Capítulo 12 - Un poco menos intocable
Un poco menos intocable
Gabriel · ¿Quién se dejó una sudadera ayer?
Adrián · Negra?
Gabriel · Sí
Carlos · Gran descripción.
Adrián · 😂
Marc · Es mía
Gabriel · Pues está en mi coche
Marc · Por qué
Gabriel · Porque la metiste tú?
Marc · No recuerdo eso
Gabriel · Yo sí
Marc · Entonces problema resuelto
Gabriel · No entiendo cómo
Marc · Sabemos por qué está en tu coche
Carlos · Caso cerrado.
Adrián · Buenos días por cierto
Miré la hora. Siete y seis. Escribí.
¿Vosotros no dormís? · Yo
Tres puntos.
Adrián · Buenos días Jenn ☀️
Gabriel · Algunos trabajamos
YO TAMBIÉN · Yo
Gabriel · Pues deja WhatsApp y trabaja
Estoy en la cama · Yo
Carlos · Eso explica muchas cosas.
Entrecerré los ojos.
Buenos días a ti también · Yo
Carlos · Buenos días.
Pausa.
Carlos · Has dormido bien?
Sonreí.
Sí · Yo
Pensé.
Pero el café era peor. · Yo
Carlos · Normal.
No te emociones. · Yo
Carlos · Demasiado tarde.
Ah. Dejé el móvil sobre la cama. Dos segundos. Vibró. Lo cogí otra vez.
Marc · Algunos no trabajamos hasta esta tarde
Te odio · Yo
Marc · No
Un poco · Yo
Marc · Tampoco
Pues aprovecha y duerme · Yo
Marc · Ese era el plan hasta que habéis empezado a escribir
Gabriel · Tú también estás escribiendo
Marc · Para quejarme
Pues deja de contestar · Yo
Marc · No me mandes
Duerme, hijo · Yo
Marc · Gracias mamá
De nada · Yo
Carlos · Yo no quiero meterme en esta bonita relación familiar
Gabriel · Yo sí
Adrián · Por favor parad
Adrián es el único normal · Yo
Gabriel · Eso es porque lo conoces hace cinco días
Adrián · Gracias Gabriel
Gabriel · No era un cumplido
Sonreí. Más mensajes empezaron a aparecer. Bloqueé el móvil.
—A trabajar.
SUINVAL, la empresa donde trabajo, olía a café y almacén. No necesariamente en ese orden. Entré a las ocho menos cuatro. Marina, la compañera radiopatio, ya estaba sentada. Me vio. Miró detrás de mí. Después volvió a mirarme.
—¿Qué?
—Nada.
Dejé el bolso. Encendí el ordenador. Marina siguió mirándome.
—Marina.
—Has venido en tu coche.
Cerré los ojos.
—Sí.
—Hoy sí.
—Sí.
—Un Clio.
—Sé qué coche tengo.
—Ayer Maserati.
—Buenos días.
—Hoy Clio.
—Marina.
—Solo observo.
—Pues observa tu pantalla.
—Estoy observando una evolución interesante.
La miré.
—No hay evolución.
—El lunes Porsche.
Ah. Mierda.
—El lunes no trabajé.
—Pero me lo contaste.
—Error mío.
—Martes Maserati.
—Sí.
—Miércoles Clio.
Se reclinó en la silla.
—¿Mañana qué?
—Autobús.
—No te creo.
—Patinete.
—Menos.
—Voy a venir montada en una cabra.
Marina sonrió.
—Mientras sea cara.
—¿Puedes trabajar?
—Estoy esperando que se abra el programa.
—Llevas aquí media hora.
—Va lento.
—Claro.
Se abrió la puerta. El jefe, Edu, entró con una carpeta bajo el brazo.
—Buenos días.
—Buenos días —dije.
Marina respondió lo mismo. Edu dio dos pasos.
—Jennifer.
—Dime.
—Cuando puedas necesito las entradas de material de ayer.
—Vale.
—Y revisa el pedido de Ferrum, que falta una referencia.
—Lo miro.
—Gracias.
Siguió hacia su despacho. Esperamos a que cerrara la puerta. Marina se inclinó hacia mí.
—¿Cómo se llama?
Seguí mirando la pantalla.
—Ferrum.
—El del Maserati.
—Pedido de Ferrum.
—Jenn.
—Referencia pendiente.
—¿Cómo se llama?
Tecleé.
—Carlos.
Silencio. Mierda. Giré la cabeza lentamente. Marina estaba sonriendo.
—Te odio.
—Carlos.
