La ladrona de niebla (Los mares eternos 3) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Su risa escoció, como si la idea de que alguien pudiera buscar mi corazón por algo que no fuera una alianza política resultara absurda.

—El príncipe Arion de los ljosalfar era el único.

La propuesta de vuestro hijo me pareció más tentadora, y ha de existir una oferta —añadió con un leve matiz de condescendencia—.

Sin un voto real, nuestras costumbres no permiten que el trono pase a un soberano solitario que no sea de sangre real.

Skadinia es un miembro adoptado de mi linaje.

Sin un enlace con sangre regia, no puede reinar sola sobre nuestro clan, y el trono terminaría, de forma natural, en manos de los elfos de la luz.

Os aseguro que, cuando Arion se haga con el poder, se inclinará a concluir su empresa. Volverá a vuestras costas.

—¿Por qué no se le cortó la cabeza a ese bastardo? —preguntó el rey alver—. Tal como yo lo veo, le permitisteis regresar a su cómodo palacio.

Un músculo se tensó en la mandíbula de mi abuelo.

—En nuestra cultura, un rey élfico asciende al trono mediante el combate. Fracasó en su batalla contra vos, pero no transgredió nuestras leyes, por irritante que resultara.

Irritante. Las batallas eran mucho más que eso. Yo no esperaba salir con vida de ellas.

—Es una costumbre necia —replicó el rey, con voz baja y cortante—. Y no comprendo por qué la carga recayó sobre ella.

Contemplé mis propias manos, desconcertada por el impulso repentino de ponerme al lado del rey alver en silenciosa solidaridad. «Eso mismo pienso yo, alteza. Eso mismo pienso yo».

—Porque ella es el premio codiciado. Ya he hablado antes de la afinidad de mi nieta —dijo Eldirard, reclinándose en la silla—.

Es hermosa en muchos aspectos, pero sobre todo es temible, peligrosa y despiadada.

Podría arrastrar a vuestra casa, a vuestros hijos, a la magia que corre por vuestras venas, y arrojarlos al vacío de su oscuridad hasta las últimas guerras de los dioses.

Por los infiernos, deseé que el suelo se abriera y me tragara.

—¿Eso es todo? —respondió el rey alver, casi con decepción.

—¿Eso… es todo? —Mi abuelo frunció el ceño, desconcertado—. ¿No os parece algo formidable?

—Lo es. Solo espero oír por qué todos hablan de la muchacha como si debiera estar encadenada.

Lo prudente habría sido mantener la máscara de frialdad en el rostro, pero aquel maldito rey me lo ponía difícil. Si hubiera dicho una palabra más, habría saltado sobre la mesa para abrazarlo hasta que se le encendiera la cara.

Había esperado temor por parte de mi futuro clan. No parecían particularmente impresionados por los peligros de mi afinidad.

Eldirard se aclaró la garganta.

—Tal como están las cosas, el príncipe Arion es el heredero destinado a Natthaven. Si Skadinia no tiene un rey a su lado antes de mi muerte, Arion será su rey. Todo rey élfico de nuestro clan es considerado pariente de sus súbditos. Su afinidad obedecerá a sus designios.

—Parece injusto —intervino la reina alver—. Fue adoptada en vuestra casa real y ahora paga el precio.

—Naturalmente, no formaba parte de mis planes que Arion invadiera nuestra isla y sembrara el caos —replicó Eldirard, algo contrariado—.

Los vínculos de parentesco forman parte de nuestras afinidades, y la de Skadinia quedará ligada a la vuestra mediante este voto; su poder no podrá volverse contra vosotros.

Los ljosalfar no contarán con guerreros ni con fuerza suficiente para oponerse a vosotros sin nuestro clan.

Creo que su rey ve una oportunidad mayor en alinearse con los reinos élficos de la tierra y del mar que en enfrentarse a ellos.

—Eso es lo que suponéis —respondió la reina alver—. Y nosotros no somos elfos de la tierra y del mar.

—Perdonadme, me refiero al conjunto de los reinos.

Vuestros vínculos con todos ellos son amplios, y ahora contaréis también con la alianza élfica de la luz y de las sombras.

Un hito. —La satisfacción que iluminaba el rostro de mi abuelo no era compartida por los alver.

Eldirard se moderó—. Si lo que os inquieta es su falta de elección, os aseguro que nuestros contratos requieren siempre una dosis de voluntad, el deseo de cumplirlos, una chispa de decisión, o no se sellan como es debido.

Skadinia está aquí porque desea ver a su pueblo en paz.

Estudié una muesca en la madera de la mesa.

Parte de lo que decía era cierto: no quería que el clan dokkalfar volviera a enfrentarse al desastre.

Tal vez fuera egoísta, pero deseaba que no fuera mi corazón el sacrificio necesario para garantizarlo.

Ojalá esta reunión sellara una alianza nacida del amor, de la confianza y de una ilusión compartida.

Cuando me atreví a mirar al príncipe, su rostro se mostraba endurecido.

En aquel pacto no había espacio para el corazón. Más me valía no olvidarlo.

El príncipe Jonas se inclinó hacia delante.

—La conveniencia de esta unión sigue siendo evidente y comprendemos los riesgos si no se lleva a cabo. Ahora permitid que mi padre y mi madre examinen vuestras condiciones.