CAPÍTULO 29
Tiene lógica
Media hora después, todos estaban en la linde del bosque, ocultos entre el follaje y aún al amparo de la noche.
—¿Cómo pudiste sobrevivir? —preguntaba Antek a Jan. No esperaba respuesta; él parecía más concentrado en la carretera.
Antek miró a la anciana, que parecía salida de una película de ciencia ficción, con tantas placas de metal y leds.
Por lo que le había contado Tomek, esa indumentaria debía de ser de lo más práctica, no lo dudaba, aunque con un par de arreglos seguro que también podría ser estética.
Siempre le había molestado que la ciencia y la moda estuvieran tan desconectadas.
Como los trajes de astronautas, que estaban más cerca del muñeco de Michelin que de un aventurero.
Niños, adolescentes, Jan y anciana estaban agachados cuando aparecieron cinco Stelas que aparcaron y frenaron frente a ellos en mitad de la vía.
—Ahora —ordenó la anciana.
Todos corrieron a sus vehículos como habían pactado. En el primero irían Zofia y Jan en los asientos delanteros y, en los traseros, Tomek y Zuzanna, que seguía atada y amordazada, aunque forcejeaba mucho. Jan cargaba con ella al hombro como si fuera un saco de patatas.
El resto del grupo se dividió en los otros vehículos, con uno o dos adolescentes por cada grupo de niños.
Cuando todos estuvieron dentro, los Stela arrancaron.
La mordaza de Zuzanna se soltó liberando su boca.
—Niños, voy a coger mi bisturí —dijo con voz ronca, babeando, con mirada iracunda y ladeando la cabeza de un lado a otro— y voy a extirparos los testículos y trasplantarlos en vuestros ojos.
Jan se giró con una mueca en la boca.
—¿No sería mejor matarnos y ya? —le preguntó.
—Luego os seccionaré la tráquea, no te preocupes —rio ante su propia ocurrencia, como si estuviera poseída.
Jan miró a Tomek.
—Puedes volver a ponerle la mordaza a la niña del exorcista.
—¿Estás seguro de que no era mejor dejarla en El Matadero? —preguntó Tomek con dificultad, ya que trataba de evitar las dentelladas de esta.
—Confía en mí. Donde vamos ella se pondrá bien.
Diez minutos después, los coches aparcaron frente a las ruinas de la casa de Jan. Todos se bajaron y reunieron frente al edificio.
—¿Este es el lugar seguro? —preguntó Antek con escepticismo.
—El mismo —contestó Jan, mientras cargaba en el hombro a Zuzanna, que daba patadas al aire.
En lo que dura un parpadeo la casa se transformó en otra. La puerta estaba abierta e iluminada desde el interior. Todos, salvo Jan y Zofia, dieron un paso atrás con los ojos abiertos de par en par.
—Tranquilos, es seguro —dijo Jan, siguiendo a Zofia al interior.
El resto miró a Tomek esperando una decisión. Se encogió de hombros.
—Peor que en la calle no será.
2
Al entrar, la puerta se cerró. Todos se quedaron absortos ante los techos, paredes y pantallas; el aspecto futurista de la decoración los tenía embobados, hasta que Tomek reparó en Zuzanna.
Jan la había dejado en el suelo con cuidado.
Ella ya no se agitaba, solo lloraba. Tenía los enormes ojos azules sin ninguna brizna de rojo.
Jan estaba acuclillado quitándole la mordaza.
—Lo siento —fue lo primero que balbuceó al verse liberada.
Tomek se arrodilló frente a ella con los ojos vidriosos y le acarició la mejilla mientras Jan la desataba.
—No hay nada que sentir. Estás bien.
Ella bajó la cabeza, triste pero agradecida.
—Tomek, gracias… gracias por no rendirte conmigo.
Jan terminó de liberarla y Tomek la abrazó.
—Nunca —le susurró al oído.
Zuzanna se puso de pie aún conmocionada y se dejó abrazar por Melania y Antek. Rastreó la sala hasta dar con Julek, que se mantenía escondido tras las piernas de Ola. Ella se arrodilló frente al niño asustado.
