CAPÍTULO 13
Lía en Navidad
Como la teoría de Tomek había fallado, no quedó más remedio que volver al plan original. Tenían que conseguir comida para llenar las despensas de ambos grupos: el suyo y el de los niños que se ocultaban en otro lugar. Nadie había querido revelarle a Jan dónde estaba este último.
Lo único que le habían contado era que, de madrugada, saldrían a asaltar una tienda a las afueras de la ciudad.
Jan no se quejó, solo se limitó a escuchar.
Le parecía una idea de mierda, como casi todas las que salían de aquel grupo de adolescentes pirados, pero la alternativa —buscarse la vida solo ahí fuera— le resultaba todavía menos atractiva.
Seguía sin entender qué coño hacía en aquel mundo de psicópatas. Ya no era el cuerpo ni los audífonos lo que más le chirriaba. Eran las putas habilidades, como si fuera Neo en Matrix. Ahora también resultaba que era un artista marcial de la hostia. Cuanto más lo pensaba, menos sentido tenía todo.
Para matar el tiempo, cada uno se entretenía a su manera.
Zuzanna estaba sentada a la mesa, elaborando una lista de la compra; Antek había lavado la ropa a mano y ahora tendía sus prendas con un cuidado casi ceremonial en unos tendederos plegables; Tomek dormía la siesta tumbado sobre una esterilla y, a pocos metros de él, estaba Melania sentada en el suelo.
Llevaba una linterna de espeleólogo sujeta a la cabeza con la que iluminaba la novela que leía concentrada.
La muchacha tenía varios libros repartidos por todo el refugio, como si fueran pequeñas islas de papel.
Jan, aburrido y cansado de darle vueltas a todo, observó a los chicos un momento y decidió acercarse a la lectora. Aún quedaban horas hasta la madrugada y se negaba a quedarse mirando la pared.
Se plantó delante de ella.
—Melania, ¿tienes algún libro?
La muchacha alzó la vista y sonrió. Llevaba meses esperando que alguien le preguntara eso.
—Claro. ¿Qué te gusta? ¿ Romantasy , dark romance , dark mafia o romcom ?
Jan arqueó una ceja.
—No he entendido una mierda de lo que acabas de decir.
Melania no se ofendió. Después de meses conviviendo con Tomek y Antek, se había acostumbrado a que los hombres fueran neandertales en cuestiones literarias.
—Son géneros literarios.
—¿Ya no existen los géneros normales? —preguntó con curiosidad—. Fantasía, ciencia ficción, comedia o drama.
—Claro que existen —respondió ella con paciencia—. Lo que pasa es que yo leo subgéneros. Por ejemplo: el romantasy es fantasía donde la historia de amor está por encima de todo; una romcom es una comedia romántica, y un dark romance …
—Un dark romance es —la interrumpió Antek mientras colgaba con extremo cuidado una camisa de manga larga en una percha— una historia de mujeres a las que les gusta que les peguen y las violen, donde aparece un tío completamente pirado que lo hace encantado…
pero que en el fondo no es tan malo porque tiene un cachorro de border collie al que le da muchos mimos.
Jan lo miró sorprendido.
—¿En serio?
Si algún día volvía a su mundo, lo primero que haría sería revisar la biblioteca de su hija.
—No le hagas caso —dijo Melania—. No es solo eso. Un buen dark romance trata sobre la redención masculina.
Antek soltó una carcajada.
—Pues no serán los dos que me dejaste. Si alguna vez le hiciera a una tía un uno por ciento de lo que hace el protagonista de Haunting Adeline , acabaría en la cárcel.
Antek tenía muy claro lo que no debía hacerse con una mujer. Se había criado con una madre, una abuela, dos tías y tres primas mayores que se lo habían dejado cristalino desde pequeño.
Aunque, en el fondo, todo su conocimiento era teórico.
En la práctica, su única experiencia sexual había sido un desastre.
Había ocurrido en un campamento de verano.
Una chica con la que se estaba enrollando entre los árboles del bosque se mostró muy dispuesta a ser quien lo desvirgara.
Cuando llegó el momento decisivo, Antek —muy excitado— le levantó la falda.
Ella llevaba unas bragas deportivas en las que ponía en letras grandes Tuna , el logo era un atún saltando.
—Será Puma —dijo contrariado.
—Eso da igual… sigue —gimió ella.
Pero a Antek se le bajó la erección de golpe.
