La ladrona de niebla (Los mares eternos 3) Capítulo 4 #3
12%

Capítulo 4 #3

No hubo una respuesta inmediata, y aquello me tensó hasta el último músculo. A decir verdad, el rey de los dokkalfar incluso cambió el peso de un pie a otro durante un instante.

—Los tratos y los contratos se anulan constantemente, príncipe Jonas .

Un pavor seco me golpeó el pecho como un puñetazo. Y no fui el único.

Desde el estrado, Cantasangre dejó escapar un gruñido sordo.

—Hablad con más claridad. No me agradan vuestras insinuaciones.

Eldirard lanzó una mirada cautelosa hacia el rey del mar.

—No estoy diciendo que esta alianza vaya a romperse. —Volvió a mirarme—. Siempre que el príncipe no dé a mi nieta motivo alguno para aceptar otra oferta.

—No hay otras ofertas. —Rechiné los dientes—. Eso lo dejasteis claro.

—Dejé claro que había una oferta.

—El príncipe Arion no tiene derecho alguno aquí.

El rey suspiró y se llevó la palma al pecho.

—No me malinterpretéis, príncipe Jonas . Mi deseo sigue siendo que Skadinia una nuestras tierras a las vuestras. Solo considero prudente advertiros de que los ljosalfar contemplan este nuevo contrato con reservas.

—Me importan poco sus delicadas susceptibilidades. —Avancé un paso firme hasta quedar casi pecho con pecho frente a él—. Deberían haberlo pensado antes de intentar atacar a los elfos del mar y apoderarse de las tierras de los elfos de la tierra.

—En eso coincidimos. —Eldirard bajó la voz—. Pero sed precavido, Alteza. No renunciarán con facilidad. Los legados, las sagas, la historia… eso es lo que ansían los elfos de la luz y de las sombras. El rey Gerard y su hijo desean convertirse en la primera casa en siglos que gobierne ambos clanes.

—He firmado con sangre. Vuestra nieta ha aceptado. No tienen derecho alguno sobre los dokkalfar ni sobre los elfos de la tierra y del mar.

—Podrían tenerlo, y eso es lo que intento explicaros.

—Con una sonrisa cargada de intención, Eldirard me dio una palmada en el hombro—.

Como ya mencioné, todo contrato encierra un margen de elección.

Durante el primer ciclo, si Skadinia decide que hallaría mayor paz en otra parte, puede reanudar su compromiso con Arion.

—¿Está diciendo que, si la princesa es desgraciada en nuestras tierras, puede… anular este voto? — Sander se acercó a mi lado, con una honda arruga de preocupación marcándole la frente.

—Durante el primer ciclo, sí. Tiene tan pocas opciones —dijo el rey— que merece al menos una. Arion conoce esta cláusula, príncipe Jonas .

—Y aun así considerasteis prudente ocultárnosla.

—Dejé claro que la elección, el deseo, formaban parte de esta alianza. Ahora os expongo los matices.

—Después de que firmara con sangre.

—Puedo hacer que lo maten, príncipe. —Los ojos de Cantasangre ardieron como llamas oscuras. El rey Eterno no era hombre de amenazas vacías; cuando hablaba, cumplía.

Levanté una mano antes de que Erik empezara una matanza.

—Hemos hecho esto para evitar un derramamiento de sangre.

—Bien dicho —respondió Eldirard, con un deje de astucia en la voz—.

Deseo que los dokkalfar mantengan esta alianza.

No estaba obligado a advertiros, y, sin embargo lo hago.

Tomadlo como lo que es, Alteza. Pero no me sorprendería que Arion decidiera, por iniciativa propia, tratar de reconciliarse con mi nieta.

—No va a tocarla.

Las palabras me salieron ásperas, cargadas de filo. Por los dioses, apenas conocía a aquella mujer, y aun así no soportaba la idea de que ese bastardo pusiera sobre ella sus manos crueles.

Eldirard alzó los dedos enjoyados.

—Como he dicho, confío en que seáis vos quien prevalezca. Pero crecieron juntos, fueron cercanos en otro tiempo. Estoy seguro de que sois un hombre sensato y haréis lo necesario para mantener satisfecha a Skadinia.

No sabía si me habían tendido una trampa o no. El rey de los dokkalfar podría haber guardado silencio y dejado que yo mismo destruyera la alianza, pero había hablado.

—Recibiré vuestra advertencia de buena fe, rey Eldirard.

—Así debe ser. Todo esto se ha hecho de buena fe. Todos salimos beneficiados con esta alianza.

Me hice crujir un nudillo y luego otro.

—De acuerdo. Os aseguro que haré cuanto esté en mi mano para mantener satisfecha a vuestra nieta.

El rey soltó una carcajada breve.

—Buen hombre. Os advierto que Skadinia es mucho más de lo que ahora veis. Os deseo suerte. Los ljosalfar son de mi sangre, y estaría obligado a apoyarlos si mi nieta regresara con ellos.

Había una amenaza velada bajo aquella ligereza. Cuando le estreché el antebrazo, le devolví un asentimiento firme, dejándole claro que había entendido perfectamente su advertencia.

Sander cruzó los brazos sobre el pecho en cuanto el rey se marchó.

—¿Y qué piensas hacer con todo esto, Jo?

¿Qué pensaba hacer? Lancé una mirada hacia las puertas por las que se habían llevado a la princesa.

—Supongo que tendré que mostrarme… amable con mi futura esposa.

Sander soltó una risa baja.

—Quizá deberías hacer algo más. Dicen que muchos hombres llegan a amar a sus esposas.

Di un paso atrás y compuse mi sonrisa habitual, cómoda e imperturbable.

—Ah, por desgracia, hermano, los corazones nunca formaron parte de este trato.