—No vuelvas a decirlo así.
—¿Así cómo?
—Como si acabaras de encontrar una exclusiva.
—¿Y el del Porsche también era Carlos?
No respondí. La sonrisa creció.
—HOSTIA.
—Trabaja.
—¡Era el mismo!
—Marina.
—¿Tiene dos?
—No sé.
—Claro que lo sabes.
—Tiene varios.
Silencio. Marina dejó de sonreír.
—¿Varios?
Ah. Eso había sonado peor. Mucho peor.
—Olvida lo que he dicho.
—No.
—Marina.
—No puedo.
—Sí puedes.
—¿Quién coño es Carlos?
Mi móvil vibró dentro del bolso. Lo saqué. Carlos. Perfecto. Marina vio el nombre. Después me miró.
—No.
—No he dicho nada.
—Tu cara.
—Mi cara está perfectamente.
Abrí el mensaje.
Carlos · ¿Qué haces esta tarde?
Sonreí antes de poder evitarlo. Marina abrió mucho los ojos.
—NO.
Levanté un dedo.
—Ni una palabra.
—Pero...
—Ni. Una. Palabra.
Marina se tapó la boca con las dos manos. Volví al móvil.
De momento trabajar porque cierta persona no deja de interrogarme. · Yo
Carlos · ¿Marina?
Miré a Marina. Ella seguía con las manos sobre la boca.
¿Cómo sabes que se llama Marina? · Yo
Carlos · Me hablaste de ella ayer.
Ah.
Qué desagradable que escuches cuando hablo. · Yo
Carlos · Intento hacerlo de vez en cuando.
¿Qué quieres hacer? · Yo
Los tres puntos aparecieron.
Carlos · Verte.
Me quedé mirando la pantalla. Sin propuesta. Sin restaurante. Sin hora. Sin plan. Verte. Sonreí.
Eso se puede organizar. · Yo
Carlos · ¿Después de trabajar?
Sí. · Yo
Carlos · Paso a por ti.
Miré hacia Marina. No. Ni de coña.
EN MI CASA. · Yo
Carlos · 😂
No vuelvas a aparecer aquí · Yo
Carlos · ¿Por qué?
Tengo que convivir con esta mujer · Yo
Marina levantó las cejas.
—¿Qué?
—Nada.
Carlos · A las siete?
Vale. · Yo
Carlos · Vale.
Guardé el móvil. Marina retiró lentamente las manos de su boca.
—¿Vas a verlo?
—Pedido de Ferrum.
—Vas a verlo.
—Referencia pendiente.
—Esta tarde.
—Marina.
—¿Sí?
—Como no cierres la boca, mañana vengo en tractor.
—¿De Carlos?
La miré. Marina empezó a reírse. Hija de puta.
A las seis salí de SUINVAL con la cabeza llena de referencias, pedidos y ganas de no volver a ver una pantalla hasta el día siguiente. Marina salió detrás de mí. Eso era peor.
—Entonces a las siete.
Seguí andando.
—¿Qué?
—Has quedado con Carlos a las siete.
Me detuve.
—¿Has leído mi móvil?
—No.
—¿Entonces?
—Lo dijiste.
Pensé. Mierda.
—No recuerdo habértelo dicho.
—Porque estabas ocupada intentando que dejara de preguntarte cosas.
—Y no funcionó.
—No.
Llegamos hasta mi coche. Marina lo miró.
—Qué normalito.
—Como vuelvas a insultar a mi Clio, tenemos un problema.
—No lo he insultado.
—Lo has mirado mal.
—Es un Renault.
—Precisamente. Respeto.
Abrí la puerta. Marina se apoyó en el techo.
—¿Dónde vais?
—No sé.
—¿No sabes?
—No.
—¿Y has quedado con él?
—Sí.
—¿Sin saber qué vais a hacer?
—Marina.
—Qué.
—Así funciona quedar con alguien.
—Yo necesito plan.
—Pues queda tú con él.
Se apartó del coche.
—No.
—Entonces.
—Mañana me cuentas.
—No.
—Lo que quieras contarme.
—Nada.
—Perfecto.
—No era una negociación.
—Hasta mañana, Jenn.
Entré al coche.
—Cotilla.
—Muchísimo.
Cerré. Arranqué. Y antes de salir del aparcamiento miré el móvil. Un mensaje privado. Adrián. Lo abrí.
Adrián · ¿Cómo está Raven?
Sonreí.
