Capítulo 16 - Nada #3
Empecé a bajar las escaleras.
—Y llegas a la hora.
Levanté la mano sin girarme.
—Maybe.
Lo oí reírse. Seguí bajando. Y no pensé en su pelo. En absoluto. Ni una sola vez. Hasta llegar a la calle. Más o menos.
***
El domingo llegué a las once. A las once exactas. Marc abrió la puerta, miró hacia mí y después al reloj de su muñeca.
—No.
—¿Qué?
—No puede ser.
—Buenos días.
—Has llegado puntual.
—Sé llegar puntual.
—Nunca lo había visto.
—Pues disfrútalo. Igual no vuelve a ocurrir.
Marc se apartó para dejarme pasar.
—Estoy orgulloso de ti.
—No seas condescendiente.
—Estoy emocionado.
—Menos.
Entré. Raven a la espalda. Marc cerró la puerta.
—¿Café?
Me giré.
—Sí.
—¿Fuerte?
—Sí.
—¿Leche de avena?
—Sí.
—¿ColaCao?
—Sí.
—Qué complicada eres.
—Acabas de acertar las tres cosas sin preguntarme.
—Porque eres predecible.
—Porque me conoces.
Lo dije sin pensar. Marc se quedó mirándome. Yo también. Un segundo.
—También —dijo.
Ah.
Me quité la funda de Raven.
—Bueno.
—Bueno.
—Café.
—Ya voy.
Perfecto.
Marc fue a la cocina. Yo dejé Raven junto al sofá. Miré la estantería. La pulsera seguía allí. No comprobándolo. Simplemente estaba en mi campo de visión. A ocho metros. Detrás de dos objetos. Prácticamente imposible no verla.
—Sigue ahí —dijo Marc desde la cocina.
Me giré.
—¿Qué?
—La pulsera.
—No estaba mirando la pulsera.
—Claro.
—Estaba mirando la estantería.
—Fascinante.
—Tienes libros.
—Sí.
—Me gustan los libros.
Marc apareció con dos tazas.
—Jenn.
—Qué.
—Estabas mirando la pulsera.
Cogí mi café.
—Gracias.
—De nada.
Bebí.
—Está bueno.
—Cambio de tema impecable.
—No sé de qué hablas.
Sonrió.
Practicamos casi una hora. Bueno. Practicamos cuarenta minutos.
Los otros veinte los invertí en discutir.
Marc decía que también formaba parte del aprendizaje.
Yo decía que él era gilipollas. Él decía que probablemente también.
Estaba repitiendo un cambio cuando llamaron a la puerta. Marc levantó la cabeza.
—¿Esperas a alguien? —pregunté.
—No.
Dejó la guitarra. Fue a abrir.
—Buenas.
Reconocí la voz.
—¿Está viva? —preguntó Gabriel.
—De momento.
—Te he oído —dije.
Gabriel apareció en el salón.
—Perfecto.
Llevaba una bolsa de papel en una mano. La levantó.
—He traído almuerzo.
—Te quiero —dije.
Gabriel me miró.
—Qué fácil.
—Tengo hambre.
—Eso explica muchas cosas.
Marc volvió detrás de él.
—¿Y a mí?
—Tú tienes comida.
—Ella también.
—Pero ella me cae mejor.
—Correcto —dije.
Marc me miró.
—Fuera de mi casa.
—Después de comer.
Gabriel dejó la bolsa sobre la mesa.
—¿Qué hacéis?
—Intento enseñarle.
—Estoy aprendiendo.
—Lleva diez minutos intentando hacer lo mismo.
—Porque tú me pones nerviosa.
Silencio.
Gabriel miró a Marc. Después a mí. Yo seguí mirando a Gabriel.
—¿Qué?
—Nada.
—Has puesto cara.
—Tengo esta cara.
—No. Has puesto otra.
—¿Qué cara?
Intenté reproducirla. Gabriel me observó.
—Eso parece estreñimiento.
Marc soltó una carcajada. Lo miré.
—No te rías.
Intentó parar. No pudo.
—Pareces...
—Cuidado.
Marc se tapó la boca. Gabriel empezó a sacar cosas de la bolsa.
—¿Queréis comer o vais a seguir con esto?
—Comer —dije.
Dejé Raven. Me senté en el suelo junto a la mesa baja. Gabriel me pasó un bocadillo.
—Este es tuyo.
—¿Cómo sabes cuál quiero?
—No lo sé. He comprado tres distintos.
—Ah.
—No soy Marc.
Cogí el bocadillo.
—¿Qué significa eso?
Gabriel se encogió de hombros.
—Nada.