Siempre había tenido un TOC considerable con esas cosas, sobre todo con la ropa falsificada.
Aquello lo bloqueó por completo. Lo único que recordaba con nitidez de aquel día eran los insultos que le profirió ella mientras se marchaba.
—A este ni caso, que critica todos los libros —se quejó Melania.
Antek sonrió, aunque no contestó. Era cierto que nunca le había gustado demasiado leer y, si había terminado algunas de las novelas de Melania, había sido más por aburrimiento que por interés.
—No creo que eso del dark romance sea para mí —dijo Jan.
Melania se llevó la mano a la barbilla, pensativa. Era un gesto muy suyo cuando estaba rumiando una idea. Tras unos segundos de silencio, sus ojos se iluminaron de pronto.
—Tú eras profesor de Español, ¿no?
—Tal como viste, parece más un profesor de gimnasia —apostilló Antek.
—Tú, calla —le dijo Melania, que volvió a centrarse en Jan—. Al ser profesor de Español, seguro que también te gusta España y sus tradiciones.
Antes de que Jan pudiera contestar, Antek intervino de nuevo, alarmado.
—¡Ese no se lo puedes dejar!
—¿Por qué? Si es buenísimo.
Antek cerró los ojos un instante. Todavía recordaba lo incómodo que se había sentido leyendo uno de los capítulos de aquella novela.
A pocos metros, Tomek acababa de despertarse y se desperezaba dentro de su saco de dormir.
—¿Qué pasa? —preguntó entre bostezos.
—Que Jan quiere leer algo y esta le está intentando colar Lía en Navidad .
Tomek se incorporó de golpe.
—¡Ese no!
Tomek tampoco era un gran lector. Si había acabado aquel libro, había sido, sobre todo, por las caras de angustia y repugnancia que había puesto Antek mientras lo devoraba entre quejas. La curiosidad pudo con él… y el resultado también lo había dejado bastante tocado.
Melania soltó una risita. Tomó uno de los libros de los montones que tenía a su alrededor y se lo tendió a Jan.
—Ni caso a estos dos —dijo con buen humor—. Son muy heterobásicos.
Jan frunció el ceño.
—¿Hetero qué?
—Heterobásicos. Que cualquier protagonista masculino que no sea un machirulo ya no les gusta.
—Los tíos de ese libro no son heteros, son bisexuales —protestó Antek desde el tendedero—. No me los vendas como el modelo perfecto de hombre heterosexual.
—Son heterocuriosos.
—Basta —cortó Jan con voz seria—. No estoy entendiendo un carajo de esta conversación.
Cogió el libro y miró la portada con curiosidad.
Una chica vestida con un disfraz sexi de Mamá Noel sonreía al lector.
A su alrededor posaban tres hombres atractivos, con el torso desnudo, cubiertos únicamente por una capa y una corona.
Parecían los Reyes Magos recién salidos de un club de estriptis.
El título era claro: Lía en Navidad , de Marian Dreid.
Levantó la vista.
—¿Por qué coño debería gustarme esto?
—Puede que la parte de romcom no sea lo tuyo —admitió Melania—, pero es un libro español que lo estaba petando antes de que todos los adultos se volvieran locos.
—Ahora mismo ni siquiera sabía si seguía entre los veinte más vendidos.
Sin internet era imposible saberlo y, si se acercaba a su antigua librería, probablemente su librera la mataría con un volumen coleccionista de Pan Tadeusz —.
Es una comedia que recorre las fiestas y tradiciones navideñas de España…
—Entre folleteo y folleteo —murmuró Antek, concentrado de nuevo en colgar la ropa.
Melania lo ignoró.
—Además, te puede interesar como profesor. Sería una lectura obligatoria perfecta para adolescentes.
Tomek y Antek soltaron una carcajada. Melania los fulminó con la mirada.
—Porque habla del respeto y del consentimiento en el sexo.
Jan abrió el libro para leer la página de créditos. Allí aparecía el título original en español. No pudo evitar sonreír.
«Muy sutil». La novela se llamaba Feliz polvorón .
—Gracias —le dijo a Melania.
Luego se levantó y se acercó a la mesa donde Zuzanna seguía concentrada en su lista de la compra, ajena a toda la conversación. Jan se sentó frente a ella y abrió el libro.
No tenía el menor interés en aquella historia. Lo que necesitaba era matar el tiempo… y, más que nada, dejar de pensar en toda la mierda que le rondaba por la cabeza antes de la salida nocturna.