Viva · Yo
Adrián · Menos mal
No he podido probarla todavía · Yo
Adrián · Cuando puedas
Esta noche o mañana · Yo
Adrián · Sin prisa
Adrián · Solo quiero que me digas si la notas más cómoda
Vale doctor · Yo
Adrián · Luthier
Doctor de guitarras · Yo
Adrián · No voy a ganar esta discusión verdad?
No · Yo
Adrián · Vale 😂
Gracias por ayer ❤ ️ · Yo
Adrián · Cuando quieras
Adrián · Y si notas cualquier cosa rara me dices
Con Raven o conmigo? · Yo
Adrián · Con Raven
Pausa.
Adrián · Pero contigo también
Me quedé mirando el mensaje. Sonreí.
Qué apañado eres · Yo
Adrián · Muchísimo ❤️
Guardé el móvil. Arranqué. Dos segundos después volvió a vibrar. Lo miré en el soporte. Adrián.
Adrián · Y ayer tocaste delante de todos y no moriste
Hijo de puta.
UN ACORDE · Yo
Adrián · Por algo se empieza
No abuses de mi confianza · Yo
Adrián · Jamás ❤️
Sonreí. Dejé el móvil. Y me fui a casa.
***
A las seis y cuarenta estaba cambiándome de camiseta.
No porque fuera a ver a Carlos. Bueno. Sí.
Pero no por eso. La del trabajo olía a trabajo.
Me puse unos vaqueros. Camiseta de Guns.
Zapatillas. Me miré en el espejo. Bien. Cogí el pelo.
Lo solté. Lo volví a coger. No. Suelto. Cogí el móvil.
Impresentables tenía treinta y dos mensajes.
Ni de coña. Lo dejé. Fui a beber agua. Volví.
Seis y cincuenta y uno. ¿Por qué estaba preparada nueve minutos antes?
Qué asco. Me senté en el sofá. Encendí la tele.
No vi nada. Seis y cincuenta y cuatro. Cogí el móvil.
Nada de Carlos. Bien. Seis y cincuenta y seis.
Nada. A las seis y cincuenta y ocho sonó el telefonillo.
Sonreí. Dos minutos antes. Eso sí era llegar pronto. Descolgué.
—¿Sí?
—No.
Fruncí el ceño.
—¿Carlos?
—No.
—Entonces no te abro.
—Vale.
Silencio.
—¿Sigues ahí?
—Sí.
—¿Por qué?
—No me has abierto.
Me reí. Pulsé el botón.
—Gilipollas.
Colgué. Abrí la puerta de casa. Esperé. Escaleras. Carlos apareció. Vaqueros. Camisa. Mangas remangadas. No. Eso tampoco era necesario. Subió el último escalón. Me miró. Primero a la cara. Después la camiseta. Volvió a la cara.
—Guns.
Bajé la vista.
—Sí.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí.
—Qué aprobación más rara.
—No era una aprobación.
Llegó hasta mí.
—Hola.
—Hola.
Me besó. Yo todavía tenía una mano en el pomo. Carlos puso la suya en mi cintura. Un beso. Otro. Me separé.
—¿Entramos o salimos?
—Lo que quieras.
—Eso no es un plan.
—No había plan.
—Ya.
—¿Tienes hambre?
Pensé.
—Todavía no.
—¿Quieres salir?
—No sé.
—¿Quieres quedarte?
Miré mi piso. Después a Carlos.
—Llevamos aquí dos segundos.
—Preguntaba.
—Ah.
Carlos sonrió.
—También podemos ir a mi casa.
Pausa. Lo miré.
—¿Tu casa?
—Sí.
—¿Tu casa de verdad?
Frunció el ceño.
—¿Tengo una de mentira?
—La del festival era de tu familia.
—Sí.
—Esa otra es tuya.
—Sí.
Ah. No había pensado en eso. Sabía que vivía a las afueras. Sabía la zona. Más o menos. Sabía que tenía dinero. Mucho. Había visto el Porsche. El Maserati. La casa del fin de semana. Pero su casa... No.
—Vale.
—¿Vale?
—Sí.
—No pareces convencida.
—Estoy pensando.
—Eso me preocupa.
—Debería.
Cogí el bolso. Carlos miró mi camiseta otra vez.
—¿Qué?
—Nada.
—La has vuelto a mirar.
—Me gusta.
—Es una camiseta.
—Ya.
—Tengo muchas.
—Lo sé.
—¿Cómo sabes que tengo muchas?
—Has llevado tres diferentes desde que te conozco.
Pensé.
—Ah.
—Una de Guns gris, Metallica, AC/DC y esa.
—Observador.
—A veces.
Cerré la puerta.
—Vamos.