LA LAGUNA DEL ERMITAÑO — Capítulo 26 #2
Se dirigió hacia el centro de control mientras nuevas alertas aparecían en los paneles murales.
El incendio continuaba creciendo y la temperatura seguía aumentando.
Los protocolos de vigilancia habían activado una inspección visual y uno de los pequeños drones de observación ya ascendía hacia la superficie.
Marcus llegó cuando las primeras imágenes aparecían en pantalla.
Mostraban las ruinas de la cabaña envueltas en humo.
Nunca le había gustado especialmente aquella construcción.
Llevaba años posponiendo reparaciones que jamás llegaba a realizar y cada invierno parecía más cercana al derrumbe definitivo.
Aun así, resultaba extraño verla desaparecer.
Una nueva imagen apareció junto a la anterior y Marcus se inclinó hacia delante.
El dron acababa de captar la zona situada bajo los restos del incendio.
La compuerta estaba completamente expuesta.
Las pieles y desperdicios que la habían ocultado durante años habían desaparecido, y el metal reflejaba la luz del mediodía con tal intensidad que parecía arder por sí mismo.
A pocos metros, tres soldados observaban la estructura.
Marcus maldijo en voz baja. Aquello sí era un problema.
Mientras observaba las imágenes, el dron continuó transmitiendo datos. Los soldados habían dejado de examinar las ruinas y concentraban toda su atención en la compuerta expuesta. Retrocedían mientras intercambiaban palabras que el sistema no podía captar. El análisis comenzó de inmediato.
Después la voz de la nave resonó en la sala.
—ACCESO PRINCIPAL COMPROMETIDO.
Marcus cerró los ojos.
—Ya lo veo. Cálmate.
—PRESENCIA DE OBSERVADORES NO AUTORIZADOS.
—También veo eso. No te adelantes.
Marcus apoyó ambas manos sobre la consola. Los soldados no parecían comprender lo que estaban viendo. Probablemente ni siquiera se atreverían a acercarse.
—PROTOCOLO DE CONTENCIÓN ACTIVADO.
Marcus levantó la cabeza de golpe.
—No, no, no. ¿Qué vas a hacer?
En una de las pantallas laterales apareció el esquema de varios compartimentos internos.
Indicadores que llevaban décadas apagados comenzaron a iluminarse uno tras otro mientras distintos sistemas recuperaban actividad.
Marcus reconoció inmediatamente la secuencia.
Guiado. Adquisición de objetivos. Armamento.
La nave no estaba evaluando opciones. La nave ya había tomado una decisión.
—No. Vas a evaporarlos.
—SECUENCIA DE LANZAMIENTO INICIADA. CARGANDO M08.
Marcus abandonó el centro de control y se lanzó por uno de los pasillos laterales.
—¿Un clase M para un soldado a caballo? El temblor llegaría hasta Sanabria. ¡Has perdido el juicio!
Conocía perfectamente la disposición de los sistemas de armamento. Durante años había reparado componentes repartidos por toda la nave. Si quería detener el lanzamiento, no podía competir con la IA dentro de sus propios sistemas. Tendría que hacerlo de la única forma que aún estaba a su alcance.
Llegó a una sala técnica situada varios niveles por debajo del centro de control y arrancó de un tirón la cubierta de un panel de mantenimiento. Tras ella apareció un entramado de conducciones y haces de fibra óptica iluminados por pequeños indicadores verdes.
Marcus identificó el mazo de comunicaciones que conectaba los sistemas de guiado con los lanzadores. No perdió tiempo intentando desconectarlo correctamente. Introdujo ambas manos entre el cableado, apartó varios conductos y sujetó el grueso haz de fibras. Después tiró con todas sus fuerzas.
Los conectores saltaron de sus anclajes con un chasquido seco. Varias luces se apagaron al instante y otras comenzaron a parpadear en rojo.
Los avisos comenzaron a multiplicarse por toda la sala.
—ERROR DE COMUNICACIÓN CON SISTEMA DE ARMAMENTO.
—ERROR DE COMUNICACIÓN CON SISTEMA DE ARMAMENTO.
—ERROR DE COMUNICACIÓN CON SISTEMA DE ARMAMENTO.
Marcus permaneció inmóvil, todavía aferrado al cableado arrancado.
Finalmente llegó el último mensaje.
—SECUENCIA DE LANZAMIENTO ABORTADA.
Solo entonces soltó el haz de fibras y apoyó una mano contra la pared.
Los tres soldados seguían vivos. Ignoraban por completo que, a varios centenares de metros bajo sus pies, una máquina había decidido que debían morir.
Marcus regresó lentamente al centro de control. Las imágenes de los soldados seguían ocupando las pantallas principales. Los tres cabalgaban junto a la orilla, alejándose de las ruinas de la cabaña. Ninguno parecía dispuesto a acercarse de nuevo a la compuerta.
