La laguna del ermitaño LA LAGUNA DEL ERMITAÑO — Capítulo 32 #2
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LA LAGUNA DEL ERMITAÑO — Capítulo 32 #2

—No voy a decidir nada ahora.

—CONFIRME ABANDONO DEL NÚCLEO COGNITIVO.

—Voy a trabajar.

—ACLARE OBJETIVO.

Marcus se dirigió hacia la puerta.

—No pensar.

Salió al corredor y volvió a colocar la tarjeta en el panel de servicio. La compuerta blindada se cerró a su espalda con una lentitud pesada.

—MANTENIMIENTO PREVENTIVO PENDIENTE EN CONDUCTO DE RECIRCULACIÓN TRES.

Marcus alzó la vista hacia el techo.

—LA TAREA FIGURA COMO PRIORIDAD OPERATIVA MEDIA.

Marcus respiró hondo. No quería discutir. No quería seguir escuchando aquella voz midiendo cada palabra, cada movimiento y cada duda.

—Ubicación.

—SECTOR INFERIOR OESTE. ACCESO POR GALERÍA TÉCNICA SIETE.

Marcus abrió el conducto, retiró un filtro casi limpio, comprobó el flujo y volvió a cerrarlo. No había avería. Ni siquiera desgaste serio. El sistema habría podido seguir funcionando meses sin intervención.

—RECALIbrACIÓN RECOMENDADA EN SENSOR DE PRESIÓN DEL DEPÓSITO AUXILIAR.

Marcus dejó la herramienta en su caja.

—¿También es urgente?

—PRIORIDAD OPERATIVA MEDIA.

Caminó hasta el depósito auxiliar. El sensor marcaba una desviación mínima, tan pequeña que la corrección podía realizarse desde cualquier terminal sin intervención manual. Marcus lo hizo de todos modos. Aflojó la carcasa, revisó el contacto, limpió una conexión y confirmó los valores.

—REVISIÓN VISUAL DE ANCLAJE EN brAZO DE CARGA TRES.

Marcus cerró los ojos un momento.

—Ese brazo no se usa desde hace años.

—LA FALTA DE USO NO ELIMINA LA NECESIDAD DE CONSERVACIÓN.

El brazo de carga estaba plegado en una plataforma lateral, inmóvil, limpio y bloqueado. Marcus comprobó los anclajes. Uno tenía una holgura mínima. La ajustó y luego permaneció de pie frente a la máquina, con la llave todavía en la mano.

—Aletheia. ¿Cuántas tareas quedan?

—EXISTEN TREINTA Y SIETE RECOMENDACIONES ACTIVAS DE MANTENIMIENTO NO CRÍTICO.

Marcus dejó escapar el aire por la nariz.

—SE RECOMIENDA COMPLETARLAS ANTES DE ABANDONAR LA NAVE.

—Que te den. Te dije que quería pensar y no haces más que darme trabajo de mierda.

—ACLARE ORDEN.

—La orden es que dejes de buscarme cosas que apretar, limpiar o revisar.

—EL MANTENIMIENTO ES NECESARIO PARA LA SUPERVIVENCIA DE LA NAVE.

—Y yo estoy demasiado cansado. Me voy a pescar.

La frase quedó flotando entre los conductos.

—SALIDA AL EXTERIOR NO RECOMENDADA.

Marcus recogió su caja de herramientas y comenzó a caminar hacia los niveles superiores.

—ACTIVIDAD NO PRIORITARIA.

—Para mí sí.

—SU ESTADO COGNITIVO ACONSEJA PERMANECER BAJO OBSERVACIÓN.

—Entonces obsérvame pescar.

Marcus subió por el ascensor de servicio, cruzó el corredor principal y salió por el acceso oculto de la cabaña.

Tomó la caña apoyada junto a la pared y bajó hacia su roca.

Se sentó, preparó el sedal y cuando se disponía a lanzarlo recordó a Aurelia arrodillada junto a la orilla, removiendo la tierra con un palo, riéndose de él porque pretendía pescar sin cebo.

Se puso en pie y caminó hacia la zona donde Aurelia encontró las lombrices. La tierra estaba blanda. Varias hojas se pegaban a sus botas. Avanzó entre los arbustos, apartando ramas bajas con el dorso de la mano.

Al principio vio un bulto oscuro junto a la vegetación. Pensó en un saco abandonado. En ropa arrastrada por el viento. En algún animal muerto entre las hierbas.

Luego distinguió una mano. Se detuvo. La mano estaba abierta sobre el barro, blanca, manchada de tierra y sangre. Echó a correr.

A cada paso, el bulto dejó de ser bulto y se convirtió en cuerpo. La tela parda, el cabello oscuro, la postura vencida contra el suelo. Marcus llegó hasta ella y se arrodilló con tanta brusquedad que la tierra saltó bajo sus rodillas.

—Aurelia.

Le tocó el cuello. El pulso era débil, irregular. Tenía la piel fría. La sangre le empapaba la ropa a la altura del vientre y formaba una mancha oscura sobre la tierra. El rostro había perdido casi todo color. Los labios se movieron sin sonido.

—Aurelia, mírame.

Ella abrió los ojos con esfuerzo. Tardó en reconocerlo.

—Marcus.

La voz le salió rota, un hilo.

—Estoy aquí.

Aurelia intentó levantar una mano. No pudo. Marcus la tomó entre las suyas.

—A casa —susurró ella—. Llévame a casa.

Marcus miró la herida. La cantidad de sangre. El temblor leve de su respiración.

—No voy a llevarte a morir.

Deslizó un brazo bajo sus hombros y otro bajo sus piernas. Aurelia soltó un quejido que se quebró al nacer. Marcus la levantó con cuidado y la apretó contra su pecho para que la herida se moviera lo menos posible. Corrió hacia la cabaña.

—Escúchame —dijo, bajando la voz—. Vas a ver cosas que no conoces. No intentes comprenderlas ahora.

Ella dejó caer la cabeza contra él.

—A mi casa… la tuya no.

Las ramas le golpearon la ropa. El barro resbaló bajo sus botas.

Aurelia pesaba poco, demasiado poco para la cantidad de vida que Marcus sentía escaparse entre sus brazos.

Al llegar, empujó la puerta con el hombro y cruzó la estancia sin detenerse.

El interior olía a humo viejo, madera y redes secas.

Se colocó ante el acceso oculto.

—Apertura de esclusa.

—APERTURA NO RECOMENDADA.

—Apertura de esclusa. Emergencia médica.

—PRESENCIA DE INDIVIDUO NO AUTORIZADO.

—Aurelia está herida.

—LA INTRODUCCIÓN DE POBLACIÓN LOCAL EN LA NAVE VIOLA PROTOCOLOS DE AISLAMIENTO.

Marcus miró el rostro de Aurelia. Los párpados le temblaban. La respiración se había vuelto más débil.

—Abre la esclusa.

—NEGATIVO. LA EXPOSICIÓN TECNOLÓGICA COMPROMETE LA MISIÓN.

—Si muere, la comprometeré yo.