estaba relajado.

Quizá porque tenía el pelo húmedo. Quizá porque mi cerebro llevaba semanas saboteándome.

Marc levantó una mano. Se pasó los dedos por el pelo.

Lo llevó hacia atrás. Y cuando volvió a bajar la mano, una gota de agua bajó desde la sien hasta la mandíbula.

Me quedé mirándola. No a él. A la gota. Perfectamente normal. Bajó por la barba. Desapareció.

—Jenn.

Parpadeé.

—Qué.

Marc me estaba mirando.

—Nada.

—No.

—Qué no.

—Has puesto cara.

—Esta es mi cara.

Marc sonrió. Pero tardó. Muy poco. Lo suficiente. Porque esta vez no fui yo la única que se quedó callada un segundo de más.

—Qué —dije.

—Nada.

—Marc.

—Nada.

—Has hecho lo mismo que yo.

—No.

—Sí.

—No.

—Te has quedado empanado.

—Estaba pensando.

—En qué.

Silencio.

—En Raven.

Miré la funda cerrada. Después a él.

—Claro.

Marc empezó a reírse.

—Qué.

—Nada.

—Mentiroso.

—Muchísimo.

Cogí el cojín y se lo lancé. Lo atrapó.

—Violenta.

—Misterioso.

—Eso es Gabriel.

—Estás aprendiendo.

—Qué miedo.

Sonreí. Marc dejó el cojín. Pero me siguió mirando. Solo un momento más. Esta vez fui yo la que apartó la vista.

—Vamos a tocar.

—Sí.

—Para eso he venido.

—Claro.

Abrimos Raven. Y durante los primeros cinco minutos ninguno hizo un comentario sobre que llevábamos casi media hora juntos sin haberla sacado de la funda.

La última semana de septiembre llegó con una sensación rara.

No mala. Solo rara. Carlos seguía estando.

Marc también. Adrián. Gabriel. Todo seguía en su sitio.

Pero algunas cosas empezaban a sentirse ligeramente desplazadas.

Como un cuadro torcido que nadie más parecía notar.

Excepto Gabriel. Gabriel, desgraciadamente, parecía notar absolutamente todo.

Una tarde estábamos tomando algo cuando Marc se levantó para ir al baño.

Yo seguí hablando con Adrián. Gabriel dejó la cerveza.

—¿Te puedo hacer una pregunta?

Lo miré.

—Miedo.

—No es nada.

—Peor.

—¿Estás bien con Carlos?

Parpadeé.

—Sí.

—Vale.

—¿Eso era todo?

—Sí.

—Gabriel.

—Qué.

—No.

—Qué no.

—Tú no preguntas cosas porque sí.

—A veces.

—Mentira.

Gabriel sonrió.

—¿Estás bien con él?

—Sí.

—¿Te gusta?

—Sí.

—Vale.

—¿Qué coño estás haciendo?

—Nada.

—Otra vez no.

Gabriel levantó las manos.

—Te juro que nada.

—Pues deja de mirarme así.

—Cómo.

—Como si supieras algo.

Gabriel me sostuvo la mirada unos segundos.

—No sé nada.

—Pero.

—No hay pero.

—Gabriel.

Miró hacia donde Marc había desaparecido. Después volvió a mí. Muy rápido. Demasiado rápido. Lo vi.

—¿Qué?

—Nada.

—¿Qué tiene que ver Marc?

Gabriel se quedó quieto. Solo un segundo.

—No he dicho Marc.

Ah. Mierda.

—Has mirado hacia allí.

—También está el baño.

—Gabriel.

Sonrió.

—Jenn.

—Te odio.

—Ya.

Marc volvió.

—Qué pasa.

Lo miré. Después miré a Gabriel.

—Nada.

Gabriel cogió su cerveza.

—Nada.

Marc se sentó.

—Qué ambiente más sano.

—Muchísimo —dije.

Y Gabriel no volvió a preguntar. Pero yo tardé varios minutos en dejar de pensar en por qué había mirado precisamente hacia el baño.

Capítulo 18

Sigue viva

Octubre llegó sin hacer ruido. Lo supe porque Adrián mandó una foto al grupo a las siete y doce de la mañana .

Adrián · Octubre hijos de puta

Gabriel · Son las 7

Adrián · Precisamente

Carlos · Por qué estás despierto

Adrián · Porque algunos trabajamos

Marc · Yo llevo despierto desde ayer

Adrián · Eso no cuenta

Marc · Por?

Gabriel · No le preguntes

Se alarga

Abrí un ojo. Después el otro.

Os odio   · Yo

Adrián · Buenos días princesa

Muérete   · Yo

Gabriel · Ahora sí es ella

Marc · Confirmo

QUE OS DEN   · Yo

Dejé el móvil sobre la cama. Octubre. Me quedé mirando el techo.

Faltaban dos meses para mi cumpleaños. Hacía seis desde que mi vida había cambiado completamente.

Y casi tres desde aquel viernes en una carretera secundaria en el que mi Clio decidió que ya había trabajado suficiente.

Tres meses. Parecía más. Muchísimo más. Me levanté.