—Julek, lo siento mucho.
—¿Zuza? —preguntó.
—Sí, vuelvo a ser yo —musitó.
El niño se apartó de Ola y se acercó a Zuzanna, con la palma de la mano le acarició el rostro. Ella sonrió y él se lanzó entre sus brazos. Ella, con los ojos llenos de lágrimas, buscó a Jan.
—Gracias —musitó.
Él asintió.
3
Lo primero que hizo Zofia, cuando los ánimos se calmaron, fue pedirle a Álvaro que se ocupara de los niños.
Los dejaron con la IA en el gimnasio, mientras los mayores se reunieron en la cocina.
Luego preparó cafés para todos y se sentó en la única silla que había.
Jan se apoyó en la mesa y contó su historia, una versión edulcorada sin ocho cadáveres en el sótano ni el encierro en la oscuridad.
Todos atendieron al relato en silencio, por muy inverosímil que resultase. La única que parecía estar pasándoselo pipa era Melania, que sonreía y asentía emocionada.
Cuando Jan hubo terminado, el primero en hablar fue Antek, que preguntó a Tomek:
—¿Tú te crees todo esto?
El muchacho pareció meditarlo.
—La verdad es que tiene lógica —contestó asintiendo.
—Lógica, lo que es lógica no tiene.
—En las últimas horas he visto a la transformer esta —señaló a Zofia con la mano— lanzar rayos láser, a Jan resucitado, una casa aparecer de la nada y curarse a Zuzanna. Sí, lo creo.
—¡Tú eres terraplanista! —le espetó. Claro que Antek también lo creía todo, pero necesitaba no hacerlo—. ¿Y tú? —le preguntó a Melania.
Ella asintió.
—Pese a que Jan deja mucho que desear como narrador, la historia me cuadra. Además, sabía muchas cosas de nosotros.
Antek buscó apoyo en Zuzanna, que se limitó a morderse el labio inferior. Era la más escéptica del grupo, pero había visto su curación en primera persona, y eso ya era suficiente para ella.
Ola y Adam también parecían convencidos.
—Vale —convino Antek. Le tocaba aceptar lo increíble.
Hubo un breve silencio que rompió Zofia.
—Rayo de plasma —dijo pensativa.
—¿Qué? —quiso saber Antek.
—Tu amigo ha dicho que lancé rayos láser. No es verdad, son de plasma. Me parecía importante aclararlo.
Tomek sonrió.
—Tú eres científica, ¿no? —preguntó.
—Sí.
—¿Cuál es tu opinión sobre la tierra esférica?
«¿En serio esa es la única pregunta que se te ocurre?», pensó Antek con la boca abierta.
—Que lo es y punto —contestó ella.
—¿Pero tú la has visto?
—¿Te refieres a si la he visto desde el espacio?
—Sí.
—Soy viajera del tiempo y del multiverso, no astronauta.
—¿Entonces no puedes asegurar que sea redonda?
Zofia clavó los ojos en Jan, que sonreía ante ese momento de distensión.
—Jan, ¿en serio vamos a arriesgar nuestra tierra por esta gente?
4
Más tarde, Zofia llevó a todos al almacén cuántico, era el único lugar de la casa donde albergar a tantas personas; además, había sacos de dormir y esterillas.
Quizás no fuera el sitio más bucólico donde hacer una acampada, pero sí el más seguro del planeta.
Todos se sentaron en corro para cenar pizzas congeladas, la única que se mantuvo de pie fue Zofia.
—Yo necesito estar tranquila para elaborar un plan, así que no subáis ni me molestéis. Si tenéis alguna duda preguntádselo a Álvaro.
Acto seguido se dio la vuelta y se marchó.
Jan no quiso molestarla. Cuando terminó de cenar se fue al gimnasio.
Aún estaba demasiado nervioso por la aventura de la noche como para dormirse.
Vio sobre la mesa su novela de Lía en Navidad , manchada con sangre seca del día que lo apuñalaron.
Se estiró en la cama y leyó, esperando que el sueño llegara pronto.
Al día siguiente habría plan y, muy posiblemente, una misión.