Otra vez. Lo miré.
—Estás raro.
—Estoy comiendo.
—Todavía no.
—Estoy a punto de comer.
Marc se sentó en el sofá.
—Déjalo.
Levanté la cabeza hacia él.
—Está raro.
—Gabriel siempre está raro.
—Gracias —dijo Gabriel.
—De nada.
Abrí el bocadillo.
—¿Qué lleva?
—Tortilla.
—Te quiero otra vez.
—Dos veces en cinco minutos.
—No te emociones.
Gabriel sonrió. Empezamos a comer. Hablamos de cualquier cosa. Del trabajo. De Adrián. De que Carlos había desaparecido aquella mañana porque tenía no sé qué comida familiar. Y entonces me acordé.
—Por cierto.
Gabriel levantó la vista.
—Qué.
—Tengo que contaros una cosa de Adrián.
Marc dejó de masticar.
—Qué ha hecho.
—No ha hecho nada.
—Entonces seguro que ha hecho algo.
Saqué el móvil.
Impresentables
Adrián y yo tenemos que comunicaros algo · Yo
Adrián · NO
Sonreí. Marc sacó el suyo. Gabriel hizo lo mismo.
Adrián · JENN NO
Queremos pediros respeto en este momento tan importante · Yo
Adrián · TE ODIO
Carlos · ¿Estás embarazada?
Me atraganté. Gabriel empezó a reírse. Marc miró su móvil.
—¿Pero qué coño?
Sí Carlos · Yo
De Adrián
Adrián · ME CAGO EN TU PUTA MADRE
Carlos · Enhorabuena
Gracias ❤ ️ · Yo
Adrián · CARLOS
Carlos · Qué
Adrián · NO ESTÁ EMBARAZADA
Carlos · Ya
No lo sabes · Yo
Adrián · JENN
Marc · ¿Puede alguien explicar qué coño pasa?
Ayer Adrián y yo fuimos sorprendidos en una situación comprometida · Yo
Adrián · SE CAYÓ
Se cayó ÉL ENCIMA DE MÍ · Yo
Gabriel soltó una carcajada. Marc levantó la vista del móvil.
—¿Qué?
—Espera —dije.
Adrián · TROPECÉ
Eso dicen todos · Yo
Carlos · ¿Dónde?
Sofá · Yo
Carlos · Romántico
Muchísimo · Yo
Adrián · OS ODIO A TODOS
Marc · Sigo sin entender nada
Un hombre entró cuando Adrián estaba encima de mí en el sofá · Yo
Marc · Ah
Miré el mensaje. Solo eso. Ah.
Gabriel seguía sonriendo.
Carlos · ¿Y qué hizo?
Mirarnos · Yo
Juzgarnos
Irse pensando que Adrián me había empotrado
Adrián · JENN POR FAVOR
Carlos · JAJAJAJAJAJA
Gabriel · Bonito sofá
Levanté la cabeza.
—¿Cómo sabes lo del sofá?
Gabriel sonrió.
—Adrián me lo contó esta mañana.
—¡Y me has dejado hacer todo esto!
—Quería ver tu versión.
—Traidor.
Marc · ¿Te hiciste daño?
Paré. Leí el mensaje otra vez.
No · Yo
Adrián amortiguó la caída con su cuerpo serrano
Adrián · Me voy del grupo
Carlos · No puedes
Adrián · Por qué
Carlos · Necesitamos saber cómo evoluciona vuestra relación
Gracias Carlos · Yo
Adrián · TÚ CÁLLATE
Sonreí. Guardé el móvil.
—Pobre —dije.
Gabriel seguía riéndose.
—Te va a matar.
—Me quiere demasiado.
—Eso dice ahora.
Miré a Marc. Estaba comiendo.
—¿Qué?
Levantó la vista.
—Nada.
—Tú también has puesto cara.
Gabriel dejó de masticar. Marc frunció el ceño.
—¿Qué cara?
—No sé. Cara.
—Tengo esta cara.
Señalé a Gabriel.
—Eso mismo ha dicho él.
—Porque tienes una obsesión con las caras de la gente.
—No.
—Sí.
—No.
Marc negó con la cabeza. Seguí comiendo. Gabriel miró a Marc. No lo vi.
Después del almuerzo Gabriel se quedó un rato. Yo volví a coger Raven. Marc su guitarra.
—Desde el principio —dijo.
—Qué pereza.
—Hazlo.
—Mandón.
—Pesada.
Empecé. Me equivoqué una vez. Seguí. Otra. Seguí. Llegué al cambio. Esta vez salió. No perfecto. Pero salió. Levanté la cabeza inmediatamente. Busqué a Marc. Estaba sonriendo.