—Míralos.
La nave no respondió. Marcus dejó caer el mazo de fibras arrancado sobre una consola cercana.
—Tres desgraciados haciendo su trabajo. Ni siquiera entienden lo que están viendo.
—AMENAZA CONFIRMADA.
Marcus soltó una carcajada.
—Claro que son una amenaza. También lo es una tormenta o una roca desprendiéndose de una montaña. Eso no significa que haya que lanzar un misil cada vez que algo sale mal.
La respuesta llegó inmediatamente.
—LA ELIMINACIÓN DE LA AMENAZA ES LA SOLUCIÓN ÓPTIMA.
—No. Es la más sencilla. Que no es lo mismo.
Se acercó a una de las pantallas y señaló a los soldados.
—Tienen familia. Amigos. Gente que los espera en casa. Son tres cabrones, no voy a discutir eso. Y su señor probablemente sea el cabrón mayor de todos. Pero ¿matarlos?
Observó nuevamente las imágenes.
—¿Matar a tres hombres por esto?
Su expresión se endureció.
—Qué bajo has caído, amiga mía.
Marcus apoyó ambas manos sobre la consola.
—¿Y después qué? Desaparecen estos tres y envían otros seis. Desaparecen esos seis y envían veinte. Luego un noble. Luego otro. Al final terminarás llamando la atención de todo el reino.
Marcus se apretó el puente de la nariz.
—Siempre puedes lanzar una clase A. En Zamora seguro que les gustaría tener playa.
La nave procesó la información. Comparó escenarios.
—NO SE DISPONEN UNIDADES TIPO A.
—Qué pena ¿no?
—ALTERNATIVA REQUERIDA.
—Eso ya está mejor.
Volvió la vista hacia las imágenes del lago. Los soldados continuaban alejándose por la ribera. Ninguno parecía tener intención de regresar.
—No necesitamos matarlos. Solo necesitamos que quieran olvidar lo que han visto.
Marcus señaló la superficie oscura del lago.
—Lanza uno de los drones pesados.
—ESPECIFIQUE OBJETIVO.
—Aterrorizarlos.
—PROBABILIDAD DE ÉXITO INSUFICIENTE.
Marcus negó con la cabeza.
—No los conoces. Ya creen haber encontrado algo salido del infierno. Solo necesitan una última historia que no quieran contar.
Las pantallas permanecieron inmóviles. Después la nave respondió.
—DESCRIBA EL PROCEDIMIENTO.
Marcus observó el lago y sonrió.
—Déjamelo a mí.
Aurelia llegó al borde del bosque y se ocultó instintivamente tras el tronco de un roble.
Desde allí podía ver la orilla, las ruinas humeantes de la cabaña y a los tres soldados alejándose junto al lago. Los caballos avanzaban con paso rápido. Ninguno de los jinetes parecía tener intención de volver la vista atrás.
Entonces uno de los caballos levantó bruscamente la cabeza y su jinete tuvo que tirar de las riendas para contenerlo.
Aurelia observó el lago con atención. La superficie permanecía oscura y tranquila bajo la luz del mediodía, tan inmóvil como había estado durante toda la mañana.
Aun así, algo parecía haber inquietado a los animales.
Entonces llegó el sonido. Surgía de algún punto bajo las aguas y era tan grave que Aurelia creyó sentirlo más que oírlo. La vibración le recorrió el pecho mientras observaba el lago sin comprender qué podía producir algo semejante.
Los caballos reaccionaron antes que los hombres.
Uno relinchó con nerviosismo y otro comenzó a retroceder mientras el zumbido crecía lentamente, grave y constante.
El agua del lago dejó de parecer inmóvil.
Los soldados miraron alrededor sin comprender.
El veterano fue el primero en volver la vista hacia el lago.
Aurelia siguió su mirada. Muy lejos de la orilla, casi hacia el centro del lago, algo alteraba la superficie.
Al principio solo distinguió una línea oscura avanzando a ras.
Después comprendió que no era una ola. El agua se abría a ambos lados mientras aquella forma avanzaba con una velocidad imposible.
Una larga estela blanca apareció detrás de ella y el lago comenzó a agitarse como si una fuerza invisible estuviera recorriéndolo por debajo.
Los soldados retrocedieron. Uno de los caballos se encabritó mientras la forma oscura emergía un poco más.
Aurelia sintió un escalofrío. No llegó a distinguir qué era.
Solo una enorme curvatura lisa y oscura que avanzaba entre la espuma levantada por su propia estela. Se imaginó a una criatura gigantesca.
La estela creció y el zumbido se transformó en un estruendo grave que parecía surgir de las entrañas del lago. Espuma blanca saltaba a ambos lados de aquella forma oscura mientras avanzaba directamente hacia la orilla.