Carlos había frenado. De verdad. No volvió a mencionar cócteles.

Ni cenas con gente que tenía apellidos compuestos.

Ni eventos en los que yo probablemente habría tenido que preguntar qué tenedor utilizar antes de comer cualquier cosa.

Volvimos a hamburguesas. A paseos. A aparecer en mi casa con desayuno.

A quedarnos tumbados en el sofá viendo películas que ninguno terminaba porque hablábamos encima.

A sexo. A café. A su mano en mi cintura.

A su neceser en mi baño. A nosotros. Sin nombre. Funcionaba. O debería haber funcionado.

Una noche estaba lavándome los dientes cuando vi su cepillo junto al mío.

Me quedé mirándolo. No era nuevo. Llevaba allí semanas.

Pero esa noche lo miré. Dos cepillos. Mi pasta de dientes.

Su neceser. Una colonia pequeña. Un bote de algo que no sabía para qué servía y que probablemente costaba más que toda mi rutina facial.

Escupí. Me enjuagué la boca. Y cerré el armario.

No pasaba nada. Carlos había hecho exactamente lo que le había pedido.

Había dejado de avanzar. El problema era que yo no parecía haber empezado a hacerlo.

Marc · Viernes?

Qué pasa el viernes   · Yo

Marc · Tienes memoria de pez

Gracias   · Yo

Marc · Practicar

Trabajo   · Yo

Marc · Sales a las 6

Cómo sabes eso   · Yo

Marc · Porque siempre sales a las 6

Me quedé mirando el mensaje.

Stalker   · Yo

Marc · Muchísimo

Puede   · Yo

Marc · Puedes

Maybe   · Yo

Marc · A las 7?

Pesado   · Yo

Marc · 7 entonces

No he dicho que sí   · Yo

Marc · Nos vemos el viernes

Te odio   · Yo

Marc · Ya

Sonreí. Guardé el móvil. Lo saqué otra vez.

¿Llevo a Raven?   · Yo

Marc · Jenn

¿Qué?   · Yo

Marc · Vamos a practicar

Era por confirmar   · Yo

Marc · Sí

Trae la guitarra a practicar guitarra

No me gusta tu tono   · Yo

Marc · 7

? ?    · Yo

Marc · ❤️

Me quedé mirando el corazón. Un segundo. Después bloqueé el teléfono. Gilipollas.

***

El viernes estábamos los cinco en casa de Adrián. Practicar había evolucionado misteriosamente hasta convertirse en cerveza. No era culpa mía. Raven estaba apoyada junto al sofá. Sin abrir.

—Qué productivo —dije.

Adrián levantó su cerveza.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Me da igual.

Carlos estaba sentado a mi lado. Marc, enfrente.

Gabriel estaba hablando de algo relacionado con un cliente cuando Marc levantó ambas manos hacia su pelo.

Lo recogió hacia atrás. Sin goma. Solo ese gesto.

Dedos entrando desde las sienes. Pelo hacia atrás.

Cabeza ligeramente inclinada. Y yo dejé de escuchar a Gabriel.

Otra vez. Joder. Marc terminó. Un par de mechones volvieron a caerle junto a la cara. Me quedé mirándolos.

—Jenn.

Parpadeé. Gabriel me estaba mirando.

—Qué.

—Te estaba preguntando una cosa.

—Ah.

—Ya veo.

—Perdón.

—¿Qué he dicho?

Silencio.

—Algo de un cliente.

Adrián empezó a reírse.

—Impresionante.

—Estaba escuchando.

—No.

—Sí.

—Qué he dicho.

—Que...

Miré a Gabriel.

—Tu cliente era gilipollas.

—Eso lo he dicho hace cinco minutos.

Carlos se rio.

—Jenn.

—Qué.

—Estás empanada.

—Estoy cansada.

—Claro —dijo Gabriel.

Lo miré.

—¿Qué significa eso?

—Que estás cansada.

—No ha sonado así.

—Cómo ha sonado.

—Como tú.

—Entonces ha sonado bien.

Levanté el dedo corazón. Gabriel sonrió. Marc también. Lo miré. Todavía tenía aquellos dos mechones junto a la cara. Aparté los ojos. Necesitaba beber. Cogí mi cerveza.

Un rato después fui a la cocina con Carlos.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Sí.

—Seguro.

—Sí.

Abrió la nevera.

—Estás rara.

—Estoy cansada.

—Ya.

Me apoyé en la encimera. Carlos cogió otra cerveza.

—¿Qué?

—Nada.

—No empieces.

Sonrió.

—No he empezado nada.

—Pues no pongas cara.

—Esta es mi cara.

—Hostia, tú también.

—¿Qué?

—Nada.

—Ahora lo has dicho tú.

—Cállate.

Carlos se acercó. Puso una mano en mi cintura. Me besó. Le devolví el beso. Sin problema. Su mano bajó ligeramente. Lo agarré de la camiseta y lo acerqué un poco más. Carlos sonrió contra mi boca.

—¿No estabas cansada?

—Puedo estar cansada y tener intereses.

—Ah.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.