—Eso —dijo.
Sonreí también.
—¿Has visto?
—Sí.
—Ha salido.
—Ya te he oído.
—Pero ha salido.
—Jenn.
—Qué.
—Bien.
Y aquello me gustó demasiado. No sabía por qué. Quizá porque llevaba semanas corrigiéndome. Porque era él quien sabía dónde fallaba. Porque quería que lo viera. Normal. Absolutamente normal. Volví a empezar. Desde el sillón, Gabriel nos miraba. No dijo nada.
***
Una semana después estábamos los cinco en casa de Adrián. Carlos había llegado conmigo. Su mano encontró mi cintura nada más entrar. Ya era una costumbre. Ni siquiera pensé en ella.
—Por fin —dijo Adrián.
—Hemos llegado cinco minutos tarde.
—Siete.
Miré a Marc.
—¿Os habéis puesto de acuerdo?
Marc sonrió.
—Yo no he dicho nada.
—Pero lo estabas pensando.
—También.
Carlos me soltó para dejar unas bolsas sobre la mesa.
—He traído cerveza.
—Te quiero —dijo Adrián.
—Qué fácil sois todos —dijo Gabriel.
Me giré hacia él.
—Eso me lo dijiste a mí.
—Porque también eres fácil.
—Qué feo.
—Con comida.
—Ah.
—Y cerveza.
—También.
Nos sentamos. La tarde pasó sin hacer nada especialmente importante.
Precisamente por eso estaba bien. Adrián puso música.
Carlos discutió con él sobre una canción.
Gabriel estaba tumbado ocupando medio sofá.
Yo tenía las piernas dobladas debajo del cuerpo en el otro extremo. Marc estaba sentado en el suelo.
En algún momento Adrián dijo una barbaridad sobre un cantante.
—No tienes ni puta idea —dije.
—Sé más que tú.
—Eso tampoco es difícil —dijo Marc.
Lo miré.
—Nadie te ha preguntado.
—Solo aportaba contexto.
—Pues aporta silencio.
—Eso es complicado.
—Haz un esfuerzo.
Adrián siguió defendiendo su teoría. Esperé. Lo dejé terminar.
—Vale —dije—. Pero hay una diferencia fundamental.
—Cuál.
—Que tú estás equivocado y yo no.
Marc se rio. Giré la cabeza hacia él. Automáticamente. Solo para verlo reír. Fue un segundo. Después volví a mirar a Adrián.
—Argumento impecable —dijo Carlos.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo acepto igualmente.
Gabriel me miraba. Lo vi de reojo.
—Qué.
—Nada.
—Otra vez.
—Qué otra vez.
—La cara.
—Jenn, esta es mi cara.
—No me gusta.
—Es la única que tengo.
—Pues haz algo.
Gabriel sonrió.
—Vale.
—Eso es peor.
—No puedo ayudarte.
Marc se levantó.
—Me voy.
Giré la cabeza.
—¿Ya?
Silencio. No mucho. Un instante. Marc miró la hora.
—Entro a las diez.
—Ah.
—Tengo que cenar y cambiarme.
—Claro.
Volví a acomodarme en el sofá.
—Pues bonanit.
Marc sonrió.
—Bonanit.
Cogió sus cosas. Adrián levantó una mano.
—Luego.
—Luego.
Gabriel hizo lo mismo. Carlos estaba mirando el móvil.
—Que vaya bien.
Marc llegó a la puerta.
—Jenn.
Levanté la vista.
—Qué.
—El martes, si quieres, tengo la mañana libre.
—¿Para practicar?
—Sí.
—Vale.
—Te escribo.
—Vale.
Marc salió. La puerta se cerró. Adrián volvió a hablar.
—Bueno, como decía...
—Espera.
Gabriel lo interrumpió. Lo miramos.
—Qué —dijo Adrián.
Gabriel cogió su cerveza.
—Nada.
—¿Entonces?
—Sigue.
Adrián frunció el ceño.
—Eres muy raro.
—Eso dicen.
Siguió hablando. Yo dejé de prestar atención a Gabriel. Un rato después Carlos volvió a apoyar una mano sobre mi pierna. Y la tarde continuó.
Marc · He salido
Miré la hora. Las seis y cuatro de la mañana. Yo estaba dormida. Obviamente. Vi el mensaje cuando me desperté a las ocho y media.
Enhorabuena superviviente · Yo
Marc · Gracias
Duerme · Yo
Marc · Eso intento
Pues deja el móvil · Yo
Marc · Me has escrito tú
A las 8:32 · Yo
Tú me has escrito a